Hace algunos años, una onda de calor duraba de tres a cinco días, pero en los últimos tiempos esa cifra ha aumentado: ahora puede extenderse entre 10 y 15 días.
A partir de la década de 1970, este fenómeno ha evolucionado hasta alcanzar esa duración, explicó para UNAM Global Víctor Torres, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático.
Una onda de calor se desarrolla en una zona en la que la presión atmosférica es muy alta, lo que impide la formación de nubes y, a su vez, ocasiona una mayor radiación solar, elevando la temperatura. Cuando este fenómeno se prolonga más de cinco días, se considera una onda de calor.
De acuerdo con el entrevistado, se conocen cuatro formas en que puede producirse una onda de calor:
- Circulación atmosférica estancada
En el norte de México, la atmósfera presenta un movimiento ondulatorio caracterizado por un desplazamiento de oeste a este, pero en ocasiones esta circulación se detiene, lo que genera un sistema de alta presión estable sobre extensas regiones. Esto impide que el aire ascienda, lo que reduce la formación de nubes y aumenta la radiación solar, elevando la temperatura.
Así, explicó el entrevistado, si no hay nubes y hay mucha radiación, aumenta la temperatura y se genera la onda de calor. Sin embargo, se deben rebasar ciertos umbrales de temperatura para que pueda considerarse como tal.
Por ejemplo, entre tres y cinco días podría considerarse algo normal, pero cuando dura más de cinco días, se considera una onda de calor. Cuando estas ondas duran entre 15 y 20 días, se les clasifica como eventos extremos.
- Patrones de bloqueo y bifurcaciones del jet stream
En ocasiones, el jet de latitudes medias (una corriente de aire muy intensa localizada a 9 km de altura) se mueve hacia el norte o hacia el sur, y se forman patrones de bloqueo. Esto ocasiona bifurcaciones y circulaciones asociadas a presiones altas. Entonces, al permanecer estables en ciertos lugares, no hay convección ni nubes, pero sí mucha radiación. Así se forma la onda de calor.
- Oscilación Madden-Julian
Es un fenómeno tropical con influencia a escala global. Se desplaza lentamente de oeste a este a lo largo del cinturón tropical, y afecta los vientos, la actividad de tormentas y, por lo tanto, la precipitación.
Está caracterizado por dos fases: convectiva y de subsidencia. En su fase de subsidencia, la oscilación Madden-Julian genera altas presiones y ausencia de nubes, lo que ocasiona mayor radiación solar y ondas de calor que pueden durar entre siete y quince días.
Un ejemplo de esto ocurrió en mayo de 2023, cuando una onda de calor estuvo asociada con este fenómeno, explicó el investigador.
- Influencia del vórtice polar
Aunque menos frecuente, el vórtice polar puede alterar la distribución de la masa y la energía en la Tierra, causando cambios en la presión que favorecen la formación de ondas de calor en ciertas regiones. Este fenómeno está asociado con las altas temperaturas registradas en Groenlandia y Europa durante el invierno 2024-2025.

¿El cambio climático está involucrado?
Las investigaciones han demostrado que en los años recientes las ondas de calor son cada vez más frecuentes y prolongadas. El calentamiento global ha reducido la diferencia de temperatura entre los trópicos y los polos, y ha alterado los patrones de circulación atmosférica, como el jet stream, lo que favorece la estabilización de sistemas de alta presión en lugares donde antes no ocurría.
Para que los jets mantengan su comportamiento habitual y el clima permanezca estable, es fundamental que exista esa diferencia de temperatura entre los polos y los trópicos. Sin embargo, el cambio climático está modificando este equilibrio.
Isla de calor
En las grandes urbes, como la Ciudad de México, se presenta un fenómeno distinto llamado “isla de calor”, que ocurre cuando el suelo urbano, compuesto principalmente por cemento y asfalto, absorbe y retiene más calor en comparación con las áreas rurales o agrícolas circundantes.
Víctor Torres explicó que los materiales urbanos retienen una menor cantidad de calor, lo que significa que absorben energía rápidamente y la liberan con la misma rapidez. De esta manera, impiden que la temperatura baje significativamente por las noches. En contraste, los suelos agrícolas y los cuerpos de agua tienen una mayor capacidad calorífica, por lo que liberan el calor de forma gradual.
Cuando las ondas de calor coinciden con el efecto de isla de calor, las temperaturas en las ciudades se elevan aún más. Un ejemplo de ello ocurrió el pasado 8 de marzo, cuando la Ciudad de México alcanzó los 33 °C en plena temporada invernal.

Consecuencias
Las altas temperaturas prolongadas tienen impactos negativos tanto a nivel macro como micro:
- Impacto ambiental: Mayor evapotranspiración y disminución de recursos hídricos en ríos y presas.
- Daño a los alimentos: Los productos perecederos se descomponen más rápido, lo que incrementa el riesgo de desperdicio.
- Salud pública: Aumentan los casos de enfermedades gastrointestinales y golpes de calor.
- Recomendaciones: Evitar hacer ejercicio y no sacar a las mascotas entre las 12:00 y las 17:00 horas, cuando la radiación solar es más intensa.
Por último, el especialista recomendó a la población mantenerse hidratada y usar protector solar.
“Parece algo evidente, pero cuando la gente no toma estas precauciones, podría tener daños a su salud, e incluso requerir atención hospitalaria debido a la deshidratación”, concluyó.
Ideas destacadas
- Las ondas de calor han pasado de durar entre 3 y 5 días a prolongarse hasta 15.
- Existen al menos cuatro mecanismos que generan ondas de calor: circulación estancada, bloqueo del jet stream, oscilación Madden-Julian y vórtice polar.
- El cambio climático altera la circulación atmosférica y favorece estas olas de calor.
- En las ciudades, el efecto de “isla de calor” incrementa aún más las temperaturas.
- Las consecuencias van desde impactos ambientales y alimentarios hasta efectos graves en la salud pública.
- Se recomienda evitar la exposición solar intensa y mantenerse hidratado.