Explora unam global revista
Explora unam global revista
explorar
regresar

A LOS 9 AÑOS, CONVIERTE MEME EN CANCIÓN

descarga para medios

  • En el semestre 2026-2, 411 infancias y adolescencias toman clases en el Ciclo de Iniciación Musical, oferta educativa de la Facultad de Música de la Universidad Nacional

Al interior de un aula en la Facultad de Música (FaM) de la UNAM, poco más de una docena de niñas y niños crean una atmósfera sonora con la pieza Jazz Waltz. En los extremos, xilófonos y campanas construyen la armonía. Al centro, los metalófonos llevan la melodía líder; Jhalil Targhim, de nueve años, toca este instrumento y se concentra en no desafinar.

“En mi vida la música representa felicidad y calma. Sirve para expresar y decir lo que sientes. Aquí las clases son muy buenas y te diviertes mucho con los sonidos”, dice Jhalil, quien en 2023 entró al Ciclo de Iniciación Musical (CIM) que oferta la FaM a niñeces y adolescencias de entre seis y 14 años, y se cursa a la par de sus estudios de primaria o secundaria.

Ana Lourdes Estévez, profesora del CIM, explica que el propósito del proyecto es acercar la música a las infancias. “Busca, en principio, sensibilizar sobre el entorno musical y, si hay una semilla muy germinada y es su deseo, formar músicos profesionales”.

Aprender y crear

“Do, do. Re, re. Mi, mi…”, corea la maestra frente al grupo de Conjuntos Instrumentales. Con atención, cada estudiante espera su turno para tocar en el momento que le corresponde. Jhalil, sentado en el piso frente a un metalófono de colores, sigue cada instrucción de Ana Estévez.

“En este taller escuchas diferentes sonidos y así puedes saber qué te parece cada instrumento. Es divertido oírnos juntos, es mejor que por separado”, comenta el alumno, quien ingresó al CIM a los seis años, aunque su acercamiento a este arte comenzó en Cuba, antes de cumplir cuatro. “Mi tía solía poner al violinista David Garrett y ahí me empezó a gustar esto. Al llegar a México mi mamá me propuso cursar algunas actividades y mi primera elección fue música. Hice examen y entré”.

Las clases teóricas y prácticas del CIM abarcan Sensibilización a la Música, Iniciación Musical, Solfeo, Introducción al Lenguaje de la Música, Iniciación a la Armonía, Instrumento Individual (piano, violín, guitarra, órgano, fagot, flauta, etcétera), Conjuntos Corales y 12 talleres extraescolares como Conjuntos Instrumentales, Creatividad, Música Mexicana o Ensambles, entre otros.

Además de tocar el metalófono, Jhalil echa a volar su imaginación y da salida a sus emociones e ideas a través de partituras en el Taller de Creatividad, impartido por el profesor Miguel Gorostieta. “Creas lo que se te ocurre y es tuyo. Cuando voy a componer, destapo el piano y traigo el instrumento que lo acompañará, en mi caso el metalófono. Pongo el adaptador, mis audífonos y toco. Al inicio repaso lo que ya escribí para ver si combina con lo nuevo y así empezar a crear”, expone el estudiante.

Esta actividad le hace sentir bien porque está elaborando algo único. Pero llegar a ese punto implica encontrar inspiración en aquello que le gusta. “Pienso en una pieza que sea como un dibujo. Si te gusta jugar fútbol puedes expresar: ‘Tan, tu, tu tu, tu, tú, como si alguien pateara la pelota, para luego poner una especie de suspenso: ‘¡Pum!’”.

Cuba también se hace presente en ese proceso. Jhalil recuerda La Habana como un lugar lindo y con mucha música: “Allá es más movida y pa’ bailar. Eso me inspira y digo, la haré alegre, como es allá”.

Para trabajar en la elaboración de nuevas piezas, sus clases de solfeo, con el profesor Bruno Sebastián Valenti, son indispensables. En ellas aprende a leer “el idioma de las y los músicos”: las notas, melodías y figuras rítmicas. A esos saberes se suman los de Conjuntos Corales, que imparte el mismo maestro.

