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La aportación de las mujeres cuidadoras al PIB nacional

En cada familia en la que hay una persona que necesita cuidados, ya sea niñas y niños pequeños, personas adultas mayores o alguien con alguna discapacidad, si el cuidado ocurre dentro de la familia, en un porcentaje muy alto una mujer es la responsable de ese cuidado.

De acuerdo con la Comisión Coordinadora de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad, las personas que requieren cuidados permanentes dentro de los hogares en México son 58.3 millones. Entre esta población hay niñas y niños de hasta cinco años, y niñas, niños y adolescentes de entre seis y 17 años, así como personas mayores a partir de los 60 años.

La responsabilidad de los cuidados de estas poblaciones se concentra en la familia; por esta razón, sólo 3.3 por ciento de las personas con discapacidad o en situación de dependencia acude —o es llevada— a un centro de cuidados, en tanto que 96 por ciento recibe los cuidados dentro de sus hogares.

El número de personas responsables de los cuidados —considerando una edad de 15 años y más— es de 31.7 millones; de este total, 75.1 por ciento son mujeres y 24.9 por ciento son hombres.

Es importante señalar que las personas cuidadoras no reciben remuneración por esta actividad, no tienen horarios ni, en muchos casos, preparación técnica o especializada en cuidados. Recordemos que esta actividad es independiente de otras tareas cotidianas socialmente destinadas a la mujer, como el trabajo remunerado, los quehaceres domésticos o los estudios.

“Me gustaría comentar que precisamente ese trabajo reproductivo, ese trabajo de cuidados que se lleva a cabo en México tiene un valor de 8.4 billones de pesos, que equivale a 26.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país, de acuerdo con los cálculos del INEGI en el Sistema de Cuentas Nacionales”, explica Sonia Frías Martínez, socióloga del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM.

Agrega que esa contribución al PIB es mucho mayor por parte de las mujeres que de los hombres, quienes también realizan ese trabajo, pero en menor medida.

Se calcula que, a nivel nacional, el valor promedio del trabajo de cuidados de las mujeres en sus hogares es de aproximadamente 87 mil pesos al año. Aunque este trabajo ha sido invisibilizado, está aportando a nuestra economía y a nuestros hogares una cantidad importante de valor económico.

“Claro, esto es mucho más marcado entre determinados grupos poblacionales. Por ejemplo, el INEGI señala que las mujeres que están casadas o unidas contribuyen con 108 mil pesos anuales. También hay diferencias entre entidades federativas, y entre los ámbitos rural y urbano, entre otros factores”, expresa la investigadora.

Además, de acuerdo con datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), México es el país latinoamericano —por delante de Argentina, Brasil, Cuba y Perú— en el que las mujeres realizan más horas a la semana de trabajo no remunerado.

Pensemos que las mujeres mexicanas en promedio dedicamos casi 42 horas a la semana a las labores domésticas y de cuidados de la población de 12 años y más, dice la académica universitaria.

“La filósofa e historiadora estadounidense de origen italiano Silvia Federici sostiene que el trabajo reproductivo y de cuidados de las mujeres en sus hogares, sin obtener una remuneración económica, es la base sobre la que se sostiene el sistema capitalista”, explica Sonia Frías.

La investigadora hace hincapié en que muchas mujeres dejan de trabajar, pierden su empleo o no lo están buscando por una decisión individual, sino como resultado de un sistema social en el cual se les han asignado las tareas de cuidados, “como si hubiéramos nacido con un chip que nos hace mejores cuidadoras, lo cual no es cierto”.

Agrega que hay 26.4 millones de mujeres mexicanas que no están buscando trabajo porque mayoritariamente, según reportan, en su hogar “nadie más puede hacerse cargo de niñas y niños pequeños, personas adultas mayores, personas enfermas o personas con alguna discapacidad, o porque estas mujeres tiene que atender otras obligaciones”.

“Tenemos un porcentaje muy importante de mujeres que afirman que no puede buscar trabajo porque tiene otras obligaciones en sus casas, además de las tareas domésticas, que son las de cuidados, trabajos que son invisibilizados, pero que sin ellos no podrían subsistir los hogares, la familia y tampoco, permítame decirle, este sistema capitalista”.

Las mujeres “deciden” apartarse del mercado laboral para dedicarse a ser madres

Algunos estudios demuestran cómo desde antes de dar a luz algunas mujeres “deciden” separarse del mercado laboral para dedicarse a ser madres, y “dedicarse a ser madres significa cuidar, cuidar y cuidar, pero después del nacimiento de su hijo ya no se reincorporan al mercado laboral”.

Esa decisión, que parece individual, tenemos que entenderla dentro de un contexto más amplio en el que hay determinadas expectativas sociales sobre quién tiene que cuidar. Esa decisión también está mediada por la ausencia de determinados servicios por parte del Estado que pudieran apoyar esos cuidados.

