Imagina una ciudad que crece sin que su red eléctrica se ahogue. Calles congestionadas bajo tierra, edificios que demandan más energía cada año y, aun así, menos desperdicio, menos calor, menos apagones. Ese escenario —que hoy parece futurista— empieza a tomar forma en los laboratorios de la UNAM

Desde el Instituto de Ingeniería de la UNAM, un equipo encabezado por el investigador Frederic Trillaud trabaja con materiales capaces de cambiar las reglas del juego: cintas superconductoras de segunda generación, conductores ultradelgados que, al enfriarse con nitrógeno líquido, pueden transportar enormes cantidades de electricidad con pérdidas casi nulas.
Ver lo invisible: ¿dónde se pierde la energía?
En los cables convencionales, una fracción de la electricidad se disipa como calor. Es una pérdida silenciosa, cotidiana, que multiplicada por millones de usuarios se traduce en costos económicos y ambientales. La superconductividad propone otra lógica: conducir sin desperdiciar.
Las cintas estudiadas en la UNAM están hechas de un material cerámico conocido como REBCO (tierras raras, bario, cobre y oxígeno). Aunque miden apenas una décima de milímetro de espesor, pueden conducir corrientes muy superiores a las del cobre, siempre que se mantengan a temperaturas cercanas a los –196 °C, la del nitrógeno líquido. Y aquí aparece una ventaja clave: el nitrógeno es abundante y relativamente barato de producir.
Ciencia que mide para transformar
El reto no es solo fabricar estos materiales, sino entender con precisión cómo se comportan en condiciones reales, donde la corriente alterna domina la red eléctrica. Los fabricantes suelen indicar solo valores mínimos de desempeño; la ciencia universitaria va más lejos.
Por primera vez en México y América Latina, la UNAM caracterizó de manera detallada las pérdidas eléctricas en corriente alterna de estas cintas superconductoras. Medirlas permite responder preguntas cruciales: ¿en qué aplicaciones conviene sustituir cobre por superconductores?, ¿cuánto se ahorra realmente?, ¿en cuánto tiempo se recupera la inversión?
Con estos datos, explica Trillaud, es posible dialogar con el sector industrial o con empresas de energía y decidir dónde y cuándo conviene incorporar esta tecnología. Entre las opciones con mayor potencial están los cables superconductores, capaces de transportar grandes corrientes en espacios reducidos, justo lo que requieren las ciudades modernas.
Un conocimiento que cruza fronteras
Este avance no se construye en solitario. La investigación se apoya en una red internacional de colaboración que amplía las capacidades experimentales y formativas de la Universidad. Especialistas como Bruno Douine, de la Universidad de Lorena, aportan experiencia en mediciones de alta precisión; laboratorios franceses permiten probar prototipos cercanos a escala real; y modelos numéricos desarrollados en Sudamérica ayudan a simular y optimizar el diseño de futuros equipos superconductores.
Estas alianzas no solo generan artículos científicos: forman estudiantes, crean estancias académicas y conectan a la UNAM con industrias que buscan soluciones tecnológicas frente a los desafíos del cambio climático.
De la imaginación a la infraestructura
Cambiar una red eléctrica no ocurre de un día para otro. Pero toda transformación comienza con una necesidad clara y con conocimiento confiable. Al estudiar los límites y posibilidades de la superconductividad, la UNAM anticipa escenarios, reduce incertidumbres y acerca una tecnología de frontera a la realidad cotidiana.
Así, la ciencia universitaria convierte una idea que parecía ciencia ficción —electricidad casi sin pérdidas— en una opción concreta para el futuro energético. Imaginarlo es el primer paso; medirlo, entenderlo y formarlo en nuevas generaciones es lo que hoy hace la UNAM.
