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Guerra de Ucrania: la unidad de la UE podría no sostenerse a largo plazo

Leonardo Huerta Mendoza / Myriam Nuñez

A lo que Vladimir Putin llamó una “operación especial”, el jueves 24 de febrero, aproximadamente a las seis de la mañana, fuego de artillería y misiles rusos empezaron a caer en algunas ciudades de Ucrania, como Kiev, Dnipro y Járkov, entre otras poblaciones. Poco después las tropas rusas de tierra cruzaron la frontera ucraniana, con lo que inició una guerra a la que no se le avizora fin.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha respaldado a Ucrania con miles de millones de euros en armas defensivas. Por su parte, la Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, entre otros países, impusieron sanciones a Rusia, que incluyen restricciones al comercio y al sector energético, y congelaron las cuentas bancarias de numerosos personajes rusos en Europa.

Las consecuencias económicas de la guerra se sienten alrededor del mundo y han ensombrecido la anhelada recuperación. Los precios del gas y el petróleo han aumentado junto con el de la electricidad. También los precios de los alimentos se han incrementado, lo que ha dado lugar a una inflación mundial que no se había visto en décadas.

La OTAN y Rusia

La OTAN es una alianza militar que surgió en 1949 para contener a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y su influencia en la expansión del comunismo. Los países fundadores fueron Estados Unidos, Canadá y diez estados europeos.

La Unión Soviética respondió creando, en 1955, el Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua, mejor conocido como Pacto de Varsovia, formado por países que cayeron bajo su esfera de influencia. Con la caída de la cortina de hierro y la disolución de la URSS en diciembre de 1991, terminó la etapa conocida como Guerra Fría.

El Pacto de Varsovia desapareció, pero la OTAN se mantuvo e inició un proceso de adaptación, lo que incluyó la redefinición de las amenazas y el ingreso de nuevos países a la Alianza. También vinieron sus intervenciones en Yugoslavia, Afganistán y Libia. La expansión hacia el Este Europeo, incorporando a los países que estaban dentro de la esfera de influencia de la ex Unión Soviética, ha sido identificada por Rusia como asunto de seguridad nacional.

“Algunos diplomáticos y académicos estadounidenses, como George Kennan, advertían desde entonces que expandir la OTAN hacia el Este era un error porque Rusia iba a reaccionar. Por otro lado, están los intereses nacionales y las consideraciones de seguridad nacional de esos países, especialmente respecto de Rusia, para unirse a la Alianza Atlántica”, señala Yadira Gálvez Salvador, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.


En la Cumbre de la OTAN celebrada en junio de este año en España, se adoptó el nuevo concepto estratégico de la organización que identifica a Rusia como su principal amenaza.

“A pesar de las dinámicas propias de amistad/enemistad entre ambos actores, como los cortes al suministro del gas o el conflicto en la república exsoviética de Georgia, el concepto estratégico de 2010 hacía referencia a la relevancia de la cooperación OTAN-Rusia para la seguridad europea. De ese escenario, pasamos a la reacción frente a la anexión de Crimea en 2014 y las consideraciones plasmadas en la Agenda OTAN 2030, hasta llegar a la identificación de Rusia como la amenaza directa más importante para los miembros de la organización”, explica la académica.

Un aspecto importante de la Cumbre de Madrid de 2022 fue la participación de un grupo de países invitados: Australia, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Japón, como aliados en Asia Pacífico. También estuvieron presentes Suecia y Finlandia, como candidatos a unirse a la OTAN, así como Ucrania y Georgia.

Ahora bien, no hay que perder de vista que recientemente Vladimir Putin estuvo en una gira buscando alianzas. Primero visitó Tayikistán, una república exsoviética en el centro de Asia, y después Turkmenistán, otra república exsoviética, para asistir a una cumbre de países del mar Caspio. Además, visitó Irán, país del que recibió apoyo.

