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Perro caramelo: entre su valor simbólico en México y el debate sobre su reconocimiento como “raza”

En abril de 2026, la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (Propaem) anunció el reconocimiento del llamado “perro caramelo” o “perro amarillo” como una “raza” mexicana emblemática, colocándolo simbólicamente al lado de razas históricas como el Xoloitzcuintle. La medida, concebida como parte de una estrategia de visibilización y fomento a la adopción, ha generado un amplio debate entre especialistas en medicina veterinaria y genética canina, quienes cuestionan su fundamento científico y advierten posibles efectos contraproducentes.

El “perro caramelo”, término coloquial usado en México para referirse a perros mestizos de color amarillo, miel o café claro, es, en realidad, un ejemplar sin linaje definido, producto de múltiples cruces a lo largo de generaciones. Su presencia es común en calles, parques y comunidades de todo el país, donde forma parte del paisaje urbano y representa, para muchos, la imagen más visible del abandono animal.

El debate científico: ¿puede un mestizo ser una raza?

De acuerdo con el maestro Luis Eduardo Arozamena Montfort, de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, aunque la medida de la Propaem puede considerarse positiva en términos de sensibilización social, el reconocimiento de una raza no puede basarse únicamente en características físicas como el color del pelaje. Para ello se requieren criterios estrictos: estudios genéticos, reproducción controlada, estabilidad hereditaria y la definición de estándares precisos.

En este sentido, el perro caramelo no cumple con los requisitos técnicos. Su diversidad genética impide establecer uniformidad en tamaño, temperamento o estructura, por lo que se clasifica como perro mestizo o criollo.

Además, el proceso formal de reconocimiento de una raza implica décadas de trabajo, con registros genealógicos, análisis de ADN y validación de organismos especializados como la Federación Canófila Mexicana o la Federación Cinológica Internacional. Incluso en el caso de razas mexicanas reconocidas, como el Chihuahua, el Xoloitzcuintle o el Calupoh, estos procesos han tomado generaciones.

Estándares caninos y función zootécnica

Arozamena Montfort añadió que las razas caninas no solo se definen por su apariencia, sino por su función zootécnica, es decir, el propósito para el cual fueron desarrolladas, ya sea como guardia, compañía, caza o trabajo. Incluso dentro de la categoría de perros de compañía, se establece una función específica: la convivencia emocional y el acompañamiento humano.

En ese sentido, cada raza debe responder a una estructura funcional y física precisa, detallando desde la forma de la cabeza hasta la posición de la cola, el tipo de pelaje y su utilidad frente al entorno. Estas características deben mantenerse estables en la reproducción, algo que no ocurre con los perros mestizos como el caramelo.

El problema de fondo: el abandono animal en México

Sin embargo, el debate no se agota en lo técnico. La popularidad del “perro caramelo” pone sobre la mesa una problemática más profunda: el abandono animal en México.

El país enfrenta altos niveles de perros en situación de calle; se estima que cerca del 70 % de la población canina vive fuera de un hogar. Muchos de estos animales tienen origen doméstico y su situación está estrechamente ligada a la falta de tenencia responsable: ausencia de esterilización, reproducción sin control y abandono directo.

En este contexto, las campañas de esterilización, el uso de correa y collar, así como programas de control poblacional, se han convertido en herramientas clave para reducir la sobrepoblación y los riesgos sanitarios asociados.

El riesgo de un símbolo único

Aunque el “perro caramelo” ha logrado posicionarse como un emblema cultural, centrar la narrativa únicamente en este tipo de perro puede resultar problemático. Visibilizar solo al “caramelo” podría, incluso, invisibilizar a otros perros mestizos como el “medio poodle” o “el negrito”, que también viven en condiciones de abandono, generando una jerarquización simbólica que no refleja la diversidad real de la población canina en situación de calle.

En otras palabras, el problema no es el color del pelaje, sino la condición compartida de millones de animales sin hogar.

Educación y cultura: la solución de fondo

Por ello, el maestro de la FES Cuautitlán resaltó que la solución no pasa por clasificaciones simbólicas, sino por un cambio cultural profundo. La educación en tenencia responsable, la promoción de la esterilización y el fomento de la adopción son estrategias fundamentales.

Además, tanto perros de raza como mestizos pueden desempeñar funciones similares si reciben el cuidado y entrenamiento adecuados. La diferencia no radica en su origen, sino en las condiciones en las que viven.

Entre símbolo y ciencia

El “perro caramelo” representa una paradoja: es, al mismo tiempo, un símbolo de identidad urbana y un recordatorio del abandono animal. Su reconocimiento como “raza” abre una discusión sobre los límites entre lo simbólico y lo científico.

Más allá de esta controversia, el consenso es claro: el verdadero reto no es cómo nombrarlos, sino cómo garantizar una vida digna para los millones de perros que habitan, con o sin raza, las calles de México.