De acuerdo con la última estimación del Gobierno de México, en el país una de cada 700 niñas y niños nace con síndrome de Down. A partir de esta cifra, se calcula que más de 220 mil personas viven con esta condición.
Este panorama plantea un reto importante que va más allá de la atención médica y la educación durante la infancia. Hoy, el foco también debe ponerse en las etapas posteriores del ciclo de vida, particularmente en la vejez. Durante décadas, la expectativa de vida de las personas con síndrome de Down fue considerablemente baja; sin embargo, gracias a los avances en la medicina, la inclusión social y el acceso a servicios de salud, muchas de ellas alcanzan actualmente la adultez e incluso edades avanzadas.
Este cambio no sólo modifica las estadísticas: abre una pregunta fundamental que hasta hace poco era poco explorada. ¿Qué ocurre cuando una persona con síndrome de Down envejece?
Comprender este proceso implica adoptar una perspectiva multidimensional que considere no sólo los aspectos biológicos, sino también los sociales, psicológicos y familiares. Analizar cómo envejecen, cuáles son los principales desafíos que enfrentan y qué intervenciones pueden mejorar su bienestar es clave para garantizar una vida digna y de calidad a lo largo de todo su ciclo vital.
Un poco de contexto
El síndrome de Down es una condición genética que ha sido objeto de estudio durante más de un siglo. Así lo explicó el Dr. Octavio César García González, de la Facultad de Psicología de la UNAM, durante la conferencia ¿Cómo envejece una persona con síndrome de Down?, impartida como parte del ciclo UNAMirada desde la Psicología.
Esta condición fue descrita por primera vez en 1866 por el médico británico John Langdon Down, quien identificó características físicas comunes en un grupo de personas, lo que permitió clasificarlas dentro de una misma condición. En ese momento, la descripción se centró en rasgos fenotípicos y en ciertas características del aprendizaje.
Sin embargo, el origen biológico no se comprendió sino hasta 1959, cuando se descubrió que el síndrome de Down está relacionado con una alteración en el número de cromosomas. Mientras que la mayoría de las personas tiene 46 cromosomas organizados en 23 pares, en este caso ocurre un error durante la división celular —conocido como no disyunción cromosómica— que da lugar a un cromosoma extra.
Como resultado, el embrión presenta 47 cromosomas, debido a una copia adicional del cromosoma 21. Esta condición, llamada trisomía 21, representa más del 90 % de los casos. Existen también variantes menos frecuentes, como la translocación cromosómica y el mosaicismo.
Una mirada integral a sus manifestaciones
El síndrome de Down se caracteriza por una amplia diversidad de manifestaciones físicas y funcionales. Se han descrito más de 250 rasgos fenotípicos asociados, los cuales varían considerablemente entre individuos.
Entre ellos se encuentran alteraciones en el neurodesarrollo, características craneofaciales específicas, problemas sensoriales, afecciones respiratorias, disfunciones del sistema inmune, trastornos gastrointestinales y alteraciones musculoesqueléticas, entre otros.
Uno de los aspectos más relevantes es la discapacidad intelectual, ya que el síndrome de Down constituye la principal causa genética de esta condición. Aunque el grado de afectación es variable, todas las personas con síndrome de Down presentan algún nivel de discapacidad intelectual.

Envejecimiento prematuro: el gran desafío
Uno de los rasgos más distintivos del síndrome de Down es el envejecimiento acelerado, expresó García González. “A diferencia de la población general, no siempre existe una correspondencia clara entre la edad cronológica y el estado físico o funcional. Es común que los signos de envejecimiento aparezcan desde edades tempranas, particularmente a partir de los 30 años”, destacó.
En el contexto actual, donde la esperanza de vida puede superar los 70 años, este fenómeno adquiere mayor relevancia. Vivir más también implica enfrentar enfermedades asociadas al envejecimiento, como pérdida auditiva, apnea del sueño, alteraciones tiroideas, obesidad, osteoporosis, problemas articulares y diabetes.
Sin embargo, uno de los riesgos más significativos es la alta predisposición a desarrollar la enfermedad de Alzheimer. La demencia se ha convertido en una de las principales causas de muerte en esta población. Esta relación está estrechamente vinculada tanto al envejecimiento acelerado como a factores genéticos asociados al cromosoma 21.
De hecho, muchas personas con síndrome de Down presentan deterioro cognitivo a edades más tempranas que la población general. Incluso en ausencia de Alzheimer, diversos estudios muestran un declive progresivo en funciones como el lenguaje, la atención, la socialización y las funciones ejecutivas, especialmente entre los 30 y 40 años.
Estos cambios están relacionados con alteraciones estructurales en el cerebro, como la disminución del volumen en regiones clave como el hipocampo y los lóbulos frontales y parietales, fundamentales para la memoria y las funciones cognitivas superiores.
