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¿QUIERES VIVIR DEL ARTE Y LA CULTURA? LA UNAM TE AYUDA

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  • Teatro, costura, rap, danza y encuentros comunitarios se dan cita en este espacio independiente creado por universitarias como parte de una de las 80 iniciativas apoyadas por Piso 16. Laboratorio de Iniciativas Culturales UNAM

Entre el ruido de las avenidas grandes y el ritmo acelerado del norte de la Ciudad de México, hay una puerta que parece esconder otro tiempo. Adentro, el ambiente cambia y nos reciben pasillos transformados en lienzos para los artistas de la zona. En el sitio se escuchan máquinas de coser y el bullicio de jóvenes bailando frente a un espejo, mientras que una esquina es usada como un improvisado foro de teatro y el patio como ágora para discutir sobre política y comunidad. Este lugar es Kantón 17.

Ubicado sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas, en el número 17 de la colonia Peralvillo, este espacio cultural independiente nació en 2023, impulsado por Gissella Mejía y Valentina Guerrero, dos egresadas de la licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Lo que inició como una pequeña iniciativa autogestiva se ha convertido en un punto de encuentro para artistas, jóvenes, mujeres y vecinos de la zona que encontraron aquí algo más que talleres o funciones: hallaron una comunidad. “Queríamos un sitio para encontrarnos”, detalló Gissella Mejía, cofundadora de Kantón 17, mientras recorre el inmueble que también funciona como foro, salón de ensayos y punto de reunión.

“Queríamos un lugar donde las personas pudieran experimentar otras actividades, de forma accesible”. La idea de las jóvenes actrices surgió de una inquietud muy concreta: acercar propuestas culturales a una demarcación a la que pocas veces llegan proyectos independientes, pues en su opinión, éstas suelen concentrarse en el centro y sur de la ciudad, y las demás zonas quedan aisladas de la conversación artística.

“Pensábamos mucho en la democratización de la kultura. Queríamos que la gente de esta zona también tuviera acceso a actividades artísticas, a espacios seguros, a recintos en los cuales convivir”, cuenta Gissella.

Kantón 17 no se pensó como un centro tradicional, sino como un lugar abierto a expresiones excluidas de los circuitos institucionales. Por eso aquí conviven talleres de costura, freestyle, teatro callejero, burlesque, cineclubes, danza, gráfica, rap y encuentros separatistas.

“Nosotras hablamos de kultura con k, porque la que se escribe con c pulula en todos lados. No venimos a traer cosas de otros lados, sino a abrir un espacio para las expresiones que ya están aquí”, explicó Vale.

Esa filosofía convirtió a Kantón 17 en una casa de puertas abiertas donde las actividades son pretexto para construir vínculos. Uno de los ejemplos más claros es el taller de costura, el más longevo en el espacio. Lo que comenzó como una reunión semanal se transformó en una red de apoyo para mujeres de la Peralvillo. Las sesiones, que al inicio eran de dos horas, hoy pueden extenderse hasta cinco, pues nadie quiere irse rápido.

“No sólo vienen a aprender a coser, sino a compartir comida y hablar de su vida. Han encontrado un lugar donde se sienten escuchadas y seguras”, añadió Gissella. Muchas de las asistentes son amas de casa o adultas mayores que hallaron un oasis en medio del caos. “Algunas incluso comienzan a imaginar proyectos propios relacionados con la moda o la confección, impulsadas por la autonomía económica y emocional que han construido colectivamente”.

Ejemplo de ello es Chayito, alumna del taller de costura, quien asegura que asiste para reencontrarse. “Me siento contenta de, a mis 70 años, intentar cosas diferentes. Estoy cumpliendo mi sueño de aprender a hacer algo para mí. Al venir y ver el letrero me dije, ‘de aquí soy’”.

La sensación de seguridad se refiere con frecuencia en las historias de las mujeres que llegan. Jóvenes, adolescentes y vecinas coinciden al decir que aquí pueden habitar el espacio público de otra forma. “Muchas chicas nos agradecen porque se sienten cuidadas. Eso es importante en un contexto tan violento como el que vivimos”, refirió Valentina.

