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Desinformación, un reto a superar para asegurar la salud de los mexicanos

Jorge Baruch Diaz Ramirez/Francisco Medina

En epidemias previas se ha identificado la gran importancia de combatir la desinformación, por ejemplo, en el reciente brote de ébola muchas de las personas que creían en estos mitos no respetaban ni llevaban a la práctica todas las recomendaciones de salud pública, por lo que ponían en riesgo sus vidas y las de los demás.

En la actualidad el personal de la salud mantiene uno de los niveles de confianza más altos entre la población y es muy probable que la mayoría de los ciudadanos se apeguen a las recomendaciones de éstos más que en posicionamientos de políticos y medios de comunicación. Por lo que la actuación de los profesionales de la salud es y será clave en orientar a la población y diseminar los mensajes correctos para educarla y orientarla.

Lo que debemos de tomar en cuenta como sociedad, es que no todos los mensajes van a ser claros y permanentes desde un inicio, cabe mencionar que el virus tiene muy poco tiempo de ser descrito y la información nueva que se genera diariamente puede resultar contradictoria.

Es importante difundir información de calidad entre la población para administrar el miedo y el pánico que pueden llevar a la desinformación y generar actos de discriminación que resulten en agresiones al personal sanitario y otros actos de racismo o xenofobia que acentúan las barreras para el acceso a los servicios de salud. O más aún, nos puede conducir por el camino del miedo y el pánico, ambos generadores de errores que nos pueden costar la vida.

Una forma en la que los profesionales de la salud debemos combatir la desinformación es generar una opinión crítica sobre las propuestas de los actores políticos a nivel estatal y nacional en torno al distanciamiento social, y que pudieran resultar contrarias o controversiales. En este sentido, el personal de la salud sirve como balance al emitir recomendaciones puntuales y objetivas que expliquen este tipo de contradicciones y lo aterricen al  nivel comunitario y personal, usando la relación médico-paciente como parte de este proceso de información y asesoría clara y práctica.

Sin lugar a dudas, debemos aprender de las experiencias en otros países que los han llevado a cometer errores que han implicado una elevada cantidad de muertes y gran cantidad de enfermos en estado grave. No nos equivoquemos, la salud es nuestro bien más preciado y el distanciamiento social en tiempos de COVID-19 nuestro mejor aliado. Muchos se han equivocado en anticipar las medidas de distancia física, otros en adelantar el regreso a la normalidad debido a intereses políticos y financieros poco balanceados con los intereses sanitarios.

Nos quedan muchos pendientes por resolver en el futuro inmediato como la transición hacia formas de diagnóstico masivas, aumentar la capacidad para realizar pruebas confirmatorias antes de comenzar a pensar en reabrir lugares de trabajo, escuelas, lugares de reunión y ocio.

Aumentar la inversión en nuestro sistema de salud, en efecto universal, es y será indispensable, rectificar la ya tan amañada y paradigmática forma de pensar la salud de los mexicanos como algo meramente curativo y paliativo y comenzar a invertir todos nuestros esfuerzos en la preparación y respuesta ante nuevas epidemias, y más importante hacer de la prevención un estilo de vida, la clave de nuestro sistema de salud.

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