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Salud mental y therians : identidad, cultura digital y el desafío clínico de comprender sin estigmatizar

En un ecosistema digital donde las identidades se exploran, se nombran y se negocian en comunidad, el fenómeno therian ha emergido como un tema que despierta curiosidad, inquietud y, en ocasiones, juicios precipitados. ¿Se trata de una moda de redes sociales?, ¿de una expresión espiritual contemporánea?, ¿o de un trastorno mental no reconocido?

Desde la Facultad de Medicina de la UNAM, el Dr. Diego Coronel Manzo, académico del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental, propone una aproximación más rigurosa: comprender el fenómeno desde un modelo biopsicosocial y distinguir con claridad entre identidad y psicopatología.

¿Qué es la teriantropía?

La teriantropía, en su expresión contemporánea, describe la vivencia de personas que se identifican, en distintos grados, como un animal no humano, pese a reconocer que poseen un cuerpo humano. No se trata necesariamente de un juego de rol ni de una práctica performativa pública. En la mayoría de los casos es una experiencia subjetiva que se articula, sobre todo, en comunidades digitales.

Durante su participación en el programa +Salud FacMed de la Facultad de Medicina de la UNAM, transmitido el 24 de febrero, el Dr. Diego Coronel explicó que el fenómeno implica que una persona se identifique integralmente, y en diversos grados, como un animal no humano. Sin embargo, subrayó que esta vivencia puede expresarse de maneras muy distintas y que no toda identificación implica patología.

Lo que no es: no está en el DSM

Uno de los puntos más relevantes abordados fue la clasificación diagnóstica. “Actualmente no está clasificado como un diagnóstico del DSM 5 TR”, señaló el especialista, al responder preguntas de la audiencia. El DSM 5 TR, siglas en inglés de Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su versión revisada, es el principal referente internacional utilizado por psiquiatras y psicólogos clínicos para clasificar los trastornos mentales. Aunque el manual incluye trastornos psicóticos y otras categorías clínicas, no contempla la identidad therian como entidad diagnóstica independiente.

La distinción es crucial. Existen cuadros psiquiátricos en los que pueden aparecer ideas delirantes con contenido de transformación animal. No obstante, se trata de situaciones clínicas específicas que requieren evaluación integral y no deben confundirse con identidades no clínicas.

El académico insistió en la necesidad de diferenciar una identidad no clínica de un cuadro delirante. El criterio fundamental es el juicio de realidad. Si la persona reconoce que su cuerpo es humano, mantiene su funcionamiento social y no presenta deterioro significativo, no estamos ante un trastorno.

Un espectro entre identidad y psicopatología

La literatura disponible sugiere que el fenómeno puede entenderse como un espectro. En un extremo se encuentran personas con insight conservado, es decir, que mantienen conciencia de la realidad y reconocen que su cuerpo es humano y que su identificación no implica una transformación física real, además de conservar un funcionamiento social y académico intacto. En el otro, se describen casos clínicos raros de zoantropía con pérdida del juicio de realidad y deterioro funcional claro.

En estos últimos pueden identificarse trastornos subyacentes como psicosis, depresión psicótica o trastorno bipolar. “Si hay pérdida del insight, deterioro funcional o riesgo, entonces ya estamos hablando de un cuadro que requiere evaluación psiquiátrica”, explicó el Dr. Coronel.

El tratamiento, en tales circunstancias, no se dirige a modificar una identidad, sino a estabilizar el trastorno psiquiátrico de base y recuperar el funcionamiento del paciente.

Identidad narrativa y comunidad digital

Desde la psicología del desarrollo, la identidad se construye como una narrativa a lo largo de la vida. En estudios cualitativos se ha descrito que algunas personas que se identifican como therians relatan una sensación temprana de no pertenencia, seguida de una búsqueda de significado en la adolescencia y del encuentro con comunidades en línea que ofrecen lenguaje y validación.

“En la práctica, gran parte de la comunidad teriantrópica se articula en línea”, señaló el especialista. Internet no necesariamente crea la vivencia, pero facilita su articulación colectiva y la consolidación de una identidad compartida.

Desde la psicología social, el sentido de pertenencia cumple una función reguladora. En algunos casos, la identidad puede operar como mecanismo de afrontamiento frente a ansiedad o aislamiento. Esto no implica que la identidad sea un trastorno, sino que su significado depende del contexto y del impacto en la vida cotidiana.

¿Es un fenómeno nuevo?

La idea de transformación humano animal no es exclusiva de la era digital. A lo largo de la historia, distintas culturas han incorporado figuras híbridas y narrativas de metamorfosis. Lo novedoso no es el símbolo, sino el entorno contemporáneo donde se expresa.

También pueden reportarse experiencias de transformación en sueños vívidos o estados alterados de conciencia. Estas vivencias, por sí mismas, no constituyen un diagnóstico ni implican necesariamente enfermedad. Su relevancia clínica depende del juicio de realidad y del grado de afectación funcional.

Entre la patologización y la romantización

El modelo biopsicosocial permite evitar dos extremos. Por un lado, la patologización automática que etiqueta como enfermedad toda identidad no normativa. Por otro, la romantización acrítica que ignora la posibilidad de que existan casos clínicos reales.

“Hay que evitar patologizar lo que no es patológico”, enfatizó el Dr. Coronel. Al mismo tiempo, añadió que cuando existen síntomas psicóticos, deterioro funcional o riesgo de violencia, la intervención especializada es indispensable.

La práctica clínica responsable implica evaluación individualizada, detección de comorbilidades y una postura afirmativa cuando no hay deterioro. El foco debe estar en el malestar real y no en la etiqueta identitaria.

Familias, escuelas y sociedad

Para padres y docentes, el especialista recomendó escuchar antes de alarmarse y evitar el rechazo automático. “No se trata de ser alarmistas, sino de evaluar qué tan funcional es el individuo”, señaló.

Si existen señales de alarma como aislamiento extremo, conductas de riesgo o pérdida de contacto con la realidad, se justifica una valoración profesional. En ausencia de estos elementos, el acompañamiento debe centrarse en el respeto y la no estigmatización.

Ampliar nuestras categorías

La identidad therian no constituye, por sí sola, un trastorno mental. Tampoco puede comprenderse únicamente desde la psiquiatría. Involucra dimensiones psicológicas, culturales, sociales y digitales.

“El fenómeno nos invita a ampliar nuestras categorías explicativas y a recordar que la identidad humana no se comprende plenamente desde una sola disciplina”, concluyó el académico.

En salud mental, comprender precede a diagnosticar.