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Terapias con animales para padecimientos mentales

Mirentxu García, servicio social / Rafael Paz

Los animales, compañeros de los humanos desde tiempos remotos, pueden agregar una nueva tarea a sus funciones sociales: terapeutas. Existen especies en la actualidad que pueden ayudarnos a mejorar nuestra salud mental y obtener así una calidad de vida óptima.

De acuerdo con Hugo Sánchez, académico e investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM, la mayoría de los seres humanos nos comunicamos a través del habla y la crítica, aspectos que incomodan a gran número de pacientes, haciendo que se sientan atacados en sus procesos terapéuticos. En general, consideró, la gente tiene mayor bienestar al participar en terapia con animales, la cual puede tener diversos alcances a nivel cerebral, e incluso en cambios hormonales.

“Los adultos mayores utilizan mucho a los animales de compañía, en esos casos el animal ayuda a recuperar la motricidad y tienen un mejor impacto en su condición física pues los ayuda a moverse y les da una sensación de utilidad”, señaló el académico.

La mayor parte de los pacientes que optan por este tipo de terapia sufre de trastornos como ansiedad, depresión, trauma y algunos padecimientos psiquiátricos, entre los que se encuentran la esquizofrenia y la psicosis, que pueden estar acompañados de paranoia –una sensación de que algo está en el ambiente–, lo que los lleva a sentirse vigilados o juzgados.

“Cuando una persona se acerca a un organismo lo que busca es establecer, primero, una relación de confianza que no logra establecer con otros individuos de su especie, es decir, con otros seres humanos”, consideró el especialista.

La terapia con animales ofrece a los pacientes una convivencia con otra especie, lo que elimina situaciones incómodas con otras personas; el contacto con animales genera una sensación de bienestar debido al cariño que éstos brindan a los pacientes. Esto permite tener un mejor control de las emociones de los pacientes, ya que a diferencia de los animales de compañía, se tiene una necesidad que está vinculada con el organismo.

Las terapias de este tipo se adecuan dependiendo de las características del padecimiento y de cada persona. Hay, por ejemplo, algunas más costosas y complicadas que involucran delfines; otras que requieren un gran espacio físico, como la equinoterapia; sin embargo, las más comunes son las que incluyen perros.

Otro punto importante de este tipo de procesos es la temperatura, ya que el calor corporal de los animales está por encima de los 37 grados Celsius en tanto que el del ser humano es cercano a los 36.6, es decir, cuando las personas se aproximan a los animales perciben calor lo cual resulta reconfortante para los pacientes, brindando una sensación de alivio.

Algunos padecimientos, como la depresión, la ansiedad o el trauma, vienen acompañados de una sensación de dolor, por lo tanto, aproximarse a un organismo permite sentir esta estimulación que genera una sensación de bienestar, disminuyendo la sensación de dolor, sus niveles de ansiedad y reportan una mejoría en su padecimiento.

La mayoría de los perros y gatos que participan en estas terapias están bajo el cuidado de los terapeutas, lo que permite que los pacientes convivan con ellos sin la carga emocional que significa su cuidado. En caso de que el paciente quiera adquirir un animal, debe acompañar su diagnóstico con el consejo de un especialista quien recomendará el compañero ideal de acuerdo con sus necesidades.

Irresponsabilidad humana
Una de las desventajas de la terapia con animales son las alergias causadas por el pelaje, por ello no todas las personas son elegibles para este tipo de tratamiento. Para que una persona sea candidata a una sesión con animales debe ser valorada psicológicamente:

“Una de las grandes desventajas no viene por parte de los pacientes, sino de personas que se aprovechan de estas condiciones. Hace tiempo había una regulación en la que si una persona demostraba que necesitaba de un animal de apoyo emocional, éste podía subir al metro; al haber una legislación muy pobre, la gente se aprovechó de la situación y subía todo tipo de animales cuando en realidad no tenían las características para funcionar como animales de rehabilitación”.

“Esto vino en detrimento de esta condición. En realidad, estos animales cumplen con un bien común pero se tergiversó su funcionalidad y los comenzaron a utilizar para cuestiones superfluas”, explicó Sánchez.

Este tipo de actos impactan de manera negativa en las personas que adquieren la responsabilidad de tener un animal de apoyo emocional, como recoger sus heces, el cual conlleva los mismos cuidados que cualquier otra mascota.

Asimismo, se debe tomar en cuenta el cuidado de los animales de edad avanzada porque igual que los humanos los animales de terapia tienen un tiempo de vida laboral. Adquirir un animal de apoyo emocional es un compromiso a largo plazo porque el animal envejecerá y necesitará otro tipo de cuidados.

“Se debe tener una relación perfectamente cuidada y saludable, pues es un organismo vivo, es una situación recíproca en la cual se quiere obtener bienestar con el animal, pero el paciente también debe proveer bienestar. Si el paciente está bien, el animal también”, recalcó el académico.

El mejor apoyo emocional es un canino
Los perros son animales con una gran inteligencia y adaptabilidad, sin grandes necesidades como otras especies. Existen razas específicas, como los labradores y los border collie, que son bastante utilizadas en terapia.

Se recomienda que los caninos participantes sean dóciles, jóvenes, que cuenten con entrenamiento y tengan un acompañamiento emocional durante un tiempo más o menos amplio, además de que el dueño sea consciente de que vendrá un periodo de senectud de la mascota. Las especies pequeñas de perros, como el schnauzer miniatura o el maltés, llegan a vivir entre diecisiete y veinte años, en tanto que perros de talla muy grande llegan a vivir entre doce y quince años.

Estigmas de salud mental y animales de terapia en México
De acuerdo con estudios europeos y estadunidenses, las terapias con animales muestran una gran eficacia con ancianos; de cada cien adultos mayores a los que se les asigna un animal de terapia, sesenta reportan que han tenido mejoras en su padecimiento y estado de ánimo.

La población mexicana ve a perros y gatos como animales de compañía, sin una perspectiva de apoyo emocional. Además, como hay un estigma de la salud mental en el país, a muchas personas les cuesta trabajo asumir que necesitan ir a terapia, mucho menos consideran la necesidad de un animal para cuidar de su salud mental.

Esto hace que sea muy difícil obtener una estadística de cuántas personas tienen un animal de terapia y cuántos han visto resultados, positivos o no, incluidos quienes deciden abandonar a la mascota.

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