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NOVENTA AÑOS DESPUÉS, EL SERVICIO SOCIAL MÉDICO SIGUE SIENDO INDISPENSABLE

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Durante nueve décadas, el servicio social médico ha sido una de las iniciativas más trascendentes de la formación médica en México. Lo que nació en 1936 como una propuesta para llevar atención sanitaria a comunidades con escaso acceso a los servicios de salud se convirtió en un puente entre la universidad y la sociedad, al tiempo que permitió a miles de estudiantes adquirir experiencia profesional en escenarios reales.

De acuerdo con la doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, directora de la Facultad de Medicina (FacMed) de la UNAM, su origen se remonta a un momento particularmente complejo para el país. México aún resentía los efectos de la Revolución mexicana y de los conflictos sociales y económicos derivados de este proceso. A ello se sumaban las consecuencias de la Gran Depresión mundial, que también afectó la economía nacional.

“El panorama era desalentador: amplios sectores de la población vivían en condiciones de pobreza, existían altos niveles de desnutrición, insalubridad y analfabetismo, y el acceso a los servicios de salud era limitado, especialmente en las zonas rurales. En aquel contexto, la esperanza de vida de los mexicanos apenas alcanzaba los 35 años”, explicó la directora.

Fue entonces cuando el doctor Gustavo Baz Prada, quien se desempeñaba como director de la Escuela Nacional de Medicina, actual Facultad de Medicina de la UNAM, planteó una idea innovadora para la época: vincular la formación profesional de los estudiantes con una acción concreta de responsabilidad social. Su propuesta consistía en que los futuros médicos pusieran sus conocimientos al servicio de las comunidades más necesitadas y, al mismo tiempo, fortalecieran su preparación profesional.

Los tres pilares fundacionales

Desde su origen, el servicio social médico se construyó sobre tres grandes objetivos.

El primero era brindar atención sanitaria a las poblaciones que no contaban con acceso a servicios médicos, particularmente campesinos y habitantes de comunidades rurales alejadas de los centros urbanos.

El segundo consistía en realizar estudios epidemiológicos que permitieran conocer mejor las condiciones de salud de estas comunidades y, a partir de ello, diseñar estrategias para mejorar su bienestar.

El tercero buscaba crear una etapa de transición entre la conclusión de los estudios universitarios y el inicio de la vida profesional, que permitiera a los estudiantes aplicar en escenarios reales los conocimientos adquiridos durante su formación académica.

Estos principios continúan siendo la base conceptual del servicio social.

Los primeros pasantes y las brigadas rurales

Con estos principios como guía, el proyecto pasó rápidamente de la teoría a la práctica.

La medicina fue la primera profesión en institucionalizar formalmente el servicio social en México. Aproximadamente 300 pasantes participaron en las primeras brigadas enviadas a comunidades rurales.

Inicialmente, el servicio social tenía una duración de seis meses. Con el tiempo, la experiencia demostró su utilidad y relevancia, por lo que posteriormente se amplió a un año. Su éxito también inspiró a otras disciplinas profesionales a incorporar esquemas similares en sus procesos de formación.

“Los primeros pasantes enfrentaron condiciones difíciles. Trabajaban en comunidades con altos índices de pobreza y escasos recursos materiales, donde realizaban actividades fundamentales para la salud pública. Entre ellas destacaban las campañas de vacunación, la educación para la salud, la promoción de hábitos saludables, la detección temprana de enfermedades y la aplicación de tratamientos básicos”, comentó Sepúlveda Vildósola.

Estas acciones permitieron ampliar significativamente la cobertura de los servicios médicos en regiones donde la presencia del Estado era limitada y contribuyeron gradualmente a mejorar los indicadores de salud de la población.

Una contribución al desarrollo de la salud pública

A lo largo de nueve décadas, el servicio social médico ha acompañado la transformación del sistema de salud mexicano.

Aunque sería imposible atribuir a una sola política pública el aumento de la esperanza de vida de la población, la doctora Sepúlveda Vildósola resaltó que el servicio social ha sido parte de un conjunto de esfuerzos que han contribuido al fortalecimiento de la atención sanitaria en el país. Hoy, la esperanza de vida supera los 75 años, una cifra que refleja avances importantes en vacunación, prevención de enfermedades, acceso a servicios médicos y educación para la salud.

