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Marchar por la ciencia, algo nunca visto

Omar Páramo

El 22 de abril, en 500 ciudades de todo el orbe, miles de personas salieron a las calles como parte de la Marcha por la Ciencia, movimiento surgido en Estados Unidos en respuesta a las políticas de Donald Trump en el rubro, pero que se ha extendido por los cinco continentes para señalar la poca atención que ponen los gobiernos de casi todos los países al quehacer científico.

“Es común escuchar de marchas por la paz, la equidad social o el medio ambiente, pero nunca habíamos oído de una por la ciencia; por ello, la de este sábado será tan importante, pues es la primera que visibiliza esta actividad, señaló Daniela Tarhuni, jefa del área de Extensión Académica del Centro Peninsular en Humanidades y en Ciencias Sociales (CEPHCIS) de la UNAM, en Mérida, Yucatán.

Por tratarse de un evento inédito, este llamado a tomar plazas públicas ha superado cualquier expectativa inicial, al grado de que aunque originalmente sólo se celebraría en la capital de EU, en apenas tres meses se hizo global. Lo sorprendente es que algo de tales alcances tiene su semilla en un post solitario, fechado el 20 de enero por el usuario de Reddit beaverteeth92, el cual simplemente decía: “Deberían marchar los científicos en Washington”.

Al respecto, Tarhuni Navarro acotó: “Que esto haya permeado a nivel planetario se explica por las nuevas tecnologías y la penetración de las redes sociales, pero también se debe a Trump, quien en su empecinamiento por negar el origen antropogénico del cambio climático puso los reflectores en este movimiento”.

Sin embargo, la clave para que esto calara tan hondo en gente de tan diversas nacionalidades fueron sus principios, pues se trata de una propuesta emanada de ciudadanos dedicados a la ciencia que, sin partidismo alguno, enarbolan su profesión como una vía para enfrentar los desafíos globales y, con argumentos sólidos, exigen a mandatarios y tomadores de decisiones establecer políticas basadas en la evidencia científica, agregó la universitaria.

Un llamado a la participación

Como periodista de ciencia, Tarhuni escribe una columna en el periódico La Jornada Maya, además de colaborar en diversos programas de radio, trincheras desde donde ha abogado por realizar estas marchas en todo el país y, en particular, en Mérida.

Sobre esta promoción, la comunicóloga dijo que se trata de una labor necesaria, pues al igual que en otros estados, en el público yucateco parece privar confusión y recelo. “Sin embargo, llevar esta manifestación a buen puerto ayudará a evidenciar muchas cosas, como la crisis nacional derivada de los recortes presupuestales en ciencia y tecnología que nos alejan peligrosamente del uno por ciento del PIB que debería invertirse, como mínimo, en el renglón”.

A decir de Tarhuni, otro aspecto que también ha causado división son las inconformidades de los estudiantes de posgrado por el cambio de salarios mínimos a UMAS como base para establecer el monto de sus becas, así como por la poca claridad del Conacyt al asignarlas, lo que ha hecho que muchos investigadores e instituciones asuman que la presencia de estos alumnos hará que las críticas se centren sólo en política científica, lo cual no es del todo cierto, aunque tampoco garantiza que se invisibilizarán estas problemáticas.

“No obstante, hay un buen número de investigadores y estudiantes entusiasmados y que participarán de manera activa para hacer visibles sus investigaciones ante la sociedad en general. Nuestro objetivo es sumar al mayor número de personas posible para, más allá de congregar multitudes, establecer nuevos modelos de participación de los científicos dentro de la sociedad”.

Para Tarhuni es responsabilidad de quienes integren la marcha denunciar que el sistema científico nacional enfrenta una crisis insoslayable. “El país necesita incorporar la visión de investigadores, estudiantes y diversos grupos de la sociedad civil organizada, pues sus inquietudes sobre la ciencia no han encontrado eco en Conacyt, en las cámaras legislativas o en la Secretaría de Hacienda”.

La convocatoria, una moneda en el aire

Daniela Tarhuni sabe que, para la Marcha por la Ciencia y sus objetivos, la moneda está en el aire, pues mucho de lo que se logre el sábado dependerá de la cantidad de individuos reunidos. “Para mí sería increíble que la convocatoria fuera masiva y ver en un mismo lugar al ciudadano de a pie y a la comunidad científica del país”.

Ello demostraría que los investigadores y académicos están dispuestos a asumir el papel activo que les demanda la sociedad y que, en contraparte, la gente desvinculada de esta labor está deseosa de escuchar sobre lo que se hace en este rubro, planteó.

“También es factible que la convocatoria sea escasa. De ser tal el escenario, en vez de desanimarnos estaremos obligados a redoblar esfuerzos para llegar a cada vez más personas. En vez de en términos cuantitativos me gusta pensar en cualitativos; por ello, si incidimos aunque sea en un grupo poblacional pequeño y hacemos que éste quiera saber más de ciencia, esta marcha habrá representado un paso hacia mejores futuros”.

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