- Para Valeria Rosales, estudiante de Artes Visuales en la FAD de la UNAM, cursar una carrera universitaria y entrenar como deportista de alto rendimiento es posible si se tiene disciplina
En la UNAM hay historias que se tejen entre pasillos, salones de clase y espacios deportivos, a base de talento y disciplina. Una de ellas es la de Valeria Rosales, estudiante de Artes Visuales de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM, quien a sus 19 años ha encontrado en la plástica y el kickboxing una misma manera de entender el mundo.
Para la joven, el tatami (superficie acolchada en la que se practican deportes como judo o karate) y el lienzo no son tan diferentes. “El área donde peleo es la superficie sobre la que pinto y mis golpes, patadas y puños son el pincel con el que trazo esta gran obra de arte que es el combate”, explica. En esta metáfora, se resume una vida que transcurre entre colores, sombras, combinaciones, respiraciones profundas y la certeza de que el esfuerzo diario es una forma de crear.
“Desde pequeña supe que quería dedicarme al arte y decía: quiero entrar a la UNAM. Era un sueño que parecía lejano, pero que llegó en el momento exacto. Ingresar a la FAD fue emocionante. Siempre quise estudiar algo artístico y más aquí, en la mejor universidad de México”.
Sus primeros semestres estuvieron llenos de exploración: dibujo, pintura, estampa, volumen. “Fue muy bonito aprender de todo un poco”. Y aunque las jornadas de tres horas pintando o dibujando pueden ser cansadas, ella ha aprendido a escuchar su cuerpo, a tomar aire, a cambiar de ritmo, a caminar unos minutos y a dejar que la mente se despeje.
Pero cuando sus clases terminan, el entrenamiento apenas comienza…
Entre la escuela y el entrenamiento
Para equilibrar lo académico y lo deportivo —dice Valeria—, lo mejor es la disciplina, pues aunque vive a contrarreloj, no pierde el equilibrio.
Su rutina comienza temprano: desayuna, prepara sus materiales de artes visuales, empaca su equipo deportivo, toma el camión hacia la FAD y aprovecha para adelantar tareas. “Al término de mi última clase corro a mi entrenamiento, espero el autobús y procuro tomar uno con asientos para avanzar con mis pendientes. Llego al gimnasio y me concentro en el deporte, doy todo mi esfuerzo y, al terminar, salgo hacia mi casa para continuar con mis deberes, cenar y descansar”.
En su día a día hay cansancio, frustración, estrés y dolores de espalda tras horas de dibujar o pintar, pero ella ha encontrado un puente entre ambas actividades. “El arte me ayuda a sacar estrés y el kickboxing me sirve para liberar tensiones. Ambas cosas me acompañan”.
En su camino universitario, los profesores de la FAD, sus entrenadores, amistades y compañeros han sido fundamentales. “Están ahí para mí, me motivan, me dicen que sí puedo. Cuando por fin obtuve becas y apoyo de difusión, se sintió como un reconocimiento a mi esfuerzo”.
Además de estudiar y entrenar, trabaja como profesora de kickboxing y motiva a otros jóvenes a descubrir los beneficios del deporte, pues algo que Valeria repite con convicción es: no hay que limitarse. “He aprendido a no ponerme etiquetas. Si no tengo suficiente fuerza, trabajo más. Si algo no sale, lo vuelvo a intentar. Intento superarme a cada momento”.
Arte y deporte
“Aunque antes pensaba sólo en una carrera artística, hoy sé que ambas pasiones pueden coexistir. Me gustaría seguir en el kickboxing y dar clases. También quiero hacer murales, pintar mis espacios y quizá abrir un estudio o gimnasio propio, decorado por mí misma”, cuenta entre risas.
Imagina paredes con imágenes de su autoría, estudiantes entrenando y una vida en la que sus pinceles y guantes convivan sin conflicto. “Todo se puede si te lo propones; la disciplina es clave. Incluso si no haces deporte, sin ella la carrera se vuelve un infierno. Organicen sus tiempos, pónganse horarios y ejercítense: libera estrés y es muy divertido”.
Para la joven, esta determinación ha dado frutos, como se vio en la capital de los Emiratos Árabes (Abu Dabi), donde a finales de noviembre se disputó el Campeonato Mundial de Kickboxing de la WAKO 2025, y en el que Valeria demostró a competidoras de otros países que, para pelear, se necesita el mismo valor que implica acometer un lienzo en blanco. Terminó en noveno lugar de su categoría, un resultado que ella vive como una victoria, porque no sólo representa una posición alta, sino la confirmación de que el esfuerzo invertido se retribuye. Dice haber vuelto a México con orgullo, con mucha más madurez y con la certeza de que los sueños, si van acompañados de disciplina, pueden realizarse.