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En la Mixteca Alta, las plantas silvestres sostienen la alimentación y la memoria

En la Mixteca Alta de Oaxaca, donde la tierra parece resistirse a la agricultura convencional, la vida encuentra otros caminos. Ahí, entre suelos erosionados y un clima que oscila entre lo árido y lo húmedo, persiste un conocimiento que no solo alimenta, también define identidades.

Un grupo de investigación del Instituto de Geografía de la UNAM identificó 42 especies de plantas silvestres comestibles utilizadas por comunidades locales para el autoconsumo. Lejos de ser un recurso marginal, estas plantas forman parte de un sistema alimentario que combina biodiversidad, tradición y resiliencia.

“En esta zona el clima es muy variable, a veces se comporta como si fuera una región árida, y en otras es muy húmeda, pero hay plantas silvestres para ambas condiciones”, explicó Quetzalcóatl Orozco Ramírez, coordinador de la Unidad Académica de Estudios Territoriales Oaxaca.

Entre las especies registradas aparecen quelites blancos y cenizos, quintoniles, violetas o alaches, guajes, cuyas vainas con semillas aromáticas son fundamentales en la cocina mixteca, y coyules, una especie de trébol. Algunas son endémicas. Otras existen en distintas regiones del país, aunque fuera de Oaxaca han dejado de formar parte de la dieta cotidiana.

El estudio se desarrolló dentro del Geoparque Mixteca Alta, territorio reconocido por la UNESCO que abarca 415 kilómetros cuadrados y nueve municipios del occidente del estado. Ahí, el equipo universitario combinó herramientas de la agroecología y la antropología para documentar no solo las especies, sino el conocimiento ancestral que las sostiene.

“Estas son una fuente significativa de alimentación para las comunidades, sobre todo en años de malas cosechas agrícolas”, subrayó el especialista. Durante mucho tiempo se asumió que el consumo de estas plantas estaba ligado únicamente a condiciones de pobreza. Sin embargo, los hallazgos cuestionan esa idea.

Incluso cuando mejoran las condiciones económicas, su consumo persiste. No se trata solo de necesidad. Hay gusto, hay cultura, hay una forma de entender la comida como parte de la identidad. Comer quelites o guajes no es únicamente alimentarse. Es mantener vivos los sabores y prácticas que han acompañado a la región por generaciones.

Con apoyo de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, el estudio también permitió identificar 23 especies de mayor consumo, como verdolaga y quintoniles, y elaborar materiales de divulgación para su reconocimiento.

El hallazgo abre una discusión más amplia sobre la biodiversidad y su papel en la seguridad alimentaria. En un contexto de cambio climático y crisis agrícola, estas plantas representan alternativas que ya existen, que ya se conocen y que han demostrado su capacidad de adaptación.

Pero su permanencia no está garantizada. El uso de herbicidas y productos químicos en el suelo amenaza su desarrollo. Por ello, los investigadores advierten sobre la necesidad de proteger estos ecosistemas y los saberes asociados a ellos.

En la Mixteca Alta, donde las condiciones parecen adversas, la alimentación no depende únicamente de lo que se siembra, sino de lo que se sabe reconocer. Y ese conocimiento, transmitido de generación en generación, sigue siendo hoy una forma de resistencia.