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Arquitectura emocional, legado de Goeritz a México y a la UNAM

UNAM Global TV

 

Ubicado en una de las paredes de la biblioteca antes llamada Lino Picaseño y ahora Lilia Margarita Guzmán y García de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, se encuentra el “mural” Poema Plástico. Una obra de Mathias Goeritz que, de acuerdo con Rita Eder –investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Estéticas– es una invitación para pensar “las diferencias entre una propuesta que utiliza el muro como soporte de una caligrafía expresiva y la tendencia de carácter narrativo y simbólico que caracteriza a la mayor parte de los   murales insertos en Ciudad Universitaria”.

“Al poco tiempo de llegar Goeritz a México no fue muy bien recibido por Rivera y Siqueiros. Es cierto que él fue el principal autor de su propia biografía y quizá exageró la mala relación con los muralistas. Estos enfrentamientos formaban parte de la batalla de los estilos entre realistas y abstractos en tiempos de la Guerra Fría.

“Goeritz hizo comentarios muy cáusticos sobre el muralismo mexicano, decía que era el arte pop antes de que este tipo de arte surgiera. Estaban en lugares totalmente opuestos. Goeritz influyó en un segundo momento del arte público en México ligado a la abstracción, algo que Siqueiros le reconocería años después”.

Profesor universitario

Mathias Goeritz nació en 1915 en la ciudad de Dánzig, entonces parte del Imperio alemán –ahora se le conoce como Gdansk y se encuentra en Polonia–. Tras la Segunda Guerra Mundial radicó en varios países de Europa y realizó diversos viajes por el norte de África, en 1949 se trasladó a México gracias a una invitación de la Escuela de Arquitectura de Guadalajara para integrarse a su cuerpo docente.

Para 1952 se mudó a Ciudad de México para iniciar el proyecto del Museo Experimental El Eco. Pocos años más tarde, en 1954, continuó el trabajo docente en la UNAM, recordó Eder, “donde revolucionó la enseñanza de la arquitectura. Por ejemplo, hacía que los alumnos construyeran una maqueta de un futuro proyecto, basado en un tipo de libros infantiles que al abrirlos surgía el palacio o la casa, esto ocasionaba que los estudiantes pudieran experimentar de manera más libre qué clase de edificación querían hacer, sin tanto apego a las reglas estrictas del funcionalismo, movimiento muy importante en México para esa época”.

El proyecto de El Eco –recinto en el que se encontraba el Poema Plástico– según Eder representa su concepción sobre qué debía ser el arte. Su idea fundamental partía de la obra de arte total, un concepto que se originó en el siglo XIX pensado por Richard Wagner para la ópera; después, de distintas maneras lo retomó la Bauhaus –algo que le interesó mucho a Mathias– que también le hizo pensar en el Medioevo. ¿Cuál era la obra de arte total en aquel entonces? La Catedral que integraba a las distintas artes y tenía una función social y religiosa.

“En la época que llegó Goeritz a México era el tiempo del nacionalismo cultural y los muralistas tenían un importante protagonismo. A su vez, también hacían algo que era de interés mayor para Goeritz: relacionar la pintura con la arquitectura. Él quería hacerlo desde ideas más contemporáneas. Mathias fue un incesante experimentador en muchos sentidos y, se puede decir que colaboró de manera destacada en el surgimiento del arte moderno en México durante los años 50 y 60”.

Protesta contra el funcionalismo

“Poema Plástico formó parte de lo que Goeritz llamaba la arquitectura emocional, que además de sus propias características filosóficas que involucran una idea sobre la función del arte es una protesta contra ciertos aspectos del arte que se empezaba a perfilar después de la Segunda Guerra Mundial. Su protesta, sobre todo mediante el Museo Experimental El Eco, es contra la arquitectura funcionalista y después será contra ciertos movimientos del arte contemporáneo de entonces, como el arte pop o el nuevo realismo francés”, argumentó la investigadora y añadió:

“Su protesta contra el funcionalismo era la idea de su masificación y su falta de carácter. Él solía decir ‘por qué no podemos hacer una arquitectura como la del barroco u otros tiempos del pasado’ –como una catedral medieval–, donde pudiera haber otra cosa que no fuera la comodidad, lo práctico, la cuestión de cómo construir más y más barato para meter a toda la humanidad en lo que él llamaba cajas de cerillos.

“Él era un extraordinario escultor, eso fue lo suyo, pero en El Eco él hizo esta construcción para mostrar que se podía hacer arquitectura de otra manera, claro que era difícil hacer esa arquitectura para las mayorías, pero es un ejemplo de las posibilidades. Para él la arquitectura emocional es volver a restablecer lo que la arquitectura de otro tiempo tenía: la capacidad de sorpresa, de emoción, de otro tipo de sentimientos frente a lo que uno habita”.

La obra

Esta obra se compone de tres segmentos –dos “párrafos” de cuatro líneas y un tercero de una sola línea– sobre un fondo amarillo. En palabras de Rita Eder, la pieza es “una notable contribución a la relación entre soporte y relieve.”

Originalmente “Poema Plástico fue hecho para El Eco y colocado semioculto entre   dos pasillos para producir en el espectador un sentido de asombro. El concepto de arquitectura emocional se fundamentaba en restaurar la idea de una reacción que se acercara a la idea de lo sublime. ¿Qué tiene que ver este mural con la poesía concreta? Primero quisiera reparar en que Goeritz utilizaba también el color para provocar una reacción en el público. El mural podría parecer, al principio, como un poema normal, cuatro líneas en cada bloque, pero no puede uno realmente saber qué quiso decir. Pareciera que su idea era poner la caligrafía como un valor en sí”, argumentó la especialista y continuó:

“Si uno lo mira bien, la primera parte tiene esos signos primitivistas con los que empezó a trabajar desde España en Santillana del Mar. Cuando uno mira la parte de abajo, tiene la sensación, la impresión de la escritura árabe, porque él vivió un tiempo en el norte de África y esa zona siempre le interesó mucho. La idea de la poesía visual es que no hay significado intrínseco, lo que importa es la belleza caligráfica, el valor de las letras”.

“El Poema Plástico es uno de los mejores testimonios del trabajo de Goeritz en los años 50 y su relación con la poesía concreta. Se piensa que después de este mural empezó a trabajar de manera distinta con una serie de obras que llamó Mensajes, ahí hay una conexión entre la poesía concreta y los mensajes, la idea de una comunicación totalmente visual que mantuviera una relación con el texto, una relación abstracta casi metafísica”.

“En el Poema Plástico, Mathias usó el color (el muro amarillo y las letras negras) porque produce una reacción en la sensibilidad. Con el color, él está haciendo un llamado a los demás, y, creo, la caligrafía tiene cierto nivel de atracción, hace que uno trate no de entender el mensaje, sino a pensar qué son esos símbolos, qué son esos signos y cómo están compuestos.”

Para Eder esta es una obra peculiar para su tiempo, su importancia consiste en hacer ver la forma sin el texto, no tanto el significado sino la armonía o desarmonía entre las letras, el uso que podían tener como un elemento visual. Ahí sí es una oposición al muralismo mexicano, la visualidad por encima del discurso. Poder expresar por medio de lo puramente visual una serie de cuestiones que tienen que ver con la percepción del espectador, no anteponer el discurso o lo ideológico”.

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