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La escritura, una vía para explorar las sexualidades diversas

Omar Páramo/Myriam Nuñez
El Laboratorio de Escrituras Disidentes es un espacio auspiciado por el Museo del Chopo y abierto a integrantes de la disidencia sexogenérica

El año pasado la escritora Sylvia Aguilar Zéleny leyó en un libro de Jenn Shapland una frase que le cortó el aliento: “Uno no sale del clóset una sola vez, sino toda la vida”, pues esto además de recordarle lo que viven a diario millones que, como ella, habitan la diversidad, le hizo pensar en algo de lo que siempre se quejaba una amiga suya, “no veo a los heterosexuales explicando en cada reunión su preferencia, ¿por qué debo yo presentar lo que represento?”.

Además de traslucirlo en algunos de sus cuentos, la literata ha publicado artículos testimoniales donde ventila lo que le significó confesarle a su madre que tenía novia, y el deber ocultárselo a su padre “porque él no lo entendería”. Sobre este ejercicio de analizar el pasado a golpe de teclas ella es tajante: “No digo que la escritura deba ser un ejercicio terapéutico, aunque en el fondo lo es”.

Con esto como precedente, la sonorense y la gestora cultural Abril Castro diseñaron el Laboratorio de Escrituras Disidentes, un espacio auspiciado por el Museo del Chopo y abierto a integrantes de la disidencia sexogenérica dispuestos a escribir de sí mismos desde la no ficción. Ya lo decía Christopher Bram en el inicio del libro Eminent outlaws: “La revolución gay comenzó como una revolución literaria”.

Sylvia Aguilar está clara en que con su taller-seminario no busca encender revoluciones —la cita es sólo para destacar la importancia del escribir para despertar conciencias—, y también sabe que hoy la palabra gay se queda muy corta al englobar lo diverso, pues las siglas LGBT abarcan mucho más, y cada año se van sumando otras letras.

“Lo que sí deseábamos con el laboratorio era crear un espacio dulce, de acompañamiento, empatía y compasión por uno mismo, pues muchos de que quienes se están conociendo suelen ser muy severos consigo y aseguran: yo no tengo nada qué decir o compartir, cuando en realidad guardan dentro demasiadas palabras que buscan salida”.

El libro de Jenn Shapland que leyó Aguilar Zéleny en 2020, en pleno confinamiento por la pandemia, se llama My autobiography of Carson McCullers y, en él, la autora narra a manera de confesión que cuando ella invitó a su novia a casa, su madre la repudió por tener un amor sáfico y el impacto le fue tanto que no pudo escribir durante años.

“Comprometerse con lo planteado no será fácil; quienes participen deberán desarrollar narrativas personales íntimas, atravesadas con frecuencia por violencias de casa. Por ello hemos contemplado lo necesario para ofrecer acompañamiento, seriedad y visión crítica a lo largo del camino. El objetivo es seguir escribiendo pese a todo”.

Un refugio para todes

Sylvia Aguilar vive en El Paso y da clases de Literatura Creativa en la Universidad de Texas, mientras que su compañera en esta aventura, Abril Castro, reside en Madrid. Coordinar a la par un laboratorio de estas características y desde lados tan opuestos del mundo para ellas no representa problema porque, según ambas, la literatura trasciende toda geografía, “sucede en el aquí y en el ahora”.

Por lo mismo, los instructores que guiarán las actividades del taller-seminario son de diversas nacionalidades, como Nadia Cortés, terapeuta narrativa de México; JD Pluecker, escritore y traductore de Estados Unidos; Isabel Díaz Alanís, de la Universidad de Pensilvania; la peruana Gabriela Wiener, autora del libro de periodismo gonzo Sexografías; la novelista argentina Gabriela Cabezón Cámara; el transfeminista y documentalista español Kani Lapuerta, y los grupos Mujeres al Borde de Colombia y Mujeres Creando, de Bolivia.

“La invitación es para cualquier persona latinoamericana de la disidencia sexogenérica que quiera escribir de sí. El laboratorio constará de cuatro módulos a desarrollarse de julio a noviembre. La idea es que, quienes participen (tras llenar este formulario), generen materia prima, exploren formas, lenguajes y géneros, y construyan una historia personal que al final se publicará”, explica Abril Castro.

Sobre sus razones para coordinar un espacio como éste, Sylvia Aguilar explica que, para alguien como ella, que en un principio no consideraba dedicarse a la literatura sino ser maestra de inglés, un experimento de este alcance le hubiera ayudado a tomar rumbo, ya que comenzó a escribir cuentos sin brújula y casi a tientas, hasta que se demostró que lo hacía bien, y que podía vivir de y para ello.

“Por lo mismo digo que creamos el laboratorio de nuestros sueños. Siempre he sido de la idea de que, si algo no existe, es necesario hacerlo realidad. Sobre si este proyecto seguirá en el futuro no lo sé, aunque puede que aquí me mienta un poco pues recién me descubrí, casi sin querer, planeando ya lo que haremos el siguiente año”.

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