Además de beneficiar a millones de personas, el servicio social ha permitido que generaciones de médicos adquieran experiencia profesional en escenarios reales y comprendan de manera directa las necesidades sanitarias de la población mexicana.

La evolución del servicio social en el México contemporáneo

Sin embargo, el país que vio nacer el servicio social es muy distinto al México actual. Las necesidades sociales, educativas y sanitarias han cambiado, por lo que esta experiencia también ha debido transformarse para responder a nuevos desafíos.

Si bien la atención en comunidades rurales sigue siendo una de sus funciones centrales, actualmente existen diversas modalidades de participación para los estudiantes. La directora de la FacMed explicó que, en la UNAM, el servicio social se realiza en comunidades rurales, urbanas y suburbanas, así como en proyectos de investigación, programas de vinculación y programas universitarios.

Esta diversificación busca responder tanto a las necesidades del sistema de salud como a los intereses académicos y profesionales del estudiantado.

¿Cómo se distribuyen actualmente los estudiantes?

Esta transformación también se refleja en la forma en que los estudiantes participan actualmente en los distintos programas.

La doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildósola compartió los siguientes datos:

• Alrededor del 30 % de los alumnos realiza su servicio social en programas rurales, urbanos o suburbanos vinculados directamente con la atención de la población.

• Cerca del 38 % participa en programas de vinculación, mientras que aproximadamente una tercera parte se incorpora a programas universitarios.

• Los programas de investigación concentran un porcentaje menor, que oscila entre el 1 % y el 5 % de los estudiantes.

Esta distribución refleja la creciente diversidad de espacios en los que los futuros médicos pueden desarrollar sus competencias profesionales.

Más que una práctica médica: una formación integral

Actualmente, el servicio social no solo busca que los estudiantes devuelvan a la sociedad parte de lo recibido durante su formación universitaria. También representa una etapa decisiva para consolidar competencias clínicas y humanas.

Durante esta experiencia, los futuros médicos fortalecen habilidades relacionadas con el liderazgo, el trabajo en equipo, la toma de decisiones, la resolución de problemas y la comunicación efectiva. Estas capacidades, cada vez más valoradas en el ámbito profesional, complementan la formación técnica adquirida en las aulas.

Además, el servicio social favorece una visión más humana de la medicina, al permitir que los estudiantes conozcan directamente las realidades sociales, económicas y culturales de las personas a las que atienden.

Los desafíos pendientes

A pesar de sus logros, la doctora Sepúlveda Vildósola destacó que el servicio social enfrenta importantes retos. Uno de los más preocupantes es la inseguridad. Los pasantes que realizan actividades en zonas rurales pueden verse expuestos a situaciones de violencia tanto dentro de las comunidades como durante sus desplazamientos. En algunos casos, estas condiciones los obligan a suspender o abandonar temporalmente el servicio social, lo que afecta su trayectoria académica.

También existe la necesidad de fortalecer la preparación académica para que los estudiantes puedan desempeñarse adecuadamente en escenarios comunitarios. Esto implica reforzar la enseñanza de la atención primaria de la salud, el trabajo comunitario y la adaptación de la práctica médica a distintos contextos culturales.

La supervisión y el acompañamiento académico constituyen otro reto. Diversas instituciones buscan incorporar herramientas de telemedicina y telementoría para apoyar a los estudiantes que realizan el servicio social en regiones remotas. Sin embargo, estas iniciativas suelen enfrentarse a limitaciones relacionadas con la conectividad y el acceso a internet en numerosas comunidades.

Asimismo, reconoció la necesidad de promover una formación más interdisciplinaria. Mientras que la educación universitaria suele organizarse por disciplinas, la realidad del trabajo en salud exige una colaboración constante entre médicos, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales y otros profesionales.

