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Del hartazgo de la clase política, Marichuy en la UNAM

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La intensidad del frío es directamente proporcional al ímpetu del espíritu juvenil que no se arredra ante las injusticias y los eventos de violencia que azotan a nuestra sociedad. Espíritu rebelde, contestatario, que refleja la impronta por antonomasia del ser político, del sujeto universitario.

A la espalda de la Torre de Rectoría, a la entrada de la Biblioteca Central, en los alrededores del Espejo de Agua, estudiantes de las facultades de Filosofía y Letras, Derecho, Psicología, Economía, entre otras, esperan pacientemente el arribo de María de Jesús Patricio Martínez, vocera del Concejo Indígena de Gobierno y aspirante a candidata presidencial independiente.

El “Marichuy” se reproduce de boca en boca, imparable, semejante a una corriente incesante de murmullos. Además, el aderezo inobjetable de cualquier mitin político en el seno de Ciudad Universitaria adquiere carta de presentación: la música.

Productos musicales de manufactura disímbola, desde el reggae de Lengualerta, el Guacarock de la Botellita de Jerez, el poder vocal femenino de Makila 69, hasta la interpretación minimalista de Flores de color de la mentira de Rubén Albarrán y Emmanuel del Real de Café Tacvba.

La petición era una y el discurso florido: la firma estampada en apoyo a Marichuy, para dar vida a la voz de los otros, de los de abajo. Ponerle freno al éxtasis devorador del capitalismo rampante, y al parecer, la empresa se antoja imposible: el Instituto Nacional Electoral solicita a todos los candidatos sin partido la captura de 866 mil 593 firmas en al menos 17 entidades del país.

Finalmente y después de un recorrido por facultades del campus, María de Jesús Patricio Martínez llega al templete, la acompaña Araceli Osorio, madre de la joven Lesvy Berlín fallecida en las inmediaciones de Ciudad Universitaria, e inmediatamente la indignación y el reclamo por la violencia en contra de las mujeres es ostensible: “Ni una más ni una más, ni una asesinada más”.

Las consignas de lucha, de resistencia son las mismas. Clamores de 1968, 1986, 1999, se repiten incesantemente con una particularidad: el hartazgo de los partidos políticos. Ya no importa el color, blanquiazules, tricolores, amarillos, “morenos”, todos representan la categoría de la corrupción, la impunidad.

Ésa es la principal razón de este acto, los aquí reunidos saben que llegó el momento de castigar a los institutos políticos y la imagen de María de Jesús encarna ese deseo. Así, la mujer indígena exhorta a los estudiantes a poner el conocimiento al servicio de los desprotegidos y concluye: “Nunca más un México sin nosotros”. El periplo de Marichuy por la universidad pública ha comenzado.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_masonry_media_grid grid_id=”vc_gid:1511964255594-57427be6-165c-4″ include=”29317,29318,29319,29320,29321″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_masonry_media_grid element_width=”6″ grid_id=”vc_gid:1511964299951-8fc0b9a9-f4ab-6″ include=”29357,29356,29355,29354,29351,29349,29346,29345,29344,29343,29342,29341″][/vc_column][/vc_row]