Lo que ocurre en el cerebro
Para entender por qué el envejecimiento es más acelerado en personas con síndrome de Down, es necesario observar lo que sucede a nivel microscópico.
El cerebro está compuesto por neuronas y células gliales. Las neuronas se comunican entre sí a través de estructuras llamadas sinapsis, que dependen en gran medida de pequeñas prolongaciones conocidas como espinas dendríticas. Estas estructuras son esenciales para la transmisión de información.
“En el síndrome de Down, desde etapas tempranas existe un menor número de espinas dendríticas, lo que limita la capacidad de establecer conexiones neuronales. Con el envejecimiento, esta situación se agrava debido a la pérdida progresiva de estas estructuras, así como a una reducción en el número de neuronas y células gliales”, comentó el especialista de la Facultad de Psicología.
A esto se suma el estrés oxidativo, un proceso en el que se acumulan moléculas dañinas que afectan el ADN y las células. En las personas con síndrome de Down, este fenómeno se intensifica debido a desequilibrios bioquímicos relacionados con el cromosoma 21.
Otro factor clave es la acumulación temprana de beta-amiloide, una proteína asociada con el Alzheimer, así como procesos de neuroinflamación que aceleran el deterioro neuronal.
En conjunto, estos mecanismos ayudan a explicar por qué el envejecimiento en esta población ocurre de manera distinta y más acelerada.
Sugerencias principales para el cuidado de personas con síndrome de Down en la vejez
De acuerdo con el artículo Recomendaciones para la atención a los adultos con síndrome de Down. Revisión de la literatura, hay varias sugerencias desde la parte médica, preventiva, social y de acompañamiento continuo para el cuidado de personas adultas y mayores con síndrome de Down.
- Atención médica integral y continua. Implica una vigilancia activa de múltiples sistemas del cuerpo mediante evaluaciones médicas periódicas a lo largo de toda la vida adulta, con especial atención a trastornos tiroideos, problemas visuales y auditivos, apnea del sueño, enfermedades gastrointestinales, alteraciones osteoarticulares, osteoporosis e infecciones respiratorias recurrentes.
- Detección temprana de deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer. Se recomienda realizar evaluaciones neuropsicológicas desde la adultez temprana, así como dar seguimiento a cambios en el lenguaje, la memoria, las funciones ejecutivas, la conducta y la socialización.
- Control de enfermedades metabólicas y autoinmunes. El seguimiento debe incluir controles regulares de función tiroidea, niveles de glucosa y lípidos, así como monitoreo del peso y del índice de masa corporal (IMC).
- Evaluación cardiovascular y osteoarticular. Es necesario dar seguimiento a la salud del sistema cardiovascular, así como a posibles alteraciones en huesos y articulaciones, que pueden impactar la movilidad y la calidad de vida.
- Atención psiquiátrica y conductual. La evidencia científica indica que entre el 27 % y el 35 % de los adultos con síndrome de Down pueden presentar trastornos mentales. Por ello, es fundamental realizar evaluaciones psicológicas y psiquiátricas de manera periódica.
- Fortalecimiento de la red de apoyo familiar y social. En este apartado es importante considerar estrategias de apoyo para cuidadores —que en su mayoría suelen ser madres—, incluyendo espacios de descanso y programas de respiro.
- Educación para la salud y promoción de estilos de vida saludables. A lo largo de la vida adulta se recomienda fomentar la actividad física regular, una alimentación equilibrada, el cuidado de la higiene personal y bucal, así como la participación social y en actividades recreativas.
- Enfoque global e individualizado. Cada persona debe ser atendida desde una perspectiva integral, considerando sus necesidades específicas y evitando reducir su atención únicamente a la discapacidad.
Más que intervenciones aisladas, se trata de construir un acompañamiento constante que responda a las necesidades cambiantes a lo largo del tiempo.

El envejecimiento como nuevo horizonte de estudio
El síndrome de Down es una condición genética compleja que impacta múltiples sistemas del organismo a lo largo de toda la vida. Los avances médicos han permitido mejorar significativamente la esperanza y calidad de vida de esta población, pero también han hecho visible un proceso que antes pasaba desapercibido: su envejecimiento.
Comprender cómo y por qué envejecen las personas con síndrome de Down es fundamental para diseñar mejores estrategias de atención, cuidado y acompañamiento. Al mismo tiempo, su estudio ofrece pistas valiosas para entender los mecanismos del deterioro cognitivo, enfermedades como el Alzheimer y, en general, el envejecimiento humano.
En este sentido, mirar de cerca este proceso no sólo es una cuestión de inclusión, sino también una oportunidad para ampliar el conocimiento sobre la salud y la vida en todas sus etapas.
