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Digitalizar la información, gran reto para la UNAM

Farrah de la Cruz

La epidemia por SARS-CoV-2 vino a revolucionar muchos aspectos de nuestra vida cotidiana. Si bien la infraestructura digital en México es suficiente, el reto más importante a vencer hoy en día es proveer de conectividad al grueso de la población para hacerles llegar contenidos de fácil acceso.

En ese sentido, el Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB) de la UNAM realiza la labor de hacer más accesibles los contenidos y servicios que proporcionan la Biblioteca y Hemeroteca nacionales.

De acuerdo con Ana Yuri Ramírez Molina, jefa del departamento de Informática y Telecomunicaciones del IIB, la preservación digital de estos materiales significa un desafío pues no sólo se precisa del conocimiento en el tema, sino de una infraestructura tecnológica más avanzada que permita llevar a cabo su labor, sobre todo ahora que mucha gente trabaja desde casa.

Apuntó que digitalizar todo el material (conferencias, reuniones, presentaciones, etcétera) que la Universidad ha generado en línea, a través de sus diferentes plataformas digitales, le ofrece a las futuras generaciones un panorama de “cómo vivimos esta situación, qué hicimos, por qué hicimos las cosas cómo las hicimos y qué fue lo que obtuvimos a raíz de estos trabajos”.

Digitalizar ayuda en la difusión y acceso a la información con tan sólo dar un clic, sin embargo, la versión en papel de los materiales siempre va a ser algo más práctico y útil para la lectura.

“Evidentemente se va promoviendo mucho más la generación de contenidos en versiones digitales para poder acércalos a más gente y tener una producción mayor de contenidos, quizá es por eso que las versiones impresas para algunos materiales sí desaparezcan”.

Para la galardonada con el Reconocimiento Sor Juana Inés de la Cruz, leer un libro de 500 páginas es más agradable hacerlo en su versión impresa que en un archivo proyectado a través de una pantalla, y aunque es muy probable que el avance de la tecnología desarrolle dispositivos que nos ayuden a romper esos retos, es complicado pensar que a corto o mediano plazo los materiales impresos puedan desaparecer.

“Puede ser que en 80 o 100 años las cosas cambien, porque también ahora los jóvenes están leyendo menos en papel, lo que podría ser un factor que obligue a que el papel desaparezca, no por ser éste menos útil y más fácil para la lectura, sino por la falta de costumbre”, concluyó Ramírez Molina.

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