Cultura

No soy un generador de contenido: Carlos Reygadas sobre ‘Nuestro tiempo’

Por Rafael Paz (@pazespa)
La filmografía de Reygadas siempre ha estado abierta a la interpretación, carece de un manual a seguir, es un lienzo en que el público puede proyectarse y reflejarse

El pasado 28 de septiembre se estrenó Nuestro tiempo (2018), la nueva película del polémico y multipremiado director mexicano Carlos Reygadas. El realizador presentó su película la tarde del lunes 24 de septiembre en el Centro Cultural Universitario en una función gratuita para la comunidad universitaria, donde se dio tiempo de interactuar con los asistentes y charlar sobre el proyecto, además de contar con la presencia de Jorge Volpi, coordinador de Difusión Cultural, y Hugo Villa, director de la Filmoteca de la UNAM.

La cinta narra la crisis al interior de una pareja (él, un reconocido poeta; ella, administradora del rancho taurino de ambos) debido a un triángulo amoroso, las complicaciones y la manera en que el deseo no siempre empata con la realidad, llevando al matrimonio a cuestionar su existencia misma. En toque especial de “realidad”, el cineasta y su esposa, Natalia López, encarnan los papeles principales. Nuestro tiempo se convierte así en una especie de continuación, en un apéndice, de lo presentado en Post Tenebras Lux, donde el juego entre la ficción y la realidad difuminaba los bordes de cada una.

Dos de los temas más relevantes de Nuestro tiempo son el fracaso y el deseo, ambos, características ineludibles de la experiencia humana. Es este fracaso y la búsqueda por superarlo, el deseo de tener nuevas ambiciones (personales, sexuales, laborales), lo que nos lleva a seguir viviendo, afirma Reygadas, “el deseo como tal, suele acabar en fracaso, en cuanto al plan en sí, irónicamente eso se convierte en un éxito porque es una oportunidad de transformación. Pareciera que la vida es, de forma permanente, la búsqueda de transformación de los planes. Es decir, deseos que se tuercen y en los que nos enfrentamos a nuevas cosas, parece que la vida se va definiendo según cómo resolvemos todos nuestros fracasos para poderlos transformar en oportunidades.”

La filmografía de Reygadas siempre ha estado abierta a la interpretación, carece de un manual a seguir, es un lienzo en que el público puede proyectarse y reflejarse porque su objetivo como autor no es entretener sino plasmar el tiempo y las emociones que éste provoca.

Para el cineasta, es importante que el público goce de ese espacio porque él busca lo mismo como espectador: “Hay quien le gusta que la película que ve no le proponga ambigüedades, no le deje vacíos, no tener que esperar a que se desenvuelven ciertos nudos o situaciones para que lo pasado tenga sentido… a mi no me gusta que me estén diciendo todo el tiempo lo que tengo que pensar, me gusta más la presentación que el entretenimiento y disfruto de las cosas que están sólo delante de mí, que tienen una vida propia, que es normalmente la del autor.

“Que tienen un sentido propio, pero que no es el mío y no es un sentido cerrado. Me gusta eso al ser espectador, lo mismo quiero ser como autor. No soy un entretenedor ante todo. No soy un generador de contenidos, no soy un cineasta que quiera entretener al público y hacerle pasar un par de horas buenas a cambio de su dinero, busco una conexión de otro nivel que tiene que ver con la experiencia de vivir.“

Esa búsqueda por brindarle al público una “experiencia” más allá del consumo, ha llevado a Reygadas a no ser tan prolífico como algunos de sus contemporáneos. De Post Tenebras Lux (2012) a Nuestro tiempo pasaron seis años y el ritmo del director no parece que acelerará con los años porque la productividad no es garantía de calidad en el séptimo arte.

“Hay gente prolífica que hace cosas muy interesantes, pero normalmente no se pueden hacer tantas películas y que valgan mucho la pena. Normalmente no tiene caso. Yo con hacer 10 películas en la vida me puedo dar por bien servido. 10, 12, 7, no lo sé. Ahí va, poco a poco, invierto mucha energía, pensamiento y sentimiento en mis películas.”

Nuestro tiempo abre con dos escenas que, en clave, muestran los temas que aborda la película en el resto de su metraje. Por un lado, un grupo de niños pequeños planea una travesura y, posteriormente, un adolescente sufre porque desea a una de sus amigas, quien participa con su novio del día de campo e incluso íntima con él: “Hay gente que ha leído la película en términos de muy, actuales de cultura contemporánea. Una especie de lucha entre hombres y mujeres, que está ocupando mucho de la imaginería pública sobre la película, yo no veo así. No hay semejante división entre hombres y mujeres, en cuanto a características humanas.”

“La película es eso, al principio se marca el hecho de que hay hombres y mujeres puramente en un sentido sexual. La película va a lo humano, no es una lucha entre sexos, como algunos quieren ver. ‘Ataquemos a las niñas y subámonos al barco’, eso tiene más que ver con una diferenciación clave en que cada quien va a cumplir su función, que es la misma pero desde diferente categoría para hacer vida,” remarca el ganador a Mejor Dirección en el Festival Internacional de Cine de Cannes 2012.

El sexo ha estado presente en la filmografía de Carlos Reygadas desde su ópera prima, Japón, hasta su trabajo más reciente. Es un fenómeno que llama su atención, porque éste no nos separa por géneros, sino que nos une como especie. Enfrentarnos al sexo y sus consecuencias nos lleva a descubrir cosas en nosotros mismos imposibles de encontrar en otras circunstancias. “En esta búsqueda de continuar la vida, nos revelamos a nosotros mismos. A un ser humano y como espejo del otro. Tal vez por eso existe la sexualidad,” explica Reygadas.

El personaje principal de Nuestro tiempo, Juan Díaz (Reygadas), es un poeta que ha pasado la vida buscando control, sobre su trabajo, el ganado, el tipo de relación que mantiene con su esposa, etc. Esta necesidad por mantener el mando sin importar las circunstancias lo lleva a fallar constantemente, por ejemplo, su relación “abierta” termina por ser la fachada en que se proyectan las inseguridades de su vida. A cada deseo, viene un fracaso, un trastoque a la moralidad ordinaria en que parece transcurrir el resto de las personas a su alrededor y el público ante la pantalla. La solución ante el fracaso, según Reygadas, es descubrirse a sí mismo.

“Hay una moral ordinaria, tradicional, se le llamó el deber ser y después un imperativo moral. En realidad, el ser humano puede y debe cuestionar estas normas externas y se plantearse otras posibilidades. Todos los seres humanos somos diferentes por dentro, no como dice la religión o el capitalismo, donde todos somos iguales y tenemos los mismos deseos, lo que tratamos de hacer para poder no autodestruirnos es descubrir qué queremos ser cada uno de nosotros y luego tratar de poner en consonancia, nuestra vida práctica, con eso que queremos ser. Lamentablemente eso es algo opuesto al mundo homogeneizante en el que vivimos, donde todos tenemos que querer lo mismo, cuánto sufrimiento humano al fin de cuentas.”

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