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“Busco justicia y no descansaré hasta encontrarla”

Luisa González/Karina Vargas/Damián Mendoza/Daniel Francisco
Miles de mujeres marcharon el 8 de marzo para exigir justicia y el alto a la violencia contra las mujeres

“Busco a mi hija desde hace seis años. Un día el novio fue por ella para ir a dejarle unos documentos a la abuelita de él. Mi niña ya no regresó ese día. El hombre dice que la dejó afuera de la casa de su familiar y que al salir ya no estaba. Busco justicia para ella y no descansaré hasta encontrarla”, cuenta la mamá de Mireya, desaparecida desde 2014 en Cuernavaca, Morelos. Ella marchó este 8 de marzo para exigir justicia. 

Miles de mujeres se manifestaron ayer en las calles del Centro de la Ciudad de México. Los reclamos son los mismos de los años anteriores: alto a los feminicidios, violaciones, abusos y a la violencia contra la mujer.  

Vistieron de color morado, las mujeres portaron pancartas con alusiones a los agresores y contra el patriarcado: “Quiero vivir, no sobrevivir”, “Ojalá así nos protegieran”, “Hasta encontrarte mi niña”. 

Varios contingentes, a diferentes horas del día, partieron del Monumento a la Revolución rumbo al Zócalo. La marcha de ayer no fue tan numerosa ni tan organizada como la del año anterior pero las consignas y el mensaje eran el mismo: el fin de la violencia contra las mujeres.

 

 

Conforme los contingentes avanzaban había una constante: no existían los silencios, siempre se escuchaba una consigna, un canto, un grito. Hay mantas y carteles por todos lados. Piden que se atrape a un agresor, se muestran los datos de una adolescente desaparecida y en las calles de avenida Juárez alguien pinta con aerosol: “Sólo tenía 5 años”.

Todas se concentraron en la plancha del Zócalo. El gobierno federal tapió el Palacio Nacional con vallas metálicas. El muro de paz se convirtió en un muro de los lamentos: una lista de nombres interminables de mujeres que nunca fueron atendidas por la justicia. Ahí es donde ocurrieron los enfrentamientos. Detrás de las vallas las mujeres policías resistieron martillazos, empujones. Las manifestantes patearon las vallas, consiguieron tirar un par y el costo es recibir el gas de los extintores. Retrocedieron para limpiarse los ojos con agua y regresaron a esa tarea hormiga: gritaron hasta quedarse sin voz, patearon hasta que alguna valla cayera.

Quienes no pudieron salir de sus hogares enviaron mensajes de aliento en redes sociales o pegaron algún cartel en su puerta: “rompan todo hermanas”.

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