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¿Los zoológicos son necesarios en pleno siglo XXI?

• Los zoológicos tienen un origen muy antiguo y han evolucionado para convertirse en lo que ahora muchos especialistas consideran centros de conservación.

Aunque han sido muy cuestionados por quienes defienden el bienestar animal, actualmente muchos zoológicos buscan funcionar como espacios dedicados a la conservación de especies, la investigación científica y la educación ambiental.

La biodiversidad enfrenta amenazas sin precedentes por el cambio climático, la destrucción de hábitats y el tráfico ilegal de especies. En ese contexto, algunos especialistas señalan que los zoológicos pueden desempeñar un papel importante dentro de las estrategias de conservación.

Al respecto, UNAM Global entrevistó a dos especialistas: Itzcóatl Maldonado Reséndiz, secretario académico del Programa Universitario de Bioética y académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, y Gerardo López Islas, académico de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, UNAM.

¿En pleno siglo XXI los zoológicos son necesarios?

En pleno siglo XXI, los problemas de conservación y de impacto ecológico hacia las poblaciones de animales silvestres se han agudizado, dijo Itzcóatl Maldonado Reséndiz.

De hecho, crisis como la deforestación y el calentamiento global han provocado que muchas poblaciones de fauna silvestre se vean reducidas debido a las actividades humanas.

Por ello, en algunos casos se ha tenido que recurrir a que ciertas especies o poblaciones se mantengan bajo el cuidado del ser humano mientras se desarrollan estrategias que permitan recuperar o proteger sus ecosistemas.

La intención es que, cuando las condiciones lo permitan, esos ejemplares puedan regresar a sus espacios naturales.

Mientras tanto, todos los zoológicos tienen la obligación de garantizar condiciones adecuadas de bienestar para los animales, añadió Maldonado Reséndiz.

De acuerdo con Gerardo López Islas, los zoológicos tienen un origen muy antiguo y han evolucionado para convertirse en lo que hoy se conoce como centros de conservación.

Originalmente eran colecciones particulares destinadas al goce de monarcas o gobernantes. Un ejemplo histórico es el caso de Moctezuma, quien mantenía una colección de animales silvestres en el México prehispánico. Sin embargo, también existía un interés por observar y conocer esas especies, explicó López.

Ese concepto histórico ha evolucionado y en el siglo XXI el término zoológico a veces se percibe como limitado, por lo que algunos especialistas prefieren hablar de centros de conservación.

Para Gerardo López, el objetivo de un zoológico ya no es únicamente la recreación, sino principalmente la educación del público, no sólo para aprender de zoología sino para generar conciencia sobre la problemática ambiental que enfrenta el planeta.

Por ejemplo, estos espacios permiten que las personas, especialmente los niños, comprendan la situación de muchas especies de fauna que están desapareciendo de forma acelerada.

Al observarlas y conocer su historia, pueden entender su importancia dentro de los ecosistemas.

“Conocer a las especies silvestres es fundamental para quererlas y respetarlas, saber cómo manejarlas y conservarlas”.

¿Mantienen en buenas condiciones a los animales?

Las poblaciones silvestres viven en ecosistemas muy amplios que les proporcionan alimento, agua, refugio frente a la lluvia, el viento o el Sol, así como espacio suficiente para realizar sus conductas naturales.

Entre ellas se encuentran buscar alimento, cazar, desplazarse y encontrar pareja para reproducirse.

En la naturaleza, estos recursos se encuentran disponibles, pero para obtenerlos los animales suelen requerir territorios extensos.

En un zoológico, en cambio, los animales habitan espacios más reducidos, pero reciben alimento, atención veterinaria y protección frente a condiciones ambientales adversas.

Para Itzcóatl Maldonado, los zoológicos, al tener animales en cautiverio, deben desarrollar programas de enriquecimiento ambiental para compensar algunas de estas limitaciones.

Estos pueden incluir estímulos olfativos, auditivos, físicos o cognitivos, con el objetivo de promover comportamientos naturales y mantener a los animales activos.

Bienestar no es sinónimo de libertad

“El cautiverio no necesariamente debe asociarse automáticamente con depresión”, explica Maldonado.

