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UNA AMPUTACIÓN Y UNA RED DE APOYO CAMBIAN LA VIDA DE SAMUEL

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  • Samuel Mendo es el primer beneficiario del convenio entre la UNAM y el Instituto Nacional de Rehabilitación para atender a personas que han perdido alguna extremidad
  •  La rehabilitación integral, clave en el proceso de protetización

La vida de Carlos Samuel Mendo de Ángel cambió tras un accidente de motocicleta que le provocó la pérdida de una pierna. Lo que comenzó como una emergencia médica cuando cursaba los últimos semestres de la licenciatura en Derecho en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, se transformó, meses después, en una historia de rehabilitación, acompañamiento institucional y recuperación de proyectos personales.

Hoy, el joven de 24 años camina gracias al trabajo conjunto de la UNAM y el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), convirtiéndose en el primer beneficiario del convenio de colaboración que ambas instituciones impulsan para fortalecer el acceso a prótesis y órtesis en el país.

El caso de Samuel refleja una problemática creciente en México. Según el Cuarto Reporte Trimestral de Hechos de Tránsito 2025 de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México, durante ese año más de 15 mil motociclistas sufrieron daños físicos en diversos percances, cifra que se duplicó respecto a 2019. Tan sólo en el trimestre referido, los motociclistas concentraron el 48.8 por ciento de los lesionados por incidentes viales (tres mil 888 de los siete mil 972 casos reportados).

“Me derrapé a causa de un bache y me estampé contra otro vehículo, lo que me provocó una fractura expuesta que me hizo entrar en shock. Hasta la hospitalización empecé a procesar lo sucedido”, recuerda.

Las lesiones fueron tan severas que permaneció dos meses internado. Durante ese tiempo le practicaron múltiples procedimientos médicos que, desde su perspectiva, no daban los resultados esperados. Entonces tomó una decisión que marcaría el resto de su recuperación.

“Sentía que los lavados y que todo el proceso que me realizaban no me llevaba a nada. Estaba en octavo y noveno semestre cuando ocurrió el accidente y no quería detener mi vida ni mis estudios. Por eso decidí que me amputaran la pierna”, destaca.

La batalla que nadie ve

Aunque la amputación resolvió una emergencia médica, abrió una etapa distinta. Más allá de las dificultades físicas, Samuel enfrentó cambios emocionales, sociales y familiares que suelen pasar inadvertidos. Su rutina se volvió más compleja: lo que antes implicaba levantarse e ir a clases ahora requería tiempo adicional para preparar el cuerpo, organizar traslados y reunir energía suficiente para enfrentar cada jornada.

“Mi familia quería que me tomara un año sabático para recuperarme, pero yo sentía que quedarme quieto me iba a afectar más. No podía ni debía detenerme. Lo que más me ayudó fue pensar que estaba cerca de terminar la carrera y que tenía muchas metas por cumplir”, comenta.

El proceso también modificó su manera de relacionarse con los demás. “Las personas te ven diferente. Todo cambia. Fue complicado aceptar que ya no podía ser el joven despreocupado de antes. Sin embargo, tampoco quería dejar de hacer las cosas que me gustaban”.

En ese contexto, el apoyo de familiares y amistades resultó determinante. “Mis amigos nunca me trataron distinto. Nunca fui ‘el Samuel sin una pierna’; siempre fui el mismo. Cuando necesitaba ayuda, ellos me impulsaban y recordaban que era capaz de seguir adelante”, relata.

Una oportunidad dentro de la UNAM

El camino hacia la rehabilitación tomó un giro inesperado cuando Samuel acudió a la FES Aragón para solicitar apoyo académico debido a las complicaciones derivadas de su accidente. Lo que comenzó como una gestión escolar terminó convirtiéndose en la puerta de entrada a un programa especializado que cambiaría el rumbo de su recuperación.

“Me acerqué a la dirección para buscar apoyo con mis materias. Al enterarse de mi situación me hablaron de esta posibilidad y me canalizaron para conocer el programa. Fue algo que llegó sin esperarlo”.

A través de la Unidad de Atención para Personas con Discapacidad (UNAPDI) de la UNAM, Samuel fue vinculado con la Unidad de Investigación en Órtesis y Prótesis de la ENES Juriquilla, una instalación única en el país dedicada a la formación profesional, investigación y al cuidado especializado de pacientes con discapacidad motriz.

Para Melvin Giovanni Arévalo Monge, licenciado en Órtesis y Prótesis y técnico académico de la Unidad, el caso representó una oportunidad para demostrar el potencial de colaboración entre distintas instituciones.

“Samuel vino a través de la UNAPDI. Nosotros ya teníamos una lista de pacientes en espera, pero su llegada coincidió con un momento clave: acababa de firmarse el convenio con el INR, lo que nos permitió diseñar una estrategia de atención mucho más eficiente”, asevera.

El proceso preprotésico

Uno de los aspectos menos conocidos por la población es que la colocación de una prótesis no comienza cuando el paciente recibe el dispositivo; antes está una etapa denominada preprotetización, en la que se prepara física y emocionalmente a la persona para el proceso.

