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Crónica de las primeras clases híbridas en Medicina

Roberto Gutiérrez Alcalá
Fotos: Víctor Hugo Sánchez.

Ciudad Universitaria. Facultad de Medicina. 11 a. m. Varios estudiantes platican en el pasillo del segundo nivel del edificio A. De tanto en tanto elevan la voz y estallan en carcajadas. No hay duda de que están felices de haberse reencontrado al cabo de más de un año y medio de confinamiento.

En unos minutos más entrarán en una de las aulas de ese nivel y volverán a tomar una clase presencial, lo cual –quién lo diría– será todo un acontecimiento. Y lo será no sólo porque de nuevo tendrán enfrente –en persona– a uno de sus profesores, sino también porque podrán ver y escuchar a la otra mitad de sus compañeros, es decir, a los que se quedaron en casa.

Esto se debe a que 52 aulas de la Facultad de Medicina fueron equipadas con cámaras de video, bocinas y pizarrones interactivos, para que los profesores puedan impartir a sus alumnos lo que se conoce como clases híbridas, esto es, que combinan el aprendizaje presencial y el aprendizaje en línea.

“La idea es disminuir un poco la movilidad de los jóvenes, reducir las posibilidades de contagios de Covid-19 y, en caso de que surjan algunos, identificarlos con más facilidad. Por eso, 50 % de los chavos que integran cada grupo asiste a clases presenciales y el otro 50 % las toma en línea. Ahora bien, debemos considerar que ya no dejaremos de convivir con el coronavirus y que, en ese sentido, es muy importante recurrir a estrategias como esta para recuperar nuestra cotidianeidad de la manera más segura posible”, dice Ariel Vilchi Reyes, jefe de asignatura de Salud Pública y Comunidad de la mencionada Facultad.

Cabe señalar que, antes de que los alumnos entren en un aula a tomar una clase híbrida, se miden los niveles de dióxido de carbono que hay en ella y se dejan pasar unos minutos para que se ventile bien. Y cada 15 días, los que hayan asistido a clases presenciales ocuparán el lugar de los que las tomaron en línea, y viceversa.

“Ya quería venir”

Para Vania Iliana López García, alumna del primer semestre de la carrera de Médico Cirujano, las clases en línea fueron en extremo complicadas.

“Tuve demasiados problemas de conexión o, a veces, los profesores eran quienes los tenían. Por esta y otras razones ya quería venir a la Facultad. Haber entrado en la UNAM fue un gran logro para mí, pero me sentía un poco triste porque no había podido tomar clases presenciales. Era algo que esperaba con emoción. También extrañaba el contacto con mis compañeros, aunque todavía no los conozco bien”, apunta.

En cambio, Isamar Cruz, también del primer semestre, nunca tuvo ningún problema técnico a la hora de conectarse a Zoom, pero cree que no logró concentrarse en las clases en línea como hubiera querido.

“Me faltaba interactuar con mis profesores y con mis compañeros… Es muy bonito estar en la Facultad y sentir que realmente eres una estudiante de la carrera, y si bien todavía no hemos tenido ninguna práctica, el hecho de tomar clases presenciales me causa una gran alegría”, añade.

Por las rampas que llevan tanto al edificio A como al edificio B ya circulan muchos estudiantes. Uno de ellos es Irving Colores Velázquez, quien cursa el tercer semestre. Con voz clara comenta: “Al principio, las clases en línea me resultaron muy difíciles, pero conforme pasó el tiempo me acoplé a ellas. Sinceramente ya quería regresar a clases presenciales. También estoy emocionado por conocer más a fondo a mis compañeros”.

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