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Tres momentos de Miguel León-Portilla

Descarga Cultura.UNAM / Sara Regalado
Homenaje Nacional al historiador y antropólogo, principal autoridad en filosofía e historia náhuatl

Retomamos su charla ocurrida en el encuentro Conecta. Campus del Pensamiento 2013, de CulturaUNAM.

“¿Acaso podremos decir palabras verdaderas en la tierra? / ¿Que no es todo acaso como un sueño? / ¿En un día nos vamos a la región del misterio?  / ¿Qué rumbo puedo dar a mi corazón?”, estos son versos de ancestros mexicas que Miguel León-Portilla descubrió en sus años universitarios y que de algún modo tienen que ver con esos momentos claves de nuestra vida que justamente nos van dando rumbo, experiencias que nos encaminan a eso que nos permite aportar a nuestro entorno y que reconocemos como una pasión.

Cuando el antropólogo, filósofo e historiador echa un vistazo hacia atrás, encuentra en su caminar tres instantes cruciales para acercarse a ese mundo del que se convirtió en un defensor, y por el que ahora se le reconoce como autoridad sensible y conocedora: el pensamiento, historia y literatura náhuatl. Esta remembranza la realizó en la Conferencia inaugural de la segunda edición del encuentro Conecta. Campus del Pensamiento, llevado a cabo por CulturaUNAM en 2014.

Los recuerdos le vienen desde su infancia, cuando visitaba las zonas arqueológicas de México junto a su tío, el doctor Manuel Gamio, iniciador de la antropología moderna en México: “Eso para mí fue maravilloso, me di cuenta de que México tiene raíces muy profundas en las cuales se cimenta todo nuestro ser”, rememora el autor de Visión de los vencidos.

El sacerdote Garibay “era cáscara amarga, pero luego con las puertas del corazón de par en par”, con esta impresión, Miguel León-Portilla recuerda el segundo momento importante en su vida: haberse encontrado con la guía del doctor Ángel María Garibay, filólogo e historiador mexicano, especialista en las culturas prehispánicas y quien lo condicionó a que sólo si aprendía náhuatl lo acompañaría en ese descubrimiento del pensamiento y la cultura indígena, del que quedó prendado por obras como Épica náhuatl y Poesía indígena de la altiplanicie, del propio Garibay. Fruto de ese acercamiento y guía, La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes fue la tesis doctoral por la que el investigador emérito de la UNAM recibió el reconocimiento Summa Cum Laude.

El tercer momento importante en la vida del incansable defensor de la autonomía de los pueblos indígenas, fue haberse casado con la lingüista Ascensión Hernández Triviño. Sobre su matrimonio cuenta una peculiar anécdota que tiene que ver con un diálogo en náhuatl, con una vendedora de papel amate en Acapulco.

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