Samuel llegó a la ENES Juriquilla en agosto de 2025; después inició un periodo de acondicionamiento físico que tuvo lugar entre septiembre de 2025 y enero de 2026 en el INR, y al final regresó a la UNAM para continuar con la fase de protetización y ajuste del artefacto. Durante esos meses se realizaron mediciones, evaluaciones biomecánicas, ejercicios de fortalecimiento, trabajo de equilibrio y entrenamiento específico para preparar al muñón (y al resto del cuerpo) para las nuevas condiciones.

“Lo primero fue evaluar mi movilidad, equilibrio y el estado del muñón. Después comenzaron meses de ejercicios y rehabilitación para generar fuerza y estabilidad. Había momentos en los que pensaba que avanzaba poco, pero siempre tuve acompañamiento”, recuerda Samuel.

Arévalo Monge explica que la rehabilitación es tan importante como la prótesis misma. “En muchos lugares de Latinoamérica persiste la idea de que basta con fabricar una prótesis y entregarla, pero la realidad es otra. Si el usuario no recibe rehabilitación adecuada, muchas veces termina dejándola debajo de la cama porque no logra adaptarse”.

Un modelo que vincula salud, ciencia y educación

Atender a Samuel fue posible por el convenio firmado en febrero de 2025 entre la UNAM; las secretarías de Salud y de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, y los institutos nacionales de Rehabilitación y de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. El acuerdo busca fortalecer la formación de especialistas, impulsar la investigación aplicada y desarrollar tecnología nacional para la fabricación de órtesis y prótesis.

Para Daniel Pérez Arreguín, responsable de la Unidad de Investigación en Órtesis y Prótesis de la ENES Juriquilla, la relevancia del convenio radica en que acerca dos sectores que trabajaban de manera separada. “Las instituciones de salud aportan su experiencia clínica y médica, y la UNAM conocimiento, infraestructura tecnológica y formación profesional. Si ambos sectores laboran juntos, el beneficiado final es el paciente”.

El especialista destaca que la Unidad no funciona como una fábrica de dichos dispositivos, sino como un espacio donde convergen la educación, la investigación y el servicio social. “Cada caso que atendemos sirve para formar estudiantes, hacer avanzar a la ciencia y desarrollar mejores soluciones para futuras generaciones de usuarios”.

Después de nueve meses de trabajo, llegó el momento más esperado. Samuel recibió primero una prótesis de prueba para verificar ajustes y realizar correcciones, y después comenzó un periodo intensivo de entrenamiento en el que aprendió a caminar de nuevo, a subir escaleras, a mantener el equilibrio e incluso a caer de manera segura.

“Tenía muchos nervios y pensaba: ‘¿y si no funciona?, ¿y si no puedo hacerlo?’, pero cuando me la colocaron y di unos pasos sentí algo increíble. Habían pasado casi diez meses desde la última vez que me desplacé sin muletas. Aquel instante me significó mucho más que recuperar movilidad, fue hallar la pieza del rompecabezas que faltaba”.

Tras varias semanas de adaptación recibió la prótesis definitiva en mayo de 2026, convirtiéndose en el primer caso de protetización desarrollado bajo este esquema de colaboración entre la ENES Juriquilla y el INR.

Más que una prótesis

Los especialistas coinciden en que el éxito de una prótesis no se mide sólo por su funcionamiento mecánico. “La protetización permite que la persona vuelva a integrarse a actividades que realizaba antes de la amputación. Puede regresar al trabajo, escuela, a la convivencia familiar y a los espacios recreativos. La vida continúa”, explica Melvin Arévalo.

De hecho, el cambio fue evidente en el joven universitario. “Cuando me vieron caminar de nuevo, todos mis amigos y profesores se emocionaron mucho. Sentí que la UNAM me acompañaba en todo momento”.

Actualmente, Samuel trabaja en el área de Recursos Humanos de una empresa que se dedica a aromas y fragancias, estudia y se encuentra en proceso de titulación. Además, planea iniciar una segunda licenciatura en Filosofía. “Quiero seguir estudiando, ejercer mi profesión y ayudar a quienes atraviesan situaciones parecidas a la mía”.

Una necesidad nacional

La historia de Samuel es parte de un desafío mayor. Según datos citados por la Unidad de Investigación en Órtesis y Prótesis, a la fecha hay cerca de 200 licenciados en Órtesis y Prótesis con cédula profesional en el país. Asimismo, estudios recientes estiman que México requiere más de 15 mil especialistas para cubrir, de forma adecuada, la demanda nacional.

Para Daniel Pérez, la solución debe construirse desde las universidades públicas. “La necesidad de los mexicanos no se resuelve sólo entregando dispositivos, sino formando profesionales, generando conocimiento y desarrollando tecnología propia que mejore la atención de las personas”. Mediante la Unidad de Investigación en Órtesis y Prótesis de la ENES Juriquilla, la UNAM mantiene programas de atención, investigación y formación profesional que operan en coordinación con instituciones como el INR. Los interesados pueden acercarse a la Unidad para saber más sobre los servicios disponibles, los requisitos para recibir cuidado y las posibilidades de incorporación a los protocolos institucionales.  Asimismo, aquellos jóvenes que quieran estudiar la licenciatura en Órtesis y Prótesis pueden hacer una visita al lugar para conocer más de esta profesión poco difundida en México, pero con enorme relevancia social.