“La guerra en Ucrania no sólo ha tenido como consecuencia un reposicionamiento de la OTAN, sino también la reafirmación y recomposición de alianzas. La competencia estratégica se da en diversos planos: económico, científico, tecnológico, militar e ideológico. Estamos viendo cómo se están articulando los bloques, a partir de valores e intereses comunes, incluida la percepción e identificación de las amenazas. La participación de los países de Asia Pacífico en la Cumbre también está relacionada con las percepciones sobre China”, afirma la investigadora.

Finlandia y Suecia han decidido incorporarse a la OTAN rompiendo con su tradicional política de neutralidad. Las encuestas revelan que se ha incrementado el apoyo de la ciudadanía al ingreso a la OTAN porque se sienten más seguros dentro de esta organización.


Para Gálvez Salvador, “su interés por sumarse da cuenta de la relevancia que adquiere el artículo 5 del Tratado de Washington sobre defensa colectiva y la disuasión. Veremos más tensiones con Rusia, en una clara lógica de acción-reacción. Ahí están las advertencias de Putin al respecto”.

Las sanciones también afectan a la Unión Europea

Hasta ahora la Unión Europea ha mantenido una respuesta unificada frente a Rusia. “La acción de Rusia sobre Ucrania es injustificable. Más allá de las diferencias que están empezando a aflorar, por ejemplo, con Hungría, la Unión Europea rechaza la invasión y la considera un asunto de seguridad común. Su postura es en defensa de la integridad territorial de Ucrania”, explica la académica universitaria.

Tras la anexión de Crimea en 2014, la Unión Europea impuso a Rusia una serie de sanciones que ha ampliado a partir de la invasión a Ucrania. El sexto paquete aprobado por el Consejo Europeo incluye la prohibición de la compra de petróleo crudo, que se aplicará de manera gradual. Sin embargo, las sanciones también afectan a las economías del viejo continente.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha afirmado que “la protección de la libertad de los europeos tiene un precio que están dispuestos a pagar”. Desde el inicio se advertía que estas acciones podrían no tener impactos inmediatos en Rusia y generar efectos adversos para la Unión Europea.

“A nivel social, creo que todavía vamos a ver en los siguientes meses una solidaridad muy amplia con Ucrania, que incluye mantener el apoyo para su defensa y posterior reconstrucción, así como las sanciones a Rusia. Hasta ahora, la UE ha respondido con unidad, aunque tampoco hay garantías de que eso se sostenga en el largo plazo”, dice Gálvez Salvador.

Entre más se prolongue la guerra, pueden aparecer o profundizarse las diferencias entre los miembros de la UE en temas sensibles, como la energía. Además, puede haber una reacción social cuando la guerra golpee el bienestar de los electores.

 “La guerra es muy costosa. En primer lugar, está la pérdida de vidas humanas, los desplazamientos y la destrucción. Tenemos también las transferencias de equipo militar y económicas, los millones de euros que se necesitarán para la reconstrucción. Por supuesto, los efectos en la economía y el bienestar a escala global, entre otros aspectos, y también hay preocupaciones sobre la crisis alimentaria”, afirma la académica.

China, competidor estratégico

Desde hace tiempo, Estados Unidos ha considerado a China como un competidor estratégico. De hecho, la estrategia de seguridad de Donald Trump identificó a China y a Rusia como países desafiantes a la hegemonía estadounidense y que buscan un orden internacional distinto a los valores, intereses y principios de Estados Unidos. El gobierno de Biden también ha considerado a China como una amenaza a largo plazo.

 

“China está en un proceso de modernización de sus fuerzas armadas y de ampliación y desarrollo de capacidades militares, incluidas armas de tecnología de punta. Aunque su gobierno afirma que el objetivo es la defensa y disuasión, estas acciones generan reacciones y desconfianza en otros países en el actual contexto de multipolaridad, competencia y confrontaciones. Estados Unidos ha advertido sobre el incremento acelerado de su capacidad militar y su poder tecnológico. Las preocupaciones también se centran en la arena del ciberespacio, particularmente en los ataques cibernéticos y el ciberespionaje al gobierno e industrias y el manejo de la información”, explica la investigadora.

“En el caso de la OTAN, el nuevo concepto estratégico identifica a China como un desafío, llevando la confrontación también al espacio asiático”, finalizó la profesora Gálvez.

 

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