Cultura

Patricia Highsmith y su legado, en palabras de Ana Clavel

CulturaUNAM Nota: Rene Chargoy.
Libros UNAM organiza el ciclo de conferencias magistrales Vindictas Mujeres de negro

Quienes gustan de la novela negra pueden conocer algo más acerca del valor literario de escritoras que han incursionado en este género en el ciclo de conferencias magistrales Vindictas Mujeres de negro: narrativa policiaca y criminal escrita por mujeres, organizado por Libros UNAM. Ana Clavel inició las sesiones en las que participan cinco reconocidas autoras y académicas hispanoamericanas con la conferencia La fascinación por el criminal: 100 años de Patricia Highsmith y su legado.

La escritora e investigadora mexicana, Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen 1991 por su obra Amorosos de atar, estructuró su intervención en tres bloques. El primero de ellos lo tituló El día que Patricia Highsmith pudo no ser una autora de novela negra. En éste comentó de entrada: “En 1950 publicó su primera novela, Extraños en un tren, que tuvo buenas críticas y despertaría el interés de Alfred Hitchcock para llevarla al cine con guión, nada menos, que de Raymond Chandler (…) De la noche a la mañana se había convertido en una escritora de ‘suspense’, aunque, en opinión de la propia autora, no era un libro del género, sino ‘simplemente una novela con una historia interesante’ sobre dos desconocidos en un vagón, que de pronto fantasean con la posibilidad de un crimen cruzado para salir libres de toda sospecha”.

Luego se refirió a otra novela de la escritora estadounidense: “En 1952, firmada con el nombre que había concebido cierto día en un café de Lexington Avenue, en su primer año de circulación The Price of Salt (El precio de la sal) obtuvo algunas críticas serias y respetables. Pero el verdadero éxito llegó un año después, cuando la sacaron en edición de bolsillo y vendió cerca de un millón de ejemplares. Las cartas de los numerosos admiradores llegaban a la editorial a la atención de Claire Morgan, su seudónimo”.

El atractivo de esta novela, explicó, “era que tenía un final feliz para sus dos personajes principales, o al menos que al final las dos intentaban compartir un futuro juntas. Antes de ese libro, en las novelas estadunidenses los hombres y las mujeres homosexuales tenían que pagar por su desviación cortándose las venas, ahogándose en una piscina, abandonando su homosexualidad —al menos, así lo afirmaban— o cayendo en una depresión infernal”.

Clavel relató que a mediados de los años cincuenta Highsmith publicó la primera novela de la saga sobre Tom Ripley, el impostor y asesino amoral que consigue salirse con la suya y que tanto éxito le dio.

“Su Tom Ripley nos despierta el asombro y la empatía ante la figura del impostor que busca el ascenso social y no se detiene ni siquiera ante el asesinato cuando es necesario. Por contradictorio que parezca, deseamos que no sea atrapado. Nos hacemos cómplices porque, criminales en potencia, su salvación o redención de algún modo es también la nuestra”.

Comentó que si pudiera resumirse la poética de la autora en una frase, ella recordaría el título de una de sus novelas cortas: Ese dulce mal (This Sweet Sickness) de 1960, “pues sugiere la adicción de todo aquello que nos salva y nos pierde. Los seres humanos somos así: quizá amamos más a nuestros demonios que a nuestros ángeles”.

“Patricia Highsmith es dueña de una penetración psicológica para sacar a la luz la penumbra de personajes comunes y anodinos. De una misoginia y una misantropía filosas como navaja de doble filo. Se labró un laureado destino como autora de género policiaco. Es una escritora con recursos visuales para sugerir paisajes interiores y mentales”, comentó.

El segundo bloque de su intervención lo llamó La fascinación por el criminal. En esta parte dijo que Highsmith se sintió atraída desde joven por las teorías de la psicología social. “Se sumergió en los análisis de los temas como el mal, su evaluación en la historia, los traumas infantiles y su incidencia en la criminalidad, y se centró con entusiasmo en la conducta social criminalística”.

Reveló que su lectura del libro Human mind, de Karl Menninger, el padre de la psiquiatría moderna, nutrió sus ideas sobre estos tópicos y le sirvió de asidero y de referencia directa, con sus múltiples casos clínicos de desviaciones mentales, para la construcción de muchos de sus obsesivos personajes.

“Más que despiadados villanos, los protagonistas de sus novelas son sujetos normales que en un punto enfrentan la posibilidad de quitar de por medio los obstáculos, llámense personas, que se atraviesan en la materialización de sus deseos. Sus lectores quedamos bajo los efectos que suspenden o aminoran la repulsión y el juicio moral. Traspasados esos límites, sus personajes se transforman en seres amorales, sin culpa, que logran realizarse de manera discreta, pero sin duda exitosamente”, apuntó.

El tercer bloque lo dedicó a comentar Cómo se escribe una novela de intriga, y loshizo a partir de la obra de la escritora estadounidense, maestra del noir y el suspense. “Creo que toda buena narración policiaca ofrece estrategias útiles para el desarrollo de cualquier relato que quiera suscitar interés en el lector. No se trata un manual de instrucciones o fórmulas mágicas para escribir libros exitosos, pero sí de señas, guiños, tips e ideas de una autora consagrada que nos permite entrar a su taller o laboratorio de escritura, que cuenta experiencias concretas sobre su quehacer literario y su poética personal”.

Las conferencias magistrales del ciclo Vindictas Mujeres de negro continuarán la próxima semana con Detectives lesbianas en la literatura: la incursión de mujeres homosexuales en un mundo heteropatriarcal, a cargo de Susana Hernández, de España, el lunes 20 a las 11 horas, y Representaciones de los femenino en el género negro, con la también española Marta Sanz, el miércoles 22 a las 11 de la mañana. Las sesiones se transmiten en el canal de YouTube de Libros UNAM, en donde igualmente se pueden ver las conferencias anteriores.

 

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