Reportaje

¿Tienes estos alimentos en tu alacena? Cuidado, podrían ser dañinos

UNAM Global TV

Algunas marcas de mazapanes, sopas instantáneas y confitería, como huevitos de chocolate, leche baja en grasa y de sustitutos de crema para café contienen Dióxido de Titanio, un aditivo alimenticio que puede ser dañino para la salud.

“Los aditivos alimenticios son compuestos que se adicionan a diversos alimentos para mejorar las propiedades físicas de los mismos. Estos no adicionan valor nutrimental, simplemente van a mejorar el aspecto como color, sabor y consistencia”, afirmó Yolanda Irasema Chirino López, académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala, UNAM.

Según información de la Organización Mundial de la Salud (OMS) los aditivos alimenticios sólo se justifican si satisfacen una necesidad, es decir, si no inducen a error al consumidor y si se emplean con un objetivo definido, como el mantenimiento del valor nutricional del producto.

La universitaria dijo que estos aditivos se han usado desde hace más de cinco décadas, se han modificado e incluso han surgido nuevos conforme avanza la tecnología. El Dióxido de Titanio o TiO2 es uno de los más usados a nivel mundial, se puede encontrar en las industrias textil, farmacológica, de pinturas y en la alimentaria.

Este aditivo alimentario, indicó, fue aprobado para consumo humano desde 1960 por la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos y, desde la década de los años 70 por el Codex Alimentarius de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO/WHO) bajo la nomenclatura E171.

“Comenzamos a estudiar el dióxido de titanio grado alimenticio porque con la nanotecnología cambiaron algunas de sus propiedades. Anteriormente el tamaño de la partícula del TiO2 era pequeña, de tal manera que si la inhalábamos podía quedarse en la nariz; pero ahora son diminutas como un virus y puede llegar a zonas más profundas del cuerpo, esto es preocupante porque no sabemos cuánto tiempo permanezca adentro y si sea causante de algún tema importante de salud”, externó.

Comentó que la razón por la cual han convertido este aditivo en estos tamaños es porque confiere ventajas a los productos, por ejemplo, los helados cremosos y uniformes.

“El primer estudio que hicimos con Dióxido de Titanio fue entre 2014 y 2015, consistió en tener dos grupos de modelos animales: unos que ya tenían tumores en colon y otros que estaban desarrollando los tumores, pero además consumían este aditivo. Hallamos que en estos segundos no solo desarrollaban los tumores, sino que incrementaba el número de estos”, explicó.

Otros estudios con TiO2 que se realizaron en el Laboratorio a cargo de la doctora Chirino López indicaron que este aditivo tiene más efectos en estado líquido que en sólido; que los animales que son obesos debido a una dieta alta en grasas presentan alteraciones en el hígado y el consumo del Dióxido de Titanio exacerba ese daño.

“Los científicos creemos que en una persona sana aparentemente no existe alguna alteración al consumir TiO2, pero cuando existe algún padecimiento este podría exacerbarse al consumirlo. Otra preocupación que tenemos es que el aditivo no se elimina fácilmente del cuerpo humano”, advirtió.

Lo que se ha visto a nivel celular, agregó la académica, es que las células de colon retienen el TiO2, no lo eliminan tan fácilmente y eso podría ser más grave si se retiene por largos periodos en los tejidos de quienes lo consumen.

En el mundo se han hecho otros estudios también con el Dióxido de Titanio grado alimenticio, y en esencia se ha buscado efectos relacionados al consumo oral y efectos en órganos relacionados al tracto gastrointestinal (intestino grueso, hígado, bazo).

Se han encontrado efectos adversos en estos tejidos, pero la razón por la cual la Agencia Europa de Seguridad Alimentaria (EFSA) consideró que este aditivo no es seguro para consumo humano es debido a la evidencia de genotoxicidad, es decir, a la evidencia de que el TiO2 induce daño en el DNA. Una de esas evidencias forma parte de las investigaciones realizadas en el grupo de investigación de la doctora Chirino.

“La situación del aditivo en México es distinta a la de Europa, porque aquí las legislaciones a pesar de que obligan a las empresas a marcar sus productos cuando contiene este u otro aditivo, no siempre aparecen explícitamente en las etiquetas, lo cual incumple una de nuestras normas oficiales, la Norma Oficial Mexicana 051-SCFI/SSA1-201”, aseveró la titular de la Unidad de Biomedicina de la FES Iztacala.

El TiO2 se extrae de una roca (ilmenita) y por eso en ocasiones es considerado como “colorante natural”. De acuerdo con la universitaria el etiquetado en México impide identificar con claridad qué alimentos lo contienen y la cantidad exacta que se está consumiendo. En Europa lo que se usa en un producto, aparece en su etiqueta.

Sin embargo, debemos estar alerta, pero sin preocuparnos. “La recomendación es mantener un estilo de vida lo más saludable posible, de tal manera que hacer ejercicio, dejar de fumar y optar poco por alimentos procesados ayuden a disminuir algún riesgo por consumo de aditivos. Debemos ser conscientes que las personas tenemos distintas susceptibilidades y que es necesario poner atención en nuestra salud”, concluyó.

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