“Deben tener alma los que la sienten dentro de sí bullir y reclamar. Tal vez sean los hombres como las plantas; no todas están llamadas a retoñar y las hay en las arenas que viven sin sed de agua porque carecen de hambrientas raíces. Y puede, puede así, que las muertes no sean todas iguales. Puede que hasta después de la muerte todos sigamos distintos caminos”, dice la escritora chilena María Luisa Bombal, quien perteneció a la narrativa de la llamada Generación de 1942.
Soliloquio fantasmagórico, universo poblado de imágenes etéreas escupido de la voz de una muerta, de la amortajada.