Los estados mentales negativos —como estrés o ansiedad— pueden existir tanto en libertad como bajo cuidado humano. La diferencia radica en las condiciones en las que vive el animal.

La definición más aceptada proviene de la Organización Mundial de Sanidad Animal, que entiende el bienestar como el estado físico y mental del animal en relación con las condiciones en que vive.

Esto implica salud, alimentación adecuada, seguridad, posibilidad de expresar conductas naturales y estabilidad social.

López Islas coincide en que el concepto es complejo y señala que, en el debate público, a menudo se mezclan argumentos científicos con posturas éticas o ideológicas.

En biología, explica, el bienestar animal suele evaluarse a partir de indicadores fisiológicos, conductuales y reproductivos más que desde conceptos morales abstractos.

En vida silvestre, los animales también enfrentan depredación, hambre, enfermedades y condiciones climáticas extremas.

Por ello, el bienestar puede medirse mediante indicadores como niveles hormonales, condición corporal, interacción social y capacidad de reproducirse con éxito.

¿Para quién existen los zoológicos?

Para López Islas, la respuesta es clara: para la sociedad en su conjunto.

“El público y la ciencia es lo mismo: somos parte de una misma sociedad”, afirma.

Además de su función en investigación y conservación, los zoológicos cumplen un papel educativo y cultural.

En la Ciudad de México, por ejemplo, el acceso gratuito busca garantizar que cualquier persona pueda tener contacto directo con especies que difícilmente vería en su entorno cotidiano.

La experiencia, sostiene, va más allá del entretenimiento: puede generar asombro, empatía y conciencia ambiental.

Maldonado agrega que los zoológicos modernos han evolucionado de espacios centrados en la exhibición hacia modelos que buscan priorizar el bienestar animal, con recintos diseñados para ofrecer privacidad, enriquecimiento y estímulos adecuados.

Conservación y conocimiento científico

Ambos académicos subrayan que la información generada en colecciones bajo cuidado humano ha sido fundamental para comprender mejor la biología de muchas especies.

Programas de reproducción en cautiverio han contribuido a recuperar poblaciones como la del lobo mexicano, mientras que otros casos, como el del ajolote de Xochimilco, muestran la importancia de mantener poblaciones de respaldo cuando el hábitat natural se encuentra gravemente deteriorado.

No todas las especies, sin embargo, pueden adaptarse al cautiverio.

López Islas menciona el caso de la vaquita marina, cuya captura para protección resultó inviable debido a su alta sensibilidad al manejo.

Espacio, conducta y enriquecimiento

Una crítica recurrente señala que animales como los leones recorren grandes distancias en libertad, mientras que en cautiverio disponen de menos espacio.

López Islas explica que en la naturaleza los animales recorren territorio principalmente para encontrar alimento, agua y oportunidades de reproducción.

En cautiverio, estos recursos son proporcionados, lo que reduce la necesidad de desplazamiento constante.

Para estimular conductas naturales, los zoológicos aplican prácticas de enriquecimiento ambiental, como estructuras para trepar, variaciones en el entorno o simulaciones de caza mediante objetos o “presas” artificiales.

“El enriquecimiento permite estimular sus capacidades físicas y cognitivas”, señala.

Cuando el debate se polariza

Ambos académicos advierten que el bienestar animal requiere evaluación constante, recursos económicos y supervisión técnica especializada.

Coinciden en que existen malas prácticas y casos de manejo irresponsable fuera de instituciones formales, pero subrayan que la discusión debe basarse en evidencia científica y no en generalizaciones.

Más allá del blanco y negro

El dilema entre libertad y cautiverio no admite respuestas absolutas.

Para Maldonado, el bienestar animal no es algo que se “entregue”, sino el resultado de condiciones adecuadas que permiten al animal enfrentar su entorno de manera positiva.

Para López Islas, los centros de conservación forman parte de una red más amplia de instituciones dedicadas a generar conocimiento, fortalecer la educación ambiental y promover la protección de la biodiversidad.

En un contexto de pérdida acelerada de especies, ambos coinciden en que el debate es legítimo y necesario.

La pregunta no es si debe existir, sino cómo garantizar que las decisiones se tomen con base en ciencia, ética y responsabilidad ambiental.