Finalmente, persisten desafíos normativos. En algunos casos, las leyes y los reglamentos no definen con claridad la situación jurídica de los pasantes, quienes se encuentran en una zona intermedia entre la condición de estudiantes y la de trabajadores, lo que genera vacíos legales que requieren revisión.

Una experiencia que transforma

Más allá de las cifras y de la evolución institucional, el impacto del servicio social puede entenderse mejor a través de las experiencias de quienes lo viven en primera persona.

Zoé Ibáñez, egresada reciente de la FacMed, realizó su servicio social en la comunidad de San Miguel del Puerto, Oaxaca, una zona rural con acceso limitado a los servicios de salud. Su decisión de trabajar en este contexto estuvo motivada por el deseo de crecer tanto personal como profesionalmente y de enfrentar los retos reales de la medicina comunitaria.

Durante su estancia, su labor no se limitó a la atención médica. Participó en consultas generales y en la atención de urgencias, incluso en horarios nocturnos. También atendió situaciones fuera de la clínica, en zonas de difícil acceso, con caminos estrechos y terrenos complicados.

Además del trabajo clínico, desarrolló una importante labor de educación para la salud. Impartió pláticas en preescolares, primarias, secundarias y preparatorias sobre higiene personal y bucal, alimentación saludable y prevención de enfermedades. También abordó los padecimientos transmitidos por mosquitos, como el dengue, con el propósito de que los estudiantes identificaran los riesgos y aprendieran medidas de prevención.

La experiencia le permitió comprender la importancia de la empatía, la responsabilidad y la capacidad de adaptación en la práctica médica, especialmente en contextos rurales donde los hospitales pueden encontrarse a varias horas de distancia. En estos entornos, la capacidad de estabilizar a un paciente con recursos limitados puede ser decisiva para su supervivencia y su traslado seguro.

Aunque reconoció que su formación universitaria le brindó herramientas fundamentales, también observó que la realidad de las comunidades rurales es muy distinta de lo aprendido en teoría. Uno de los principales retos que identificó fue la falta de educación para la salud, particularmente en temas de prevención y atención oportuna.

Por ello, consideró necesario fortalecer la promoción de la salud comunitaria y fomentar una participación más activa de la población en los programas preventivos, ya que muchas personas no acuden a revisión médica hasta que enfrentan una urgencia. A su juicio, este trabajo debe comenzar desde la infancia, pues los niños suelen mostrar mayor apertura a estas enseñanzas y pueden influir positivamente en sus familias.

Más allá de los desafíos, describió su experiencia como profundamente enriquecedora. La comunidad no solo se benefició de su trabajo, sino que también le dejó aprendizajes personales y profesionales. Además, la recibió con gran calidez y la integró a actividades escolares, sociales y comunitarias, como festivales, celebraciones y tequios, lo que fortaleció el vínculo entre la medicina y la comunidad.

La conmemoración de nueve décadas de servicio

A 90 años de su creación, el servicio social médico sigue siendo mucho más que un requisito para obtener un título profesional. Representa un puente entre la universidad y la sociedad, así como un espacio donde los conocimientos adquiridos en las aulas se confrontan con las necesidades reales de las personas y donde miles de estudiantes descubren el verdadero alcance de su vocación.

Aunque persisten desafíos relacionados con la seguridad, la supervisión y la actualización de sus modelos de operación, su esencia permanece intacta: formar profesionales capaces de ejercer la medicina con competencia técnica, sensibilidad humana y compromiso social.

En este contexto, la FacMed realizará el foro “90 años del Servicio Social Médico”, un espacio para reflexionar sobre su relevancia histórica, analizar los desafíos actuales y discutir cómo debe evolucionar esta experiencia formativa en los próximos años.

La doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildósola destacó que el encuentro también será una oportunidad para reconocer la labor de miles de pasantes que, durante nueve décadas, han contribuido a mejorar la salud de comunidades de todo el país. El foro se lleva a cabo este 30 y 31 de julio en el Palacio de la Antigua Escuela de Medicina, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. El encuentro reúne a autoridades sanitarias, representantes universitarios, directivos de instituciones de salud, profesores y estudiantes para intercambiar experiencias y construir propuestas orientadas al futuro del servicio social médico.