Jhalil y sus 32 compañeros y compañeras están de pie, formando dos semicírculos. Entre primeras y segundas voces cantan Carta al viento. De fondo se escucha la guitarra tocada por el académico. El aula se inunda de emoción y la piel se enchina cuando juntos corean el estribillo:

“Viento, viento, ooh.

Estoy contento viento, ooh.

Viento, viento, ooh.

Estoy contento viento, ooh”.

Habilidades de por vida

Jhalil ha desarrollado habilidades musicales, académicas, motrices, mentales, emocionales y sociales que ocupa en diversos aspectos de su vida. “En el kínder quería mandar; al entrar aquí empecé a tener más calma. Por ejemplo, hay un compañero que no me agrada tanto y a quien empecé a decirle: ‘está bien si a ti te gusta algo, pero primero hagamos esto y luego lo tuyo’”.

En los deportes que ha practicado, como básquetbol y fútbol, reconoce la importancia de trabajar en colectivo. “Antes era portero, luego me iba como jugador y no le pasaba la pelota a nadie. Al iniciar en la música me di cuenta de que era mejor jugar en equipo y me gustó porque ganábamos más, hice amigos y me llevaba mejor con todos. Fue lindo”.

Ana Estévez afirma que en las niñeces se despierta la memoria, la atención, la creatividad, la coordinación motriz, la emoción y cómo expresarla. “Es un gran catalizador en sus centros educativos”. Agrega que se pone en práctica el razonamiento lógico-matemático y conocer el mundo a través de canciones que hablan de lugares que desconocen, pero que, al contextualizarlas, liberan su imaginación.

“Se desprende dopamina y serotonina. La música tiene el poder de autorregularte, algo relevante en la infancia. Se conecta todo y se hace un combo porque la plasticidad del cerebro de los niños es muy grande, esto trae beneficios en su vida cotidiana. A nivel social debe haber más música para todos”.

Este proceso de aprendizaje también provoca modificaciones en la autoimagen y seguridad de las niñeces, pues con sólo seis años llegan a presentarse en salas llenas de público. “Se ponen nerviosos, pero salen. Trabajar en equipo genera un cambio. Te enseña que no eres el único, que no es tu turno, que debes aprender a escuchar y a compartir”.

Para ella, como profesora, es un triunfo observar que sus estudiantes se aguantan las ganas de empezar a tocar hasta que llega el momento de hacerlo en conjunto. “La magia de oír algo por primera vez en el salón y de poder decir: ‘¿escucharon cómo sonó?’, no se repite en ningún otro lado. De ese momento a cuando están en el escenario hay un abismo de emociones”.

Para la sociedad

El Minuet No. 3 en Sol mayor de Bach suena a través de las cuerdas del violín de Jhalil (que hace un año empezó a practicar en la Orquesta de la Ciudad de México sede Tlalpan). Con esa pieza presentó su examen para ingresar a clases de dicho instrumento en el CIM.

“Creo que sí paso, pero todavía me siento un poco nervioso. Quiero ser paleontólogo, aunque también me gustaría cargar con mi violín a donde vaya. La música te lleva a muchos lugares, conciertos y países. Llama la atención de las personas y puedes tener más amistades. Hay muchas oportunidades de que realices otras cosas”.

El Ciclo de Iniciación Musical ha atendido a miles de estudiantes desde su creación, entre 1985 y 1990. Tan sólo en el semestre 2026-2 hay 411 niñas, niños y adolescentes. Cada año se abren convocatorias de nuevo ingreso que pueden consultarse en: https://www.fam.unam.mx/cim/convocatoria.php.

“Para la UNAM y la facultad es importante porque dan a la sociedad el acceso al mundo del arte y se fomenta la cultura de paz al buscar entornos diferentes. En la FaM somos soñadores y creemos que hacer música nos hará mejores humanos. Aunque después no se dediquen profesionalmente a esto, haber atravesado un periodo de aprendizaje con un respaldo pedagógico o con experiencias muy positivas les habrá cambiado la vida y eso repercutirá en lo social”, subraya Ana Estévez. Por su parte, Jhalil plantea emocionado: “Es una escuela muy buena. Los maestros son buena onda y te tratan bien. Equivocarse no es un error, es una forma de aprender”.