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Necesitamos más nefrólogos


La Enfermedad Renal Crónica (ERC) es un problema de salud pública. La cifra anual presentada en México sobre incidencia (nuevos casos) es de aproximadamente 45 mil individuos (346 por millón de habitantes).

En tanto, la prevalencia (pacientes que tienen o tuvieron el padecimiento) es de 188 mil (mil 447 personas por millón de habitantes), indica el académico de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, Pedro Trinidad Ramos.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la tasa global de mortalidad de todas las edades por ERC aumentó 41.5 por ciento de 1990 a 2017.

El también Jefe de Nefrología del Centro Médico Nacional “Siglo XXI” del IMSS considera que ante la problemática que representa la ERC, es vital la prevención de los principales factores de riesgo: diabetes, hipertensión arterial, obesidad y síndrome metabólico.

Al respecto, precisa que hasta febrero de 2022 en nuestro país se contaba con mil 318 médicos nefrólogos certificados: mil 100 para población adulta y 218 para pediátrica.

“Actualmente en nuestro país tenemos 10 nefrólogos por millón de habitantes, de tal manera que lo que recomienda la Organización Panamericana de la Salud (OPS), es 20 nefrólogos por millón de habitantes; es decir, tenemos un déficit de 10 nefrólogos por millón, (50 por ciento), por lo que no se logra la cobertura para atención de pacientes en enfermedades renales”, subrayó.

A propósito del Día Mundial del Riñón que se conmemora cada segundo jueves de marzo, el profesor titular en Nefrología de la FM menciona como uno de los primeros signos clínicos (frecuente, pero no en todos los casos), que evidencia la enfermedad renal es la presencia de edema o hinchazón en extremidades inferiores o párpados.

Otra es que exista descontrol de la presión arterial, cambios en el volumen y frecuencia de orina que puede disminuir o aumentar, así como coloraciones anormales, ya que puede haber hematuria (sangre en la orina) o coluria (orina oscura). Ante este cuadro, se recomienda acudir con el médico de primer contacto, incluso con el especialista.

Sin embargo, Trinidad Ramos resalta que algunas de las causas de la ERC “se mantienen silenciosas” y hasta que el enfermo llega a una fase tardía externa síntomas, de ahí la conveniencia de una evaluación periódica de la funcionalidad renal.

Si un paciente es diabético, recomienda, debe llevar control riguroso de sus niveles de glucosa, y en los alimentos no exagerar en el consumo de contenido calórico porque de hacerlo predispondrá a un descontrol de glucosa que será toxico para el riñón (glucotoxicidad).

La mejor forma de cuidar nuestros riñones, aclara, es la prevención o control de la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad y el síndrome metabólico.

Y es que de acuerdo con cifras citadas por el especialista, correspondientes a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición del 2012 y 2018, denotan incremento en los factores de riesgo.

Hasta 2018, refirió el académico, se conoce que 10.3 por ciento de la población mexicana tuvo conocimiento de que padecía diabetes; la hipertensión arterial se estableció en 18.4 por ciento, y en individuos que superaban los 50 años de edad este porcentaje se elevó hasta 26; finalmente, la obesidad se ubicó en 40 por ciento.

¿Por qué son importantes?

Estos órganos de 12 por seis centímetros y aproximadamente 150 gramos de peso, detalla Trinidad Ramos, tienen varias funciones, una es mantener el equilibrio de nuestro medio interno, es decir, la excreción de sustancias por la ingesta de proteínas.

Otra es eliminar el líquido que le sobra al organismo; regular la presión arterial; cumple funciones de glándula al producir sustancias como la eritropoyetina, cuya función es estimular la medula ósea para producir glóbulos rojos. Asimismo, activa otra hormona que es la vitamina D, la cual sirve para la absorción intestinal.

Cabe mencionar que en su repositorio digital de tesis, la UNAM cuenta con 245 trabajos recepcionales de distintos grados abocados a los riñones. En los próximos meses cumplirá 100 años de investigación en este rubro con uno de los primeros que data de 1923, la tesis: “Breves consideraciones sobre riñón flotante y su tratamiento quirúrgico”, el cual presentó José Gámez Márquez para obtener el título de Médico Cirujano.