Cada año, estudiantes de distintas entidades académicas de la Universidad Nacional Autónoma de México participan en programas de internacionalización que les permiten ampliar su formación académica y profesional más allá de las aulas. Los Programas de Prácticas Profesionales de la UNAM Canadá y el Programa para el Impulso a la Titulación por Actividades Académicas en el Extranjero (PITAAE), coordinado por la DGECI-UNAM, forman parte de estas oportunidades que acercan a las y los estudiantes a contextos reales de trabajo, intercambio y aprendizaje intercultural.

La generación 2025–2026 de becarias y becarios en la UNAM Canadá estuvo integrada por perfiles diversos —lenguas, diseño gráfico, actuación, y gestión intercultural— que encontraron en esta experiencia no solo un espacio de formación profesional, sino también un ámbito de crecimiento personal marcado por el acompañamiento, la autonomía progresiva y la convivencia en un entorno multilingüe.
Fred Villarruel Ramírez, del programa de Enseñanza de Inglés en la FES Acatlán y becario en el área de Docencia de Inglés, llegó a Canadá con expectativas claras sobre su formación docente. Sin embargo, su experiencia se fue construyendo desde un lugar menos visible, pero fundamental: observar y participar en los procesos que anteceden al aula. Conocer la planeación de los cursos, revisar materiales, entrevistar a personas interesadas en aprender idiomas y participar en reuniones académicas le permitió comprender la docencia como un trabajo colectivo y estructurado. Este acompañamiento cercano —presente sin ser invasivo— le dio la confianza necesaria para asumir responsabilidades y reconocerse capaz de liderar y tomar decisiones.
Desde el área de Docencia de Francés, María Fernanda González Ruiz, del programa de Lingüística Aplicada del francés en la ENALLT, vivió una experiencia profundamente formativa al desarrollar la totalidad de su proyecto en Canadá. Lo que inicialmente le generaba inquietud —comunicarse en francés quebequense— terminó por convertirse en uno de los aprendizajes más enriquecedores de su estancia. Más allá de los libros y el aula, experimentó la lengua en sus usos reales y en su pragmatismo. Este acercamiento le permitió observar las políticas lingüísticas en acción y comprender cómo el bilingüismo se vive y se negocia en un contexto específico donde incluso el clima influye en cómo una lengua evoluciona. La experiencia transformó su manera de entender la enseñanza de lenguas y reforzó su convicción de que no es posible enseñar un idioma sin atender a la cultura, la historia y las cosmovisiones que lo engendran.
En el ámbito artístico, Damara Vanessa Saavedra Lazo, del programa de Teatro y Actuación en el Centro Universitario de Teatro y becaria en el área de Proyectos Interculturales, descubrió en la práctica profesional un espacio para ponerse a prueba. Sin una formación específicamente enfocada en dirección, asumió el reto de coordinar un grupo teatral amateur y llevar un proyecto escénico hasta su montaje y presentación. A lo largo del proceso, desarrolló una autonomía que se reflejó tanto en el ámbito creativo como en su vida cotidiana: aprender a organizarse, cuidarse, administrar recursos y adaptarse a un nuevo entorno cultural le permitió reconocer capacidades que no sabía que tenía.
Desde el área de Comunicaciones, Valeria Ramos Martínez, del programa de Diseño Gráfico en la FES Acatlán, vivió la experiencia como una apertura de posibilidades. Desenvolverse en un entorno donde convergen el español, el inglés y el francés fortaleció su confianza para trabajar en contextos internacionales y reafirmó su interés por continuar su formación académica en el extranjero. El trabajo con equipos multidisciplinarios le permitió ampliar su portafolio con elementos de gran calidad profesional, fortalecer habilidades blandas y aprender a comunicar de manera aún más clara las necesidades del diseño dentro de una institución compuesta por personas de diversas disciplinas y trayectorias.
Isaac Raúl Rodríguez Mata, del programa de Diseño Gráfico en la FES Acatlán y becario en el área de Comunicaciones, llegó a la UNAM Canadá con un objetivo claro que había construido desde etapas tempranas de su formación: vivir una experiencia académica en el extranjero. Aprender francés —algo que no había contemplado— y mejorar su nivel de inglés le permitió desenvolverse con mayor seguridad en un entorno internacional. En lo profesional, comprendió de manera más tangible el impacto que tiene el diseño dentro de una institución del tamaño de la UNAM, así como la responsabilidad que implica comunicar de forma clara y estratégica. Para Isaac, la experiencia confirmó que atreverse a dar el paso abre nuevas perspectivas y fortalecer la confianza en las propias capacidades, además de generar materiales que serán de gran utilidad para futuras generaciones.
Por su parte, Vianney Reyna Hernández, del programa de Lengua y Literatura Hispánicas en la FES Acatlán y becaria en el área de Docencia de Español, encontró en la UNAM Canadá un espacio inesperado de descubrimiento profesional y personal. Desenvolverse en una cultura donde no se habla su lengua materna e interactuar principalmente en entornos francófonos representó uno de los mayores retos de su experiencia, pero también una de sus mayores satisfacciones. Fue en este contexto donde se acercó por primera vez a la docencia del español como lengua extranjera, un campo que hasta entonces no había contemplado. La experiencia la llevó a valorar la importancia del acompañamiento y la comunidad, así como a reconocer que atreverse a salir de la zona de confort es una forma concreta de crecimiento.
Finalmente, Michel Aidet Cortés Ángulo, del programa de Desarrollo y Gestión Interculturales en la ENES Mérida y becaria en el área de Proyectos Interculturales, destacó la experiencia de inmersión cultural y lingüística como uno de los aprendizajes más significativos de su estancia. Convivir cotidianamente con personas provenientes de distintos países, contextos y lenguas le permitió poner en práctica herramientas clave de su formación como gestora intercultural y comprender, desde la experiencia directa, la complejidad de trabajar en entornos diversos. Al mismo tiempo, enfrentar un clima y un ritmo de vida muy distintos a los de Mérida, la llevó a reflexionar sobre la importancia del autocuidado, la organización personal y la planificación financiera como parte integral de su experiencia.
Además de las actividades que desempeñaban en sus áreas y sus proyectos con fines de titulación, las y los integrantes de esta generación participaron de los cursos de francés o inglés, y en las actividades del programa PUMA+, una iniciativa de inmersión lingüística y cultural de la UNAM Canadá que actualmente mantiene abierta su convocatoria para los cursos presenciales de verano 2026. Su experiencia refleja cómo estos espacios complementan la formación académica y ofrecen oportunidades concretas para seguir desarrollando competencias lingüísticas e interculturales.
Las historias de esta generación dan cuenta del compromiso de la UNAM con la internacionalización y la formación integral de su estudiantado, y muestran que aprender fuera del aula también implica aprender sobre uno mismo, sobre los otros y sobre el lugar que se ocupa en un mundo cada vez más interconectado.
