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A 150 años del nacimiento de Rosa Luxemburgo

Roberto Gutiérrez Alcalá
Autora de Reforma o revolución y La crisis de la socialdemocracia, entre otras obras, esta teórica marxista polaca nacionalizada alemana asumió su papel de revolucionaria con valentía y entereza

Nacida el 5 de marzo de 1871 en Zamosc, Polonia, en el seno de una familia de origen judío, Rosa Luxemburgo padecía una cojera permanente porque en su niñez pasó un año en cama con una pierna enyesada por una enfermedad de la cadera que le diagnosticaron mal.

Cuando tenía sólo 15 años se sumó a las filas del Partido Revolucionario del Proletariado, una organización política clandestina que organizaba a miles de trabajadores en huelga. Sin embargo, debido a que su actividad militante atrajo la atención de la policía y ésta la puso en la mira, tuvo que abandonar Polonia escondida entre la paja de una carreta y exiliarse en Suiza.

Luxemburgo se inscribió en la Universidad de Zurich, donde estudió filosofía, ciencias naturales, historia, matemáticas y economía. Posteriormente se convirtió en una de las primeras mujeres en doctorarse en economía con la tesis El desarrollo económico en Polonia, la cual sería publicada en Leipzig en 1899.

En 1898, luego de casarse con el alemán Gustav Lübeck (de quien se divorciaría cinco años después), Luxemburgo obtuvo la ciudadanía alemana y se mudó a Berlín. Más tarde se unió al Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y defendió el marxismo ortodoxo frente a la posición revisionista de Eduard Bernstein, uno de los principales promotores del SPD.

Una vez que se desató la Revolución rusa de 1905, Luxemburgo viajó a Polonia, que entonces formaba parte del imperio zarista, y participó en ella, pero pronto fue arrestada y encarcelada. A partir de esta experiencia escribió en prisión su obra Huelga de masas, partidos y sindicatos, en la que expuso su teoría de la acción revolucionaria, según la cual la huelga masiva es el medio más simple y eficaz del proletariado para obtener la victoria socialista.

Ya libre impartió clases en el colegio del PSD y escribió su obra La acumulación del capital, en la que afirma que el imperialismo es consecuencia de la propagación dinámica del capitalismo.

Poco después comenzó a apoyar el movimiento de las masas y, como se dio cuenta de que las autoridades del PSD rechazaban su postura de conseguir una radicalización del proletariado, decidió romper definitivamente con este partido.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, el PSD apoyó al gobierno alemán. Luxemburgo, quien se oponía a la financiación de este conflicto armado, fundó, en compañía de Karl Liebknetcht y otros políticos y pensadores, la Liga Espartaquista, cuyo objetivo era ponerle fin mediante la revolución y la toma de poder por parte del proletariado.

Luxemburgo fue detenida y condenada a dos años y medio de prisión; no obstante, el 8 de diciembre de 1918, tras la caída del káiser Guillermo II y la abdicación del rey Luis III de Baviera, recuperó su libertad y el 1 de enero de 1919, con Liebknetcht, quien también había sido encarcelado, fundó el Partido Comunista de Alemania (KPD).

Una segundo movimiento revolucionario, encabezado por Luxemburgo y Liebknecht, se levantó en Alemania, por lo que el nuevo gobierno, liderado por el socialdemócrata Friedrich Ebert, dio luz verde a los Freikorps para que lo contuvieran a sangre y fuego.

El 15 de enero de 1919, Luxemburgo y Liebknecht fueron capturados y trasladados al cuartel general de estas milicias nacionalistas, ubicado en el Hotel Eden, en Berlín.

Con la culata de su fusil, el soldado Otto Runge le destrozó el cráneo a Luxemburgo. A continuación, la revolucionaria fue subida a un coche y, mientras éste se ponía en marcha, el oficial Hermann Souchon le descerrajó un tiro en la cabeza. Luxemburgo murió en el acto, a los 47 años. A Liebknecht lo fusilaron en un parque cercano.

Luxemburgo, cuyo cuerpo aparecería flotando en el canal Landwehr cuatro meses y medio después, había cerrado su último artículo, escrito la noche anterior, con estas palabras: “¡El orden reina en Berlín! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro ‘orden’ está levantado sobre la arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror se pintará en vuestros rostros al oírle anunciar entre sonido de trompetas: ¡fui, soy y seré!”

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