Esa búsqueda atraviesa también los talleres escénicos y corporales. Hoy, Gissella coordina Teatro para Morras, un laboratorio inspirado en la metodología del Teatro de las Oprimidas (surgida en Brasil). Ahí, las participantes trabajan temas como el amor romántico, las violencias y las relaciones afectivas a partir de sus experiencias. “Intentamos politizar nuestras historias, pues muchas cosas que vivimos son colectivas”.

En paralelo, Kantón 17 también apostó por propuestas relacionadas con la sensualidad y la reapropiación del cuerpo. Talleres de baile, heels y burlesque forman parte de la programación más concurrida del recinto. “Queremos que las mujeres se sientan poderosas, sensuales y seguras. Creemos que el erotismo puede ser político”, señala Valentina.

Esta idea atraviesa las obras que las dos desarrollan bajo su compañía: Las Jainas Teatro, la dupla escénica que ambas fundaron y en la que experimentan con marionetas, actuación callejera y propuestas performáticas. Una de ellas es Betsy, un espectáculo breve de títeres y burlesque pensado para representarse en plazas y calles. La obra busca conectar con la audiencia desde el humor, el juego y el erotismo.

“La gente se queda viendo, se ríe, aplaude. Queremos que exista otra relación con el cuerpo y la sexualidad”, cuenta Gissella.

Pero Kantón 17 no sólo es un foro artístico, sino un sitio de organización juvenil y comunitaria donde se realizan ciclos de cine, asambleas estudiantiles, encuentros políticos, micrófonos abiertos y actividades vinculadas al CCH Vallejo y otras escuelas públicas cercanas.

Valentina, quien trabaja constantemente con adolescentes, encontró en estos proyectos una forma de acercar el teatro a nuevas generaciones desde códigos mucho más cercanos a ellas: el freestyle, el rap, la comedia irreverente y la participación colectiva. “Las juventudes necesitan expresarse. Aquí pueden venir a improvisar, ver dramaturgia, rapear o simplemente sentirse parte de algo”, apuntó.

Para las creadoras, la compañía y su espacio representan una extensión de su formación y las dos reconocen que la Universidad Nacional Autónoma de México les dio herramientas para actuar o dirigir, así como para gestionar proyectos culturales y construir iniciativas autogestivas. “La facultad nos enseñó a resolver. Aprendimos que hacer teatro implica organizar, producir y crear comunidad”, dice Valentina.

En ese camino, destaca el acompañamiento brindado por Piso 16.  Laboratorio de Iniciativas Culturales UNAM, programa que forma parte de Cultura UNAM para apoyar el desarrollo de carreras profesionales y emprendimientos en el arte y la cultura.

“Hemos acompañado a más de 80 propuestas; ya casi son 200 agentes de todas las disciplinas: personas de artes visuales, cine, teatro, danza, música y literatura, de forma multi, inter y transdisciplinaria”, relató en entrevista Nicol Figueroa Rendón, directora del Laboratorio.

A decir de Figueroa Rendón, el acompañamiento dura 16 meses y se sostiene por cinco pilares: mentoría, un diplomado de especialización, el área de información, la utilización del espacio para la creación y, a partir de la generación 2026, la producción de un proyecto con los festivales de Cultura UNAM. Lo realizado por Vale y Gis es un ejemplo de las iniciativas que se han desarrollado con ayuda del Laboratorio. “Son semillitas que van floreciendo por todas partes de la ciudad”, aseguró Nicol.

Ahora, Kantón 17 se prepara para una nueva etapa. Entre sus planes está inaugurar una cafetería, ampliar la programación teatral hecha por mujeres y abrir nuevos talleres dirigidos a infancias y juventudes.

El objetivo es el mismo que las impulsó desde el principio: fortalecer el tejido social a partir del arte y el encuentro colectivo, porque mientras, afuera, la ciudad avanza entre el ruido y la velocidad, dentro de Kantón 17 ocurre algo distinto: personas que jamás se habrían conocido comparten tiempo, historias y afectos alrededor de la kultura. “En tiempos marcados por la violencia, la prisa y el aislamiento, construir comunidad también puede convertirse en un acto profundamente político”, finalizaron Vale y Gis.