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Mexicanismo e indigenismos enriquecen al español y otras lenguas

Fernando Guzmán Aguilar / Leyla Cárdenas
La mexicanidad radica con frecuencia en la capacidad de construir de manera creativa acepciones de palabras que han estado siempre en el caudal léxico del español. Muchas veces son formas complejas en las que se combinan dos o más palabras y se crea un significado nuevo: no que no, a todo mecate y hazme el paro

 

Sí hay un español a la mexicana, un mexicanismo que es un modo fonológico y escrito, como también hay un guatemaltequismo para Guatemala, un ecuatorianismo para Ecuador o un españolismo para España.

Los mexicanismos son el conjunto de voces, locuciones, expresiones y significados que diferencian el habla de México en cualquiera de sus niveles, popular, culto, interculto, del habla de otros países.

Grosso modo, así los define la doctora Concepción Company Company en el nuevo Diccionario de mexicanismos. Propios y compartidos, que a mediados de 2022 publicará la editorial Planeta.

Por las trayectorias históricas de México (otrora Nueva España, centro del virreinato que se extendía al sur, hasta Panamá y la frontera con Colombia, y al norte, a toda la California y sur de ahora Estados Unidos), compartimos muchos mexicanismos con un número no pequeño de los 19 países que forman Hispanoamérica.

Sí, insiste la investigadora emérita de la UNAM, hay un modo de hablar español de México, pero hay mexicanismos exclusivos o propios del país y otros compartidos o generalizados.

¿Qué es nuestro y de nadie más? Los mexicanismos exclusivos son pocos y están acotados a regiones como Sonora, Sinaloa o Yucatán. El nuevo diccionario de mexicanismos incluye una lista, que es relativamente pequeña.

Para el diccionario de mexicanismos “hicimos un trabajo contrastivo para saber quiénes somos y cómo hablamos, porque en el modo de hablar va nuestra identidad y nuestro modo de entender el mundo”.

Fue también un trabajo diferencial respecto de España e integral respecto de América, “porque nos dimos cuenta de que si nos quedábamos solo con mexicanismos no compartidos, nuestro diccionario iba a tener 80 páginas. El diccionario tiene ahora casi 2000 páginas. Son 15 mil entradas. A veces una entrada tiene muchísimas acepciones”.


Indigenismo no es sinónimo de mexicanismo

Los mexicanismos generalizados “son un regalo de México para el mundo tanto en la forma, en la palabra, como en el referente”, dice Company Company, investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas.

Por ejemplo, taco, aguacate, chocolate, ajolote (este último endémico de México y de moda en el arte) y cacao son mexicanismos generalizados y no hay otra forma de llamarlos en el mundo.

Tomate es un indigenismo generalizado en todas las lenguas. En italiano es ‘tomato’. Chicle (látex que se extrae del chicozapote) es un indigenismo, pero está totalmente generalizado. En Estados Unidos hay una marca registrada como Chiclets.

También hay indigenismos que ni siquiera usamos. Tiza solo la utilizamos para talco y para entalcar el palo del billar. En cambio, usamos gis (palabra del latín gypsu que nos llegó posiblemente desde el inglés), cilindro de yeso, para escribir en el pizarrón. Tiza (nahuatlismo) pasó a España y a otros países hispanohablantes, donde se usa para referirse a crayón, palabra que es un galicismo.

Hay una confusión en general en los hablantes. Creen que un indigenismo es sinónimo de mexicanismo. Algunos sí provienen de lenguas originales, mesoamerindias. Machote, por ejemplo, es un nahuatlismo que se usa en toda Centroamérica, incluso en Venezuela y gran parte de Estados Unidos, para referirse a formato o forma impresa ya prellenada.

Molcajete y chocolate son indigenismos y mexicanismos, pero hay mexicanismos que “no tienen origen indígena para nada” y son caracterizadores del habla de México.

