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Taxi Driver, uno de los primeros retratos de la masculinidad tóxica

Rafael Paz
A 45 años de su estreno, el crítico de cine Alonso Díaz de la Vega asegura que el cuarto largometraje de Scorsese no ha perdido vigencia, incluso “valor cultural tan importante y penetrante hoy día, como cualquier proyecto sobre la era Trump”

La secuencia ha sido homenajeada cientos de veces, fotogramas que dejan en claro la influencia de Taxi Driver desde su estreno el 8 de febrero de 1976. Travis Bickle (Robert De Niro) se mira en el espejo, una sobaquera guarda un par de armas sobre su torso desnudo, desenfunda y pregunta a su reflejo: ¿Estás hablando conmigo?

La imagen se convirtió rápidamente en un icono de la contracultura estadounidense de finales de los 70, desde entonces ha sido recreada en otras ficciones, series de televisión, playeras, cuadernos, grafitis y más, convirtiendo a Bickle en uno de los personajes más populares del cine. Su popularidad es tal que algunos lo han convertido en héroe, como John Warnock Hinckley Jr., quien inspirado por las acciones del protagonista de Taxi Driver intentó asesinar al entonces presidente Ronald Reagan el 30 de marzo de 1981.

Para el crítico de cine Alonso Díaz de la Vega esto demuestra la manera en que la vigencia de la película dirigida por Martin Scorsese se ha mantenido desde 1976 y cómo los temas detrás de sus imágenes han sido malentendidos por una parte del público, que desea emular a Travis e ignora el retrato de masculinidad tóxica creado por Scorsese y Paul Schrader, guionista de la cinta.

“Es una película muy contemporánea, más que en su tiempo. Entonces era vista como una contra narrativa, lo que hacía era contradecir el intento por tapar la desilusión frente a Nixon, Vietnam, el fin del verano del amor. Es una película que si se ve hoy, se va a leer de manera muy ligada a la ultraderecha estadounidense. Lo está. Al final, Travis Bickle es una representación de ese tipo de hombre”, asegura el colaborador de la pasada edición del Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM) y añade:

“Puede resultar más problemática para mucha gente hoy, pero es más interesante y así la diseñaron Scorsese, Schrader y todo el equipo. Su final tiene que leerse de manera irónica, no es una película que celebre el heroísmo de Travis. Se cuestiona el mito estadounidense del héroe violento, antes del auge de las películas de acción en los años 80, la presidencia de Reagan con Stallone y Schwarzenegger. Creo que es una película con un valor cultural tan importante y penetrante hoy día, como cualquier proyecto sobre la era Trump”.

“La perspectiva cambia conforme vas creciendo, al verla siendo un adolescente te sientes identificado con esa enajenación, esa soledad. Conforme creces entiendes a Travis desde una perspectiva muy distinta. Sobre todo, cuando te defines más políticamente, Travis era un representante de este hombre blanco que se siente asediado por la diversidad y los cambios culturales políticos alrededor. Hoy en día veo a Travis como una de esas personas que atacaron el Capitolio, en aquel entonces era distinto, lo veía como un héroe. Con el paso del tiempo, se convierte en una figura patética, más melancólica, reprobable incluso”, subrayó.

Travis, el “Nice Guy”

Taxi Driver tiene como protagonista central a un taxista (De Niro) que trabaja por las noches en las violentas calles de Nueva York debido al insomnio crónico que parece. Veterano de guerra de Vietnam, es un hombre resentido con una sociedad que no lo ve cómo un héroe y con la que es incapaz de crear una conexión sana. Una urgencia de violencia y “justicia” lo obsesiona, el caos que percibe en la ciudad lo conduce a convertirse en un vigilante con deseos de impartir orden con sus propias manos.

La violenta estética de Scorsese fue ligada al espíritu de los Estados Unidos desde las primeras proyecciones del largometraje, algunos vieron en la sangre no una crítica sino un retrato nihilista de su país y un lugar común de su historia reciente, por ejemplo, el crítico e historiador Jonathan Rosenbaum recupera en el libro Placing Movies sus pensamientos de esos años sobre Taxi Driver: “te ofrece una película snuff simulada (el apasionado monólogo de Scorsese) y una secuencia de la masacre de My Lay –uno de los sucesos más criticados de la Guerra de Vietnam– excepcionalmente artística, obligatoria para todas las Películas Estadounidenses Serias, porque todas las Películas Estadounidenses Serias son sobre Estados Unidos, ¿verdad?”

Sin embargo, para Díaz de la Vega, el tiempo ha profundizado las ideas de Scorsese y Schrader, además de agudizar su crítica al “héroe” casi mitológico obsesionado con las armas y el control de su entorno: “no es un héroe, sino alguien que está convencido de esta mitología muy estadunidense de lo que significa ser un héroe. Tiene mucho que ver con la violencia, el control, el poder. Me llama la atención ahora la relación que tiene con Iris, la niña que se dedica al trabajo sexual. Es muy complicado el personaje de Iris en particular, porque al final, aunque es sólo una niña, tiene la voluntad de escapar de la casa de sus papás, vivir esta vida. No se niega que hay una explotación de parte de su proxeneta, él se está aprovechando de su ingenuidad y necesidad de liberación. Lo más complicado, es que uno puede pensar desde una perspectiva moralmente simple que Travis es el héroe que la va a salvar”.

“Él le está imponiendo su idea de una niña de 14 años sobre los deseos de Iris. Se hace muy complicado porque no hay héroes, no hay categorías morales simples. Eso hace que la película se enriquezca conforme vas creciendo y el mundo se vuelve más complejo. El carácter de Travis está delineado de una manera muy compleja, hay mucha gente, sobre todo muchos hombres, que se sienten profundamente identificados con esa masculinidad tóxica de Travis”.

“Representa lo que algunas feministas llaman los ‘Nice Guys’. Ellos sienten que son los tipos buenos y las mujeres son malas. Que ellas siempre acaban en los brazos de hombres malos, cuando son en realidad igual de misóginos. Esto habla de la generalidad de esa misoginia y la masculinidad tóxica en la sociedad. Sobre todo, la vastedad de individuos que llegan a un nivel tan radical que se identifican plenamente con Travis”, asegura el bloguero del periódico El Universal.

“Este retrato de la masculinidad tóxica rara vez se ha hecho de manera tan perfecta y matizada. Creo que esas son las cosas que le dan un nivel especial. Si a eso le sumamos la ironía, porque Taxi Driver acaba en que Travis cumple estas fantasías violentas que tiene y triunfa. Se convierte en algo muy estadounidense. Recuerdo que en una entrevista, Paul Schrader decía que a él le inquietaba mucho que Taxi Driver se hiciera realidad: un asesino en la portada de Time, como si se hubiera cumplido en la realidad el sueño de Travis.  Es una película que más que profética, tiene una capacidad de percibir a nivel cultural, social y político todo lo que se movió en Estados Unidos a finales de los 70 hasta nuestros días”, concluye.

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