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¿Por qué cayó Liz Truss, primera ministra británica?

Leonardo Huerta

Después de sólo mes y medio como primera ministra del Reino Unido, Liz Truss renunció en medio de una tormenta económica y política resultado de su plan de impuestos, entre otras razones.

“No puedo cumplir con el mandato para el que me eligieron. Ya anuncié al rey mi decisión de dimitir”, con esas palabras la señora Truss se convirtió en la jefa de gobierno que menos tiempo ha durado en el poder en toda la historia del Reino Unido. Sin embargo, permanecerá en su puesto hasta que se le encuentre un sustituto.

Su rápida caída del poder creó un caos en el Partido Conservador, al que pertenece, similar a la desorganizada partida de Boris Johnson como primer ministro en la primera semana de septiembre.

En sólo una semana el Partido Conservador debe elegir a un nuevo primer ministro, aunque la oposición laborista exige que se adelanten nuevas elecciones. A esta exigencia se sumó la primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon.

Razones tras la renuncia

“Son varios factores. Uno, que ella no llegó al puesto de primera ministra por el voto del pueblo británico, sino por una decisión del Partido Conservador. Porque de acuerdo con las leyes y las costumbres británicas, le corresponde al partido en el poder, en este caso al conservador, elegir entre los suyos a quien sería primer o primera ministra después de la salida de Boris Johnson”, explica Dámaso Morales Ramírez, coordinador del Centro de Estudios Europeos de la Facultad de Ciencias Política y Sociales de la UNAM.

“Era tanta la debilidad y descrédito de Boris Johnson en el momento de su renuncia que esa falta de credibilidad se trasladó al Partido Conservador como consecuencia de sus escándalos. En ese contexto llegó Liz Truss”, explica el profesor universitario.

Unos días antes de su fallecimiento, la reina Isabel recibió a la nueva primera ministra. Hubo un cambio de corona, lo cual no es un proceso fácil para el pueblo británico, explica el académico.

“Frente a este acto sombrío se sumó otro igual de sombrío, que es la guerra de Ucrania y sus consecuencias, particularmente la crisis energética en toda Europa, principalmente en los precios del gas, que en Inglaterra han aumentado más de 80 por ciento. Frente al inminente invierno es una mala noticia para el consumidor común y corriente”.

Recordemos que venimos de dos años de pandemia, cuya consecuencia sigue siendo una desaceleración económica. El panorama en el Reino Unido no es luminoso, sino como su clima: sombrío. Pero no sólo por el aumento en los precios del gas, sino también por la inflación en general que está golpeando al país, en especial a los alimentos.

“En algunos estudios del Banco Central se establece que con toda seguridad el año próximo el Reino Unido va a entrar en una recesión económica” dice el investigador.

El plan de Truss era bajar radicalmente los impuestos al consumo, pero también a las grandes corporaciones, y además congelaría los precios de los energéticos durante dos años. Adicionalmente, proponía una serie de medidas económicas que parecían más de corte popular que estrictamente económicas.

“Pareciera que su plan económico respondía más a un acto de interés político-electoral que a una realidad económica”, dijo Morales.

Ante este plan hubo dos respuestas: una fue de la propia Liz Truss de dar certeza al pueblo británico, una luz de esperanza. La otra fue la de los grandes mercados, que reaccionaron de muy mala manera, incluso el Banco Central (autónomo, independiente con sus propios estudios) consideró que los planes de Truss no eran confiables, que generarían un gran boquete financiero y un gran déficit fiscal y que iba a arruinar al Reino Unido.

“Esto tenemos que tomarlo con cierto cuidado -reflexiona el profesor Morales-. Es cierto, las medidas tomadas por la todavía primera ministra generarían un boquete económico, financiero y fiscal muy importante que dañaría gravemente a la economía británica, pero también es cierto que saldrían perdiendo las grandes corporaciones y las grandes instituciones financieras”.

Un caso similar es el de Silvio Berlusconi en Italia, quien estuvo mezclado en muchos escándalos, incluso se le acusó de tener relaciones con una joven menor de edad. Esta grave situación no lo pudo tirar, pero lo que sí lo tumbó del poder fueron sus medidas económicas y las malas calificaciones de los mercados italianos e internacionales. La mala calificación fue la que lo tumbó, ante eso no se pudo sostener”.

Esto nos habla del poder, informal, pero poder, de las grandes corporaciones y de los bancos, que ante lo inviable del proyecto económico de Truss presionaron a los miembros del Partido Conservador para su salida.

“La renuncia de su ministro de finanzas fue simbólica y se le se sumó la renuncia del ministro del Tesoro, dos pilares importantes en cualquier proceso económico”.

También hubo “fuego amigo” porque los legisladores de su propio partido fueron abandonándola. “Por ejemplo, en una reunión celebrada en Birmingham hubo muchos lugares vacíos. En parte porque no asistieron miembros de su partido y en otra porque hubo una huelga de ferrocarrileros. Esto último señala la inestabilidad y desilusión de la situación en país”.

El plan económico fallido

“Truss tenía un grupo de asesores muy importante, gente con mucha experiencia porque ella no es capaz de desarrollar un plan económico, pero la lectura es que no quiso escuchar y avanzó con el propio”, dice el profesor Morales Ramírez.

Truss buscó una salida política rápida con buenos resultados inmediatos, pero su plan cayó como una bomba no sólo en el Banco Central, sino también en universidades y bancos, que señalaron que su estrategia no tendría buenos resultados.

Frente al abandono de su partido, ella comentó que iba a sostenerse como primera ministra aunque su tasa de aceptación entre el pueblo británico había caído drásticamente. Todavía la semana pasada ante la renuncia de su ministro de finanzas dijo que no iba a renunciar.

“El siguiente primer ministro o primera ministra deberá ser alguien con el carácter y la personalidad suficientes para generar confianza en todos los niveles: en el político, en el económico y en el social”, finalizó el académico universitario.

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