Necesario, un cambio cultural

“Por un lado se necesitan más servicios, pero por otro lado también necesitamos un cambio cultural que acabe con este sistema de creencias que sustenta al patriarcado. Porque una cosa es que haya servicios, pero otra es la voluntad de utilizarlos”, dice Frías Martínez.

De acuerdo con la última Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados, sólo 57 por ciento de las y los mexicanos está de acuerdo con llevar a sus niñas y niños pequeños a la guardería, principalmente porque creen que es responsabilidad de los progenitores cuidarlos, principalmente de la madre. 

“Esto significa que solo 43 por ciento de las personas —más hombres que mujeres, aunque los porcentajes son bastante similares— todavía no está de acuerdo en que los niños vayan a la guardería”.

De la misma manera, 84 por ciento de mexicanas y mexicanos cree que la familia es responsable de cuidar a las personas adultas mayores.

“Lo que estos datos muestran es que esa necesidad de servicios tiene que ir aparejada con un cambio cultural que vaya erosionando este sistema de creencias que asigna la responsabilidad de los cuidados a las familias, y cuando hablo de las familias estoy hablando de mujeres”.

Por ejemplo, 30 por ciento de las mexicanas cree que las tareas de cuidados son de su exclusiva responsabilidad, lo significa que, aunque dispongan de guarderías u otros servicios, no necesariamente los van a llevar a esos espacios.

“Este tema tendríamos que verlo desde el punto de vista de la oferta y la demanda. La oferta, claro que necesitamos más casas de día, residencias para personas adultas mayores y más servicios para personas con algún tipo de discapacidad y que son dependientes”.

Por el lado de la demanda, es necesario que las personas a las que se les han asignado las tareas de cuidado estén dispuestas a que alguien más colabore en ese cuidado.

En 2021, de las mujeres de entre 15 y 29 años, sólo 35 por ciento iba a la escuela

“De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Acceso y Permanencia en la Educación, del INEGI, estos datos son de 2021, de todas las mujeres de entre quince y 29 años, sólo 35 por ciento iba a la escuela. Esto significa que en ese grupo 65 por ciento no asistía. Los principales motivos fueron que se casaron, se unieron o se embarazaron, lo que implica hacer tareas de cuidados”, explica la investigadora.

En la misma encuesta se encontró que 15 por ciento de las mujeres en ese rango de edad no iba a la escuela porque tenía que dedicarse a hacer los quehaceres del hogar o a cuidar algún familiar.

“Esto significa que muchas mujeres ven afectadas sus posibilidades de obtener una educación o de avanzar a otros niveles de escolaridad porque tienen que cuidar a algún familiar. No estamos hablando de mujeres de entre 50 o 60 años, sino de jovencitas”, enfatiza la investigadora universitaria.

Agrega que en el ciclo escolar 2021-2022, el último año para el cual tenemos información, casi 3 mil 800 niñas de 12 a 14 años dejaron de ir a la escuela o no fueron a la escuela precisamente porque tenían que hacer tareas domésticas o cuidar a algún familiar. “Eran niñas en edad de educación secundaria, que es obligatoria”.

“Esto nos da una idea de cómo estas tareas de cuidados que nos son asignadas socialmente a las mujeres tienen un impacto en nosotras y en las generaciones más jóvenes, porque estamos hablando de niñas de 12 a 14 años en 2021, es decir, ahora tendrán alrededor de 17 años. Esas jóvenes vieron su vida académica truncada precisamente porque tenían que cuidar a alguien”.

Cálculo del costo de los cuidados no remunerados

En relación con las personas que brindan cuidados a otras personas en el mercado, es decir, que reciben una remuneración, es un tema muy interesante precisamente porque estas personas son mayoritariamente mujeres.

“Pensemos en las trabajadoras domésticas, en las enfermeras, en las niñeras, que hacen trabajos que normalmente se llevan a cabo desde la informalidad. Y en muchos casos, hay una cierta explotación porque carecen de seguridad social y de otras prestaciones”.

Todavía es muy común en las ciudades escuchar: “Es que me traje a una chica de tal pueblo”. Se busca mano de obra barata en otras latitudes porque normalmente los salarios que les pagan son más reducidos aún. “¿Y qué derechos laborales tienen esas mujeres?”, se pregunta Sonia Frías.

Para calcular la participación en el PIB nacional del trabajo no remunerado de las mujeres que cuidan, normalmente se utilizan encuestas del INEGI. Una es la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, en la cual se pregunta a una muestra representativa de mexicanas y mexicanos qué hacen durante sus horas del día.

También tenemos la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, a partir de la cual se puede medir cuánto tiempo se dedica a preparar la comida, a llevar a las niñas y niños a la escuela, a atender a una persona adulta o a bañar a una persona adulta mayor, por ejemplo.

Este tipo de cálculos se realiza a partir de la remuneración que una persona tendría si ese trabajo fuera pagado en el mercado laboral. A partir del tiempo dedicado a cuidados se calcula cuánto valdrían esos cuidados si se monetizaran.

“Evidentemente es algo complejo, pero esos cálculos proceden precisamente del INEGI”, finaliza la académica del CRIM.