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Hong Kong intenta reivindicar el sistema de valores con el que han crecido cuatro generaciones

Radio UNAM/Farrah de la Cruz
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Mientras que en algunos lugares del mundo se vive el punto más alto de la pandemia, en Hong Kong se muestra relativamente controlada, por lo que las actividades políticas y sociales de la isla retoman sus actividades, incluida la iniciativa de ley de seguridad nacional y las consecuencias de las manifestaciones nacionales e internacionales en torno a ella.

La formulación de esta ley, recientemente aprobada por el parlamento chino, tiene como propósito principal legislar acciones criminales como el terrorismo, la injerencia extranjera y la subversión. Otorgaría a la Asamblea Popular China la posibilidad de intervenir de forma legal -y en el marco de su sistema jurídico- sobre la pequeña Constitución de Hong Kong, y así anular los movimientos democráticos y evitar la opinión de su Consejo Legislativo local.

Priscila Magaña Huerta, doctora en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, comentó que el conflicto asiático puede analizarse desde ciertos ángulos importantes: el período político-electoral por el que actualmente atraviesa Estados Unidos, y las declaraciones acusatorias y amenazantes que el gobierno de Donald Trump ha referido sobre China.

“Es imposible disociar la situación de conflictividad política y cultural de la población, la cual se forja en el marco de una distensión entre Estados Unidos y China. Si lo contextualizamos, podemos ver cómo Hong Kong sería una de las aristas por las cuales la administración de Trump ha gestado esta tensión”.

En ese sentido, la iniciativa ‘Ley de Responsabilidad COVID-19’ que autoriza a Trump implementar sanciones económicas y políticas en torno a la investigación que busca hallar el origen del coronavirus, no sólo agravia al gobierno chino, sino que este “estira y afloja” -que va más allá de lo meramente comercial- injiere en la relación Estados Unidos-Hong Kong.

En un comunicado, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia acusaron a Beijing de violar sus obligaciones internacionales respecto a Hong Kong, quien aparte, podría perder el estatus especial acordado para propósitos comerciales.

Por su parte, la jefa del gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, acusó a Estados Unidos de “doble cara” por la forma en cómo Washington responde a las manifestaciones en sus territorios. De acuerdo con Magaña Huerta, esta tensión política tiene que ver con “el imaginario, no sólo de Estados Unidos, sino en el consciente colectivo de la comunidad internacional, de que hay una diferenciación del sistema político que hasta ahora se gesta en Hong Kong, razón principal por la que los hongkoneses están en libre manifestación tratando de reivindicar el sistema de valores con el que han crecido prácticamente cuatro generaciones”.

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