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No nos hemos deshecho del odio y racismo que dieron pie al Holocausto

Omar Páramo/Damián Mendoza

Entre quienes tomaron por asalto el Capitolio estadounidense el 6 de enero pasado había individuos con sudaderas donde se leía “Camp Auschwitz”, neonazis del NSC-131, letreros que exigían no más legisladores circuncidados y radicales enfundados en playeras negras con un muy críptico “6MWE”, mensaje alfanumérico que significa “6 millions wasn’t enough” (o “seis millones no fueron suficientes”), en alusión a los judíos asesinados durante el Holocausto.

“Por fortuna la humanidad no es esa turba enardecida de Washington, pero las imágenes de esa insurrección nos muestran que la ignorancia, el odio y la violencia siguen ahí, y que siempre habrá individuos que se sientan más valiosos que quienes no comparten sus valores, religión, tono de piel o nacionalidad”, señala Adán García Fajardo.

Sobre por qué hay estadounidenses que dicen defender a su patria al tiempo que se visten con los símbolos de quien fuera el mayor enemigo de su país durante la Segunda Guerra Mundial, el director académico del Museo Memoria y Tolerancia señala que se debe a la ignorancia y al no haber aprendido de la historia, de ahí la importancia de no olvidar.

“A fin de mantener vivo el recuerdo, cada 27 de enero conmemoramos el Día Internacional de las Víctimas del Holocausto, no para llenar el calendario con una efeméride más, sino para tener presentes los peligros del racismo, el antisemitismo y la discriminación sea por raza, nacionalidad, género, ideología o preferencia sexual”.

Y es que para García Fajardo, para no estancarnos en esos vicios es necesario seguir hablando del Holocausto, pese a que haya quienes se digan abrumados por la cantidad de estudios, ensayos, películas y monumentos consagrados al tema. A fin de cuentas, como apuntaba el historiador Yosef Hayim Yerushalmi en su libro Zakhor: “Si ésa es la opción me pronuncio por el exceso antes que por la falta, pues mi terror de olvidar es mayor que mi terror a tener demasiado que recordar”.

Una conmemoración secular

El 27 de enero de 1945 las tropas rusas entraron en Auschwitz y liberaron a los siete mil 650 reclusos que aún merodeaban por el campo, después de que los nazis evacuaran a toda prisa a 58 mil prisioneros con la pretensión de borrar cualquier evidencia de que en aquel sitio se asesinaba a multitudes con una efectividad casi comparable a la observada en las líneas de ensamblaje de Henry Ford.

Auschwitz funcionó cinco años, en ese lapso recibió a un millón 300 mil presos y un millón 100 mil fallecieron en el lugar, lo que arroja un número sobrecogedor: de cada siete que entraban sólo uno salía vivo. Al respecto la filósofa Hannah Arendt escribiría: “Aquello era la imagen del infierno donde se trató de erradicar el concepto de ser humano”.

Aunque de los tiempos del nazismo lo más mencionado es la eliminación sistemática de los judíos, el también fellow de la Universidad Northwestern subraya que no hay que olvidar que los nazis también quisieron acabar con los gitanos, homosexuales, eslavos, anarquistas, discapacitados, indigentes y una larga lista que parecía no tener final.

Para que esto no se repita se requiere un ejercicio constante de la memoria –explica Adán García– y, para ayudar a ello se eligió conmemorar el Día Internacional de las Víctimas del Holocausto justo en la fecha de la liberación de Auschwitz. “Si bien el calendario judío sagrado tiene el Yom Hashoah (יום השואה, en hebreo) para recordar a los fallecidos, el 27 de enero es secular, es decir, no tiene nada de religioso a fin de hacernos partícipes a todos sin distingos”.

En la película Amén (2002), de Costa-Gavras, se narra cómo, pese a las denuncias de que en la Alemania nazi se cometía un genocidio, el Vaticano (y en particular Pío XII, apodado el papa de Hitler) guardó un silencio cómplice. Sobre esto el historiador Ian Kershaw expuso: “La carretera a Auschwitz la construyó el odio y la pavimentó la indiferencia”; para Adán García el sentido de conmemorar el 27 de enero es la de transmitirnos un solo mensaje, el de que no podemos ser indiferentes.

El mundo después de Auschwitz

 La Organización de las Naciones Unidas nació 270 días después de la liberación de Auschwitz, “así de impactante fue descubrir las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial”, señala García Fajardo.

“Además de la ONU, aquel conflicto bélico nos dejó la Declaración Internacional de Derechos Humanos, la Carta de Naciones Unidas, la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, la Comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas, la Corte Penal Internacional, y todo esto como consecuencia de corroborar todos los excesos que puede cometer el hombre”.

Sin embargo, a 76 años de Auschwitz el odio, el racismo y la discriminación siguen ahí y esto se aprecia no sólo en desplantes como los cometidos por los seguidores de Trump en el Capitolio, sino en casos mucho más graves como el genocidio en cámara lenta que se está cometiendo contra los rohingyas en Myanmar, o la persecución que hace muy poco vimos contra los cristianos y yazidíes por parte del Estado islámico, subraya Adán García.

“Ante todo esto ¿qué hacer? Desafortunadamente es iluso creer que la humanidad ya aprendió la lección de una vez y para siempre, pero tener presente a Auschwitz es un recordatorio de que hay cosas que no podemos repetir, y de que debemos seguir caminando”.

 

 

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