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Del silencio a la imprenta: la prensa femenina que desafió las ideas del siglo XIX

La participación de las mujeres en la prensa literaria mexicana del siglo XIX abrió caminos hacia la educación, la profesionalización y la conquista de derechos en una sociedad que limitaba su papel al ámbito doméstico.

La lectura como puerta de entrada

Durante el siglo XIX, el quehacer de las mujeres mexicanas estuvo fuertemente condicionado por los límites impuestos entre lo doméstico y lo público. Sin embargo, algunas lograron desafiar estas fronteras mediante una herramienta poderosa: la escritura.

La historiadora Lucrecia Infante Vargas, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ha demostrado cómo la participación femenina en la prensa literaria decimonónica no solo representó una forma de expresión cultural, sino también un paso fundamental hacia la visibilidad pública y la conquista de derechos.

“Estamos ya en un universo donde las diversas tecnologías de la información nos alejan de pensar la gran relevancia que tenía, para las mujeres del siglo XIX, la posibilidad de aprender a leer y escribir. Este aprendizaje permitió a las mujeres pensarse a sí mismas desde un lugar diferente”, comentó.

Antes de escribir, las mujeres aprendieron a leer, muchas veces de forma clandestina, en un entorno que les prohibía el acceso formal al conocimiento.

En este contexto, surgieron prácticas colectivas como la lectura en voz alta, que funcionó como una forma temprana de socialización y creación literaria entre mujeres.

De lo íntimo a lo impreso

La historiadora explicó que muchas comenzaron escribiendo en privado —cartas, diarios, poesía— y, con el tiempo, encontraron maneras de hacer público su pensamiento, incluso si esto requería ocultar su identidad.

“En un segundo momento, empiezan a integrarse al mundo de la cultura impresa, pero de manera velada, firmando con pseudónimos”, explicó.

Este fenómeno no fue exclusivo de las mujeres. También autores como Vicente Riva Palacio recurrieron a seudónimos femeninos para abordar temas vedados a los hombres por los prejuicios de género de la época.

El uso del pseudónimo revela cómo las normas culturales afectaban a ambos géneros, aunque con consecuencias muy distintas.

La consolidación de la prensa femenina

El verdadero punto de quiebre llegó cuando las mujeres no solo escribían, sino que también dirigían y editaban sus propias publicaciones. Infante Vargas ubica esta ruptura a partir de 1870, con revistas como Violeta de Anáhuac, El Álbum de la Mujer o La Siempreviva, la cual “forma parte de un proyecto mucho más amplio que incluía una escuela de bellas artes para niñas y un teatro”.

Estas publicaciones permitieron articular demandas sociales, como el derecho a la educación, la igualdad de género y el reconocimiento de las capacidades intelectuales femeninas, en una sociedad que concebía a las mujeres exclusivamente como madres y cuidadoras.

Pioneras del periodismo

Durante el siglo XIX, la escritura se convirtió en un vehículo mediante el cual las mujeres expresaron sus ideas, deseos y proyectos de transformación social.

Una figura central en este proceso fue Laureana Wright, escritora y periodista mexicana nacida en Taxco, Guerrero, que fundó una de las primeras revistas femeninas.

La prensa femenina también creó redes de colaboración: mujeres como Josefa Murillo en Veracruz o Rosa Navarro en Puebla lograron establecer vínculos a distancia, consolidando una comunidad de autoras con objetivos comunes.

“Podemos confirmar que una buena cantidad de mujeres se afianzaron en esta dedicación a escribir a partir de la remuneración que sí tenían en las secciones de crónica social o de moda”.
—Lucrecia Infante Vargas, FFyL-UNAM

Otra figura destacada fue María Enriqueta Camarillo, quien, desde su formación como profesora de jardín de niños, escribió la colección infantil Rosas de la infancia.

Asimismo, mujeres ligadas a la política iniciaron su actividad pública en la prensa, como Hermila Galindo, fundadora de La Mujer Moderna, donde se publicaban artículos de moda, literatura y política.

El legado de estas autoras abrió el camino para escritoras del siglo XX, como Rosario Castellanos, cuya obra evidenció cómo la escritura femenina logró posicionarse en la esfera pública, intelectual y política.

Impacto y legado

Aunque su circulación inicial estuvo restringida a sectores de élite, existen indicios de una difusión más amplia gracias a prácticas como la lectura en voz alta y el préstamo de ejemplares.

Estas publicaciones fueron precursoras de una industria editorial dirigida a mujeres, con secciones sobre moda, maternidad y belleza, además de incluir publicidad de productos específicos.

“Todo ese sistema donde las publicaciones para mujeres tenían esa importancia fundamental empezó a entretejerse en ese momento”, concluyó la investigadora.

En suma, el desarrollo de la prensa femenina en México no solo abrió caminos para la participación de las mujeres en el ámbito cultural, sino que también sembró las bases para su educación, su profesionalización y la conquista de derechos más amplios.