Palabras simples como banqueta (relacionada con banca y banco) o diminutivas como ahorita y ahorititita o estas con ‘les’ de refuerzo intensivo: órale (adverbio), híjole (sustantivo), apúrale, vuélale, pícale, chíngale (verbos)… son “actos de habla directa”, mexicanismos que no tienen nada que ver con el mundo indígena.


Combinatorias con nuevo significado

Para la doctora Concepción Company Company, algo que caracteriza al español de México es el uso de una ‘s’, ya no como plural sino “reinterpretada como intensivo”. Es el caso de aguas, mocos, madres, moles (este último es indigenismo, el resto no). Esa ‘s’ es un mexicanismo y la reinterpretamos como un intensificador: “Ese plural ‘más de uno’ está reinterpretado como intensivo”.

La mexicanidad, agrega la investigadora, radica con frecuencia en la capacidad de construir de manera creativa palabras que han estado siempre en el caudal léxico del español. Son formas complejas en las que se combinan dos o más palabras y se crea un significado nuevo. Con la palabra ‘no’, cuando se dice no que no, es una afirmación rotunda; se confirma algo de lo que no se tiene duda y de lo que el oyente probablemente dudaba. Combinaciones similares son no hay de otra, no hay tos y no durar ni para el arranque.

Muchas veces son combinatorias de palabras indígenas con latinas. A todo mecate y a darle que es mole de olla son mexicanismos, así como la frase, no correcta políticamente en estos días de feminismo: buena pa’l petate, mala pa’l metate.

Metáforas machistas

Hay palabras del español en general que en México han adquirido una frecuencia de uso mucho mayor; es el caso de ‘agarrar’ y ‘tomar’. No solo se toman líquidos, sino que se toma o agarra al niño, el camión, se toma todo. “El verbo ‘coger’ se especializó sexualmente”. Al restringirse su uso al mundo erótico-sexual, se generalizaron dos verbos, ‘agarrar’ y ‘tomar’, con poca frecuencia en otras variantes del español.

—¿Cómo se da el machismo en los mexicanismos?

La lengua, repositorio de usos y costumbres, sedimentado históricamente, no incita al machismo, recoge lo que está en la cultura.

Así, agrega la doctora Company Company, en un país machista como México, existen cientos de metáforas asociadas al pene, superan las 400. Frases como arrimar el camarón es una vulgaridad, terrible, por su significado de gran machismo. En cambio, para nombrar al órgano femenino no llegan a 30 denominaciones. “Las mujeres no existen en la sexualidad; solo como objetos de posesión sexual”.

Tampoco hay nombres de la sexualidad femenina como mexicanismos o hay muy pocos. La palabra ‘papaya’, por ejemplo, para referirse al órgano sexual femenino, es compartida por otros países de América. Y en algunos es tabú. En el Caribe, a la papaya se le dice ‘fruta bomba’, prueba de que papaya es tabú.

“El léxico en el español de México muestra una relación asimétrica de una gran agentividad masculina y pacientividad femenina”. Y también es muy despectivo para referirse a los homosexuales. Es de susto, hay decenas de palabras para referirse a ellos. La palabra ‘puto’ está documentada desde 1540. Otra para referirse a los homosexuales es ‘joto’.

‘Perro’ y ‘perra’ son femenino y masculino, pero hay cierta predilección en los mexicanos para insultarse en femenino: no seas perra, con lo cual degradan más a la mujer.

—¿La palabra chingada nos da identidad a los mexicanos?

Chingar es un indigenismo. Generar pronominalidad (meter pronombres átonos) a este verbo es algo que hacemos los mexicanos. Ejemplos: chingarle para acabar una tarea o actividad, chingarse uno mismo, chingar al otro, chingarse (trabajar enormemente), chingarse unos tacos (comer con fruición), etcétera.

Sin embargo, chingar y chingada están ya en muchos dialectos del español, en muchas variantes de nuestro idioma, que es hablado por 500 millones de personas en el mundo. Es un mexicanismo ya generalizado. Aparece inclusive en el cine español y latinoamericano.

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