Academia Salud Sociedad

Disfución eréctil: cómo tratarla y mitos urbanos

Fernando Guzmán Aguilar / Myriam Nuñez

 

En mayores de 40 años con enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes se asocia a daño vascular. El sildenafil es un vasodilatador autorizado para tratar el problema de erección y la hipertensión pulmonar en adultos.

En México, la disfunción eréctil es muy común en hombres mayores de 40 años. 60% de los adultos podrían padecerla en algún momento, ya sea por daño vascular causado por diabetes, hipertensión y otras comorbilidades.

En jóvenes la disfunción eréctil es poco probable, y cuando no logran una erección, puede deberse a estrés, depresión o alteraciones vasculares.

El doctor Omar Carrasco, jefe del Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina de la UNAM, apunta:

Para la erección se necesita vasodilatar algunos lechos venosos en el pene. Si no hay vasodilatación, los vasos sanguíneos no funcionan bien y ocurre la disfunción eréctil.

El descubrimiento de una “cura” para la disfunción eréctil se produjo de manera accidental. Pfizer creó el sildenafil, que es un inhibidor de una enzima que se llama fosfodiesterasa 5. Esta enzima promueve la existencia de algunas sustancias vasodilatadoras dentro del organismo. Una de ellas es el óxido nítrico.

Al haber más agentes vasodilatadores circulando en la sangre, en el caso de la hipertensión pulmonar, se vasodilatan los lechos arteriales de los vasos y disminuye la presión pulmonar. En el caso de los lechos penianos, los dilatan y provocan la erección.

El sildenafil fue pensado para tratar a pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva o con hipertensión, pero en fases iniciales de evaluación clínica no funcionó como se esperaba. No modificaba ni la presión ni la insuficiencia cardiaca, pero los pacientes mejoraban mucho de la disfunción eréctil.

Fue accidental, “totalmente serendípico, que el sildenafil saliera al mercado como un medicamento específico para tratar la disfunción eréctil. 

Reacciones adversas

Así como ayuda a lograr la erección del pene, el uso del sildenafil también provoca reacciones adversas. Las principales son dolor de cabeza, cuando se dilatan los vasos meníngeos; alteraciones de la visión: no distinguir entre azul y verde o ver todo en estos colores, porque la fosfodiesterasa 5 afecta la fototransmisión en la retina.

Hay reportes aislados de que puede aumentar el riesgo cardiovascular en pacientes con antecedentes de infarto al miocardio, por ejemplo.

Otra reacción es que la vasodilatación en los lechos del pene cause una “erección indefinida”. Si dura más de cuatro horas, pude generar necrosis en los tejidos, lo cual la convierte en “una emergencia médica”.

Por otro lado, el sildenafil podría tener otras aplicaciones terapéuticas. En los últimos años se ha explorado la posibilidad de usarlo en otros escenarios clínicos. Por ejemplo, se pensó en utilizarlo para disminuir los riesgos del bebé durante la preeclampsia en la madre.

La preeclampsia es el aumento de la presión durante el embarazo, lo cual provoca una menor dotación de sangre y, por ende, de oxígeno al bebé que se desarrolla en la mamá hipertensa. Eso, a su vez, causa restricción del crecimiento fetal.

La lógica de su potencial aplicación es la siguiente: “Les damos un vasodilatador a las mamás con hipertensión —en este caso eclampsia o preeclampsia—, aumentamos la cantidad de sangre y oxígeno para el bebé y la restricción del crecimiento fetal se puede disminuir”. Sin embargo, aunque no se descarta su posible aplicación, estudios recientes no han demostrado que exista algún beneficio considerable, estadística y clínicamente significativo.

Para el uso de sildenafil, los únicos dos escenarios autorizados por las agencias regulatorias —COFEPRIS, en México, y FDA, en Estados Unidos— son la disfunción eréctil y la hipertensión pulmonar en adultos. Sin autorización, el sildenafil también se utiliza para la hipertensión pulmonar en niños y en mujeres embarazadas.

Análogos, genéricos y un mito urbano 

Hay medicamentos análogos del sildenafil, que son química o estructuralmente parecidos, pero afectan a otros lechos vasculares. Por ejemplo: el vardenafil, más dirigido al tejido vascular de los lechos del pene y a las arterias umbilicales; el tadalafil, que, como no atraviesa la barrera placentaria, no tiene influencia sobre el bebé.

En las farmacias venden genéricos del sildenafil original o Viagra de Pfizer. Son iguales que el medicamento de referencia; es decir, son bioequivalentes y biocomparables, porque han pasado las pruebas respectivas que establece la Norma Oficial Mexicana (NOM) 177. Las concentraciones del metabolismo activo que circula en la sangre, en este caso el sildenafil, son iguales que las del Viagra.

Por otro lado, “sobre los muchos remedios que se venden en mercados para mejorar la erección, no ubico ningún estudio clínico que avale que ‘la hierba fulanita’ tenga este efecto de vasodilatación periférica”, afirma Omar Carrasco.

—¿Tomar pulque y comer camarones para el vigor sexual son sólo un mito urbano?

El pulque tiene alcohol, que es un depresor del sistema nervioso central y está demostrado que produce disfunción eréctil. Entonces, lejos de beneficiar, podría perjudicar. Y los mariscos, los camarones, tienen varias propiedades químicas (fósforo, potasio…) y, “hablando del músculo liso, podrían mejorar la contracción”. Pero —insiste el doctor Carrasco— hasta ahora el medicamento clave para el tratamiento de la disfunción eréctil sigue siendo la familia de los inhibidores de fosfodiesterasa como el sildenafil.

Deja tu comentario

Comentarios