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El asesinato de Lennon, afrenta para toda una generación

Omar Páramo / Francisco Medina

El asesinato de John Lennon, hace 40 años, fue una afrenta para toda una generación, en especial para los jóvenes de los 60 y los 70 que creían que la paz, la no discriminación y la igualdad promoverían cambios permanentes en la sociedad; sin embargo, para muchos la desaparición del cantante significó el fin de aquella certeza casi tarareable que decía: “todo lo que necesitas es amor, ¡es fácil!”.

Pero las cosas no fueron fáciles, se complicaron y en vez de la tierra prometida lo único que hemos visto es cómo este mundo oscurantista y mercantil ha ganado terreno sin detenerse ante nada, señala María Elvira Concheiro Bórquez, profesora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

Y todo se dio un lunes en Nueva York, el del 8 de diciembre de 1980, cuando al regresar de una grabación el músico fue baleado a quemarropa a las puertas de su hogar, lo que causó tal desconcierto que la revista Time sintetizó el ánimo de aquel día con un laconismo de cuatro palabras: Cuando murió la música (When the music died).

“En este aspecto, el exbeatle se asemeja mucho al Che Guevara, también asesinado por mentes conservadoras que creyeron que al asesinarlo lo amordazarían, sin contemplar que con ello en realidad hacían de él un símbolo. Con Lennon es igual, pues su música no se apagó ni quedó en el silencio, ¡al contrario!, basta con encender la radio para que, tarde o temprano, suene alguna de sus canciones”.

Para Concheiro Bórquez, que este compositor siga vigente muestra la importancia de su legado. “No podemos ser reduccionistas y encasillarlo como un artista de los años 60 o 70, o etiquetarlo como un clásico del rock. Fue un hombre con mucho que decir, tanto a sus contemporáneos como a las generaciones futuras, y esa cualidad de hablar a través de los tiempos sólo la logran los grandes individuos”.

Un humanista a la guitarra

“¡Poder a la gente, pero ya!” (power to the people, right on!), coreaba Lennon hace casi 50 años, en 1971, cuando ya se había involucrado con movimientos pacifistas, antirracistas, de izquierda y en pro de los trabajadores, “lo que lo convierte en un personaje con más matices de los que nos dijeron y en un humanista comprometido y radical”.

A fin de cuestionar su biografía oficial, la cual a fuerza de dulcificar tantos pasajes hasta parece hagiografía, Elvira Concheiro —junto con Julio Muñoz y Carlos Flores— compiló el libro John Lennon. Un humanista subversivo, donde una decena de autores convocados por el CEIICH ahondan en temas relevantes de la ciencia social.

“Uno de ellos es lo femenino, que irrumpe de la mano de Yoko Ono, a quien usualmente vemos como quien desintegró a los Beatles, pero que en realidad llevó a John por otros derroteros y le abrió las puertas del activismo, de las izquierdas y lo invitó a involucrarse con temas políticos, como la guerra de Vietnam. Cabría preguntarse, ¿sin ella hubiera andado por el mismo camino?”, plantea la académica.

En la misma canción del 71, Power to the People, se escucha el verso: “Les pregunto, camaradas y hermanos, ¿cómo tratan a su mujer en casa? Debe ser ella misma para poder liberarse por sí misma”, lo que delata no sólo el involucramiento de Lennon con idearios no usuales para los artistas de la época, sino un cambio de conciencia, pues él mismo llegó a asumirse como un hombre machista, celoso e injusto con sus parejas, hasta que reflexionó.

Dichas inquietudes no hallaban eco con los Beatles, pues aunque el cuarteto el Liverpool fue el emblema cultural de toda una época al romper con esquemas y valores previos, ninguno se identificaba con el feminismo, acota la socióloga. Analizar la figura de Yoko en vez de achacarle culpas por mera inercia es la única manera de entender por qué Lennon buscó otras rutas, y por qué el grupo se desbandó.

“Esta evolución personal lo llevaría a crear un collage a partir de su obra artística y su militancia política, algo palpable en sus canciones, las cuales reflejan su preocupación por el mundo y la convicción de que es posible mejorarlo, lo cual sólo hace un humanista verdadero”.

“No es el fin de una era”

Poco después del asesinato de Lennon, Yoko declaró: “Esto no es el fin de una era; los años que vienen serán bellos y John creía en eso”, palabras que para Concheiro Bórquez tan sólo muestran que el mensaje del exbeatle fue pensado para traspasar décadas.

“Esto debe darnos esperanza porque seguimos padeciendo guerras, desigualdades y discriminación por raza o género, y aunque en ciertos sectores priva el desencanto, también hay jóvenes que creen en el cambio, como quienes integraron el colectivo Yo Soy 132 en México, los del 15-M en España o los del Ocupa Wall Street en EU”.

A 40 años de su muerte, Lennon aún acompaña a quienes se niegan a conceder ante lo injusto y ellos, por su parte, han hecho de él un símbolo, “pues la creación de figuras tan cargadas de significados nunca es unilateral, es una relación de dos”.

Por ello, el músico que invitaba a imaginar un mundo sin propiedades, religiones ni fronteras, lo mismo posee un espacio consagrado a su memoria en el Central Park de Nueva York (el Strawberry Fields Memorial) que un parque en el corazón de La Habana. “Justo eso es lo que hace un símbolo, congregar a personas sin importar orígenes”.

A la profesora Concheiro le preocupa el avance de los sistemas económicos basados en la explotación, el conservadurismo que uniforma conciencias y los desplantes de poder que buscan doblegar al otro, “pero en la resistencia de quienes queríamos a Lennon está la posibilidad de que esto no triunfe. Nos arrebataron la existencia física de este hombre, pero nos queda su recuerdo, su memoria y sus canciones, con todo lo que ellas significan”.

 

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