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Lula gana en Brasil: el reto es la desigualdad social

Michel Olguín Lacunza

El candidato Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones en Brasil con 50.9 por ciento de respaldo frente al 49.1 por ciento que obtuvo Jair Bolsonaro representante de la derecha. Ahora como presidente, el principal reto de Lula es enfrentar la desigualdad social y económica que vive el país, dijo Polette Rivero Villaverde, investigadora del Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Lula entra con una crisis económica muy fuerte en Brasil y en un contexto internacional con niveles de inflación altísimos. Le tocará crear una estrategia para sacar a millones de brasileños de problemas muy elementales como el hambre y la falta de agua, entre otros.

Deberá también reactivar la economía sin extractivismo para proteger los recursos naturales y así revertir la actual explotación desmedida, dijo la investigadora universitaria, y agregó que deberá promover una alianza con sus socios de las últimas décadas, ya sea fuera y dentro de la región.

El reto que deja el gobierno anterior

Otro de los retos que deja el presidente Bolsonaro es la devastación en la selva de la Amazonia, unos de los grandes pulmones y repertorios de biodiversidad, no sólo de la región sino del mundo y que ahora está devastada.

La tala para la extracción de madera y minerales (particularmente de oro) y el uso de las tierras para el agronegocio fueron primordiales en el gobierno de Bolsonaro. De hecho, la riqueza económica de Brasil ha estado basada en el sector primario, es decir la explotación de la naturaleza. Tan sólo en estos tres primeros años se ha perdido más del 18 por ciento de la biodiversidad de esta área, es decir, alrededor de 43 mil kms de vegetación.

Al presidente Lula da Silva le toca cambiar esta política económica y dejar de respaldarla en la explotación de la naturaleza, opina la doctora Rivero.

En Latinoamérica

Brasil tiene un papel muy importante en Latinoamérica. La investigadora universitaria opina que los gobiernos de carácter progresista de la región harán eco del triunfo de Lula.

La experta universitaria explica que actualmente el mundo está configurado hegemónicamente, y que el papel que jueguen los gobiernos con voces plurales marcarán una gran diferencia. Estos privilegian una política social y se vuelven los interlocutores de los pueblos. Además, estos gobiernos progresistas dejaron de privilegiar el comercio con Estados Unidos y abrieron canales con otras regiones de África, Asia, China.

En un momento de crisis, considera Rivero, “necesitamos gobiernos que puedan dialogar con su pueblos”.

Antecedentes presidenciales de Lula

Durante el anterior gobierno de Lula da Silva disminuyó la desigualdad económica en el país. Muchas personas salieron de la pobreza extrema y se incrementaron los programas para financiar la salud, la educación y la alimentación. Actualmente, Lula tiene un programa muy fuerte para combatir el hambre.

En el contexto internacional se dio un alza en los precios de las mercancías llamadas comodities (oro, plata, cobre, níquel, platino, zinc, aluminio, etc.), además de otras materias primas como el maíz, la soya y el petróleo.

Con el aumento de los precios en los minerales a nivel mundial, Brasil pudo recibir una entrada económica que le permitió a Lula distribuir el ingreso en programas sociales.

Así fue que Brasil redujo la desigualdad social y no se disminuyeron los privilegios a las empresas de gran capital. Esto le permitió a Lula da Silva salir con más del 80 por ciento de aprobación de la población.

Contexto durante elecciones

Las elecciones en la segunda vuelta marcaron una gran polarización, tanto de los votantes como de la situación social en general, dijo la académica universitaria.

En las últimas semanas, después de la primera vuelta se observó un margen muy reducido entre los dos candidatos. Además, se evidenció una fuerte tensión que se manifestó en los espacios públicos. Particularmente por parte de la derecha de Bolsonaro, quienes realizaron algunas manifestaciones de odio. Por ejemplo, en el norte de Brasil (uno de los bastiones del candidato de izquierda) los pastores de las iglesias anunciaron que Lula promovía el cierre de las iglesias. También se difundió a través de los medios de comunicación que Lula fue corrupto durante su mandato anterior, lo que impactó negativamente en la opinión pública.

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