Aunque es una experiencia común, el desmayo es bastante poco comprendido porque no siempre sabemos qué lo causó; normalmente es breve y nos recuperamos sin mayor problema, pero también puede ser una alerta médica.

En todo caso, las causas de un desmayo son diversas. Por ejemplo, la deshidratación o permanecer mucho tiempo de pie pueden hacer que disminuya el flujo sanguíneo hacia el cerebro, lo que provoca una caída de la presión arterial y puede causar un desmayo.
Algunas situaciones cotidianas, como el estrés y el miedo, pueden desencadenar una respuesta del sistema nervioso que reduce momentáneamente la presión arterial y la frecuencia cardiaca, lo que daría como resultado un desmayo.
Durante el desmayo, en el cerebro hay una disminución repentina, aunque temporal, del flujo sanguíneo y del oxígeno, lo que causa una pérdida de la consciencia y del tono muscular. Como consecuencia, el cuerpo cae o adopta una posición horizontal, lo que facilita que la sangre regrese a la cabeza y se restablezca el funcionamiento cerebral.
“El desmayo es una manera que el organismo ha desarrollado para protegerse si detecta que hay una disminución importante de la presión arterial o de la glucosa y que no haya un daño permanente. ‘Pum’, dice, ‘vámonos a dormir’, y nos vamos a dormir unos segundos para que se restablezca el flujo sanguíneo y empecemos a trabajar nuevamente como si nada”, explica Lilia Mestas Hernández, de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza. “El desmayo es uno de los mecanismos que la evolución puso en nuestro organismo”.
Algunas personas pueden percibir que se van a desmayar porque hay síntomas como sudoración, visión borrosa o visión de túnel, que anuncian que algo sucede en el organismo, dice la investigadora.
Posición horizontal, lo mejor para recuperarse de un desmayo
“Hay personas que dicen que se sienten mal y que se van a desmayar. En ese momento tenemos que actuar y hacer que la persona permanezca en posición horizontal, para que el flujo sanguíneo se restablezca con rapidez y las neuronas vuelvan a recibir glucosa y oxígeno y reinicien su actividad normal”.
En general, estamos de pie, pero cuando ocurre un desmayo lo mejor es colocar a la persona en posición horizontal, porque esa postura favorece el retorno de la sangre al cerebro. “Cuando estamos en el piso empezamos a despertar porque el flujo sanguíneo se restableció”, explica la investigadora.
“De hecho, el desmayo dura muy poco. Unos momentos después, todavía podemos estar un poco confundidos o mareados, porque la actividad cerebral sigue restableciéndose, pero poco después ya estamos como si nada”.
Es muy importante que durante el desmayo también se coloque a la persona con las piernas elevadas, porque de esa manera se favorece el retorno de la sangre hacia los órganos vitales.
Algunas personas pueden estar en una situación que no les permite recostarse; en esos casos pueden sentarse y realizar maniobras como apretar las piernas y los glúteos para favorecer el retorno venoso. Si no se puede estar acostado, se recomienda cruzar las piernas, porque de esa manera aumenta la presión arterial.
“Es importante mencionar que la mayoría de las personas han experimentado o van a experimentar un desmayo en su vida. Muchos de estos episodios están relacionados con la temperatura, porque cuando hace mucho calor la gente se deshidrata y, si no se hidrata de manera correcta, disminuye el volumen de sangre”.
Hay situaciones que podríamos considerar habituales en las que puede presentarse un desmayo. Cuando una persona ha permanecido mucho tiempo de pie, puede dificultarse el retorno de la sangre al cerebro; cuando se ha comido de manera muy abundante, también puede presentarse un desmayo.
Otra causa frecuente ocurre cuando estamos sentados o agachados y nos levantamos de golpe; en consecuencia, empezamos a ver borroso o sentimos que se nos mueve el piso.
Por la posición en la que estábamos, el flujo sanguíneo se encontraba regulado, pero al levantarnos muy rápido la presión arterial debe ajustarse. Si ese ajuste no ocurre de manera inmediata, puede presentarse visión borrosa, mareo y, en casos más bruscos, un desmayo.
“En un desmayo habitual, a los pocos segundos empieza a restablecerse la actividad cerebral, entonces la persona vuelve a estar consciente”, señala la investigadora.
El desmayo como síntoma
Sin embargo, hay otras situaciones en las que el desmayo puede ser un síntoma de algo más importante. “Cuando sólo es un desmayo, la persona se recupera perfectamente y no tiene efectos asociados. Digamos que es una respuesta del organismo. Muy diferente a cuando el desmayo es síntoma de otra condición”, explica Mestas Hernández.
Cuando el desmayo está asociado a una enfermedad, aparecen otras características. Por ejemplo, durante un evento vascular cerebral no sólo se pierde la consciencia, sino que la recuperación tarda más tiempo y, al despertar, pueden presentarse síntomas como dificultad para hablar, problemas motores, pérdida de la visión o confusión. En esos casos se debe actuar como ante una emergencia neurológica.
“Habitualmente, cuando se presenta un evento vascular de manera súbita, la persona cae al piso desde su propia altura. Perdemos el tono muscular porque no está llegando suficiente sangre al cerebro, por lo que no podemos mantener la posición vertical”, explica Mestas Hernández.
Pérdida de la consciencia por deficiencia de glucosa sanguínea
En casos en los que hay una disminución importante de la glucosa sanguínea, las neuronas no pueden trabajar adecuadamente, porque la glucosa es la principal fuente de energía del cerebro. En estas situaciones, la actividad cerebral disminuye al mínimo para preservar su funcionamiento.
Cuando el cerebro permanece sin suficiente oxígeno por un tiempo prolongado, puede haber daño cerebral. Las neuronas requieren oxígeno para funcionar y, si no lo reciben, comienzan a deteriorarse. Dependiendo de la zona afectada, puede haber pérdida del lenguaje, de la función motora, de la sensibilidad o de la memoria.
El desmayo, más común de lo que se piensa
“Casi la mayoría de la gente, insisto, se ha desmayado alguna vez o se va a desmayar en algún momento de su vida, porque es algo relativamente común”, dice la investigadora.
“No es que el desmayo sea deseable, pero puede ser una respuesta del organismo cuando detecta una situación de riesgo, como una caída importante de la presión arterial o de los niveles de glucosa. En ese sentido, permite que se restablezca la actividad cerebral”, finaliza.
