Pablo está preparado, tiene una conversación muy interesante, es periodista, viste muy limpio y tiene 60 años, pero se encuentra en situación de calle. Su historia comenzó hace muchos años, cuando tenía un buen trabajo y una casa, pero era gay en una época donde eso estaba mal visto.
Un día fue a la marcha del orgullo lésbico-gay, le tomaron fotos y sus amigos y su familia se enteraron. No quisieron volver a verlo. En su trabajo lo corrieron y después consiguió otro empleo con menor sueldo; así fue pasando de uno a otro, cada vez en peores condiciones, hasta que un día se enfermó, gastó sus ahorros y ya no pudo conseguir trabajo. Entonces se fue a vivir a un albergue.
Nadie escoge eso. De hecho, cualquier persona es susceptible de terminar en la calle, dijo en entrevista para UNAM Global Alí Ruíz Coronel, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales.

Todo el tiempo en las calles
En las grandes ciudades hay vidas que transcurren a la intemperie. Entre banquetas, avenidas, parques y estaciones de transporte, hombres, mujeres, jóvenes y, en ocasiones, familias completas sobreviven cada día en condiciones marcadas por la exclusión.
Una persona se encuentra en situación de calle porque, por alguna razón, carece de una vivienda, pero esto es sólo la punta del iceberg; lo que hay detrás es una serie de exclusiones y la falta de garantía de los derechos humanos, añadió Ruíz Coronel.
También se incluyen las personas que viven en albergues de la Ciudad de México, debido a que no tienen un hogar. De hecho, sus actividades de supervivencia, como dormir o comer, las llevan a cabo todo el tiempo en las calles.
Generalmente, estas personas no sólo carecen de casa, sino también de educación formal, redes sociales, trabajo y acceso a la salud, entre otros derechos.
Desde la antigüedad
Vivir en situación de calle es un problema individual, consecuencia de decisiones personales y de la historia de cada uno, pero también tiene un componente sociocultural, relacionado con la comunidad, la familia, la historia y el entorno de cada persona.
Por eso existen personas en situación de calle en absolutamente todos los países y prácticamente en todas las épocas de la historia. Siempre ha habido fenómenos que excluyen a ciertos grupos de población por sus características.
En cada país y en cada momento histórico hay un conjunto de condiciones que hacen que personas con algunas características sean más vulnerables y estén más expuestas a que esto les pueda ocurrir. Por eso es un fenómeno social.
¿Cómo ve la sociedad a las personas en situación de calle?
En la sociedad hay todo tipo de personas. Hay quienes son sensibles a la situación y tratan de apoyar. Por supuesto, hay profesionales de la sociedad civil que conocen bien el fenómeno y están comprometidos para ayudar.
Desafortunadamente, la mayor parte de la población es indiferente. ¿Por qué? De acuerdo con Alí Ruíz, existen dos razones.
Conocer la historia de una persona, saber qué le pasó y sentir empatía, duele. Por eso muchas personas prefieren bloquear el contacto para no experimentar ese sentimiento.
Generalmente, la gente tiene prejuicios ante las personas en situación de calle. Piensan que están ahí porque quieren, porque son flojas, drogadictas, cuya vida es fácil y muy conveniente. Por lo tanto, consideran que no merecen atención.
Al final, la mayoría piensa: “bueno, es su situación, que lo resuelva como pueda; mientras no me afecte, no puedo hacer nada”. Desafortunadamente, sí se puede hacer más daño. De hecho, la discriminación más directa se recibe de los vecinos y transeúntes.
Cómo vivir en un pantano
Estar en situación de calle es como vivir en un pantano; uno se hunde más y más. Basta pensar que no pueden bañarse, no tienen comprobante de domicilio, nadie les cree ni confía en ellos.
Entonces, ¿quién les da trabajo? Y si no tienen empleo, ¿cómo pueden rentar un lugar o pagar algo? Se trata de un círculo vicioso del que resulta muy difícil salir sin apoyo.
¿Cuál es la principal causa de dicha situación en México?
Para Alí Ruíz Coronel no hay una causa principal. En general, esta situación surge por múltiples razones. Por ejemplo, hay mucha gente en situación de pobreza, pero no termina en la calle; hay quienes migran y tampoco terminan en las calles.
Se necesita que se junten varias causas entre sí para expulsar a alguien. De hecho, cada historia de vida es diferente y, al mismo tiempo, tiene factores en común con otras personas.
Algunos casos
Anteriormente, la mayor parte de las personas que habían nacido en zonas rurales y migraban a la ciudad con la expectativa de encontrar trabajo, al final terminaban en la calle.
La falta de oportunidades laborales impide que muchas personas puedan cubrir sus necesidades de vivienda, sobre todo porque el costo de las rentas es muy alto.
En ocasiones hay niños que huyen de casa porque sus papás son consumidores y/o ejercen violencia contra ellos.

Algunas personas del campo vienen a la Ciudad de México a vender sus productos y no pueden regresar cada día a su casa, así que se quedan temporalmente en las calles.
También hay adultos mayores que no tienen ingresos y cuya familia no quiere hacerse cargo de ellos.
En otros casos, mujeres que sufren violencia se van de la casa junto con sus hijos; muchas veces se vuelven comerciantes ambulantes.
Consecuencias
Algunas personas que terminan en las calles no eran consumidoras, pero una vez que se encuentran en dicha situación se vuelven adictas a diversas sustancias.
Aunque el consumo puede ayudarles momentáneamente a mitigar el hambre, la sed, la vergüenza o el frío, con el tiempo se convierte en un verdadero problema.
Una persona en la calle, tarde o temprano, consume alguna sustancia, porque además le ayuda a socializar con otras personas que están en la misma situación.
Programas
Por parte del gobierno existe un protocolo interinstitucional de atención a personas en situación de calle, a cargo de la Secretaría del Bienestar, a través del Instituto de Atención a Poblaciones Prioritarias.
Esta instancia coordina los albergues para los diferentes sectores poblacionales, como son hombres, mujeres, personas en abandono social y personas con discapacidad, entre otros.
Además, hay otros programas que no están hechos específicamente para personas en situación de calle, pero que también les benefician. Por ejemplo, los comedores comunitarios, que no están pensados exclusivamente para ellos, pero a los que pueden acceder.
Quien ha tenido una mayor presencia es la sociedad civil, con diversas metodologías diseñadas para cada tipo de población. Por ejemplo, hay principalmente programas para niños y niñas.
