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Lo sagrado y lo profano se dan la mano al son del Huapango

Fernando Guzmán Aguilar
Los sones de costumbre, dimensión sónica que presenta la cosmovisión de los pueblos indígenas de la Huasteca

El huapango o son huasteco convoca a una diversidad cultural que lo asume como canto, música y baile sobre un tablado, dice el etnomusicólogo Juan Guillermo Contreras. 

La región donde se toca huapango va más allá de la Huasteca, del Totonacapan. Como agua, ha inundado otras zonas. Tradicional en Veracruz, San Luis Potosí, Tamaulipas, Hidalgo y Puebla, se ha esparcido a Guanajuato y Querétaro.

El huapango —dice el profesor de la Facultad de Música de la UNAM— da congruencia regional a los tenek o huastecos, a los pames, ñañus u otomíes, totonacas y nahuas. Participan también mestizos.

A ciencia cierta no se sabe el origen de la palabra huapango. Hay tres posturas: 1) Proviene de “cuauhpanco”, que en náhuatl significa leño de madera; “ipan”, sobre el y “co”, lugar.  O sea, sobre el tablado. 2) Es una alusión a los pobladores del Pango o Río Pánuco, “región donde quizá surgió”. 3) Es una denominación de origen africano, como tango y fandango, que en América Latina alude a la fiesta.

La fiesta en paz

El huapango es una fiesta con muchos matices. Unos paganos, otros involucrados en un contexto ritual. Por eso hay tanto repertorio, que incluye a los sones de costumbre, dimensión sónica que presenta la cosmovisión de los pueblos indígenas de la Huasteca.

Los sones de costumbre conforman parte de su memoria colectiva al ser vehículos de significados sociales que se trasmiten de generación en generación a través de formas sonoras.

Cantan sones como El emperador, el Xochipitzahua o, en Puebla, xuchilsones o xuchiles, anota el investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez (CENIDIM) del INBAL.

Mucho del repertorio del son huasteco es de raíz precolombina, como el Xochipitzahua (significa mujer menudita y tiene que ver con la virginidad). Es costumbre tocarlo en un casamiento y cantarlo a la mujer. Pero también se toca en el Día de Muertos. 

En los fandangos, sobre todo en algunas comunidades de la Huasteca, el huapango o son huasteco sirve para empezar y terminar la fiesta, es como una forma moral “para llevar siempre la fiesta en paz”.

 Músicas intercaladas

En el huapango se juntan ritos o danzas ceremoniales que en algunas comunidades llaman el mitote, que tiene sus sesgos y sus usos.

El mitote, agrega el maestro Contreras, van intercaladas muchas músicas, como Xochilpizahua, que fueron y siguen siendo rituales, en las bodas que es la vida o en la muerte que es el Xantolo o Día de Muertos.

En la Huasteca diferencian bien los sones: los rápidos son para la fiesta, para llegar a la catarsis (la Guazanga, el Aguanieve y el Caimán), y los lentos para enamorar, cortejar, despedirse o recordar (el Llorar, el Fandanguito, las Canastas, el Tepecintleco). El Emperador se toca al final de una danza o acto ritual y el son el Llorar para concluir el huapango o fandango. 

“Somos alegres, pero también bien llorones. De ahí el éxito de esas canciones tan llegadoras al pecho de José Alfredo Jiménez”.

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