La periodontitis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta los tejidos encargados de sostener y proteger los dientes, y en los últimos años ha cobrado gran relevancia por su posible vínculo con diversas enfermedades neurológicas. Estudios recientes sugieren que la inflamación persistente y ciertas bacterias periodontales podrían contribuir a procesos neuroinflamatorios asociados con el Alzheimer, el deterioro cognitivo y otras alteraciones del sistema nervioso.
Para comprender cómo una patología localizada en la boca puede tener repercusiones sistémicas tan amplias, Marcos Soto Franco, profesor de la Facultad de Odontología de la UNAM, explicó primero qué es el periodonto. “El periodonto es un aparato de soporte que mantiene los dientes en su posición. Está formado por cuatro componentes esenciales: la encía, que en condiciones saludables presenta un color rosa coral, una consistencia firme y resiliente; el hueso alveolar, la estructura ósea donde se alojan las raíces de los dientes; las fibras del ligamento periodontal, que conectan la raíz dental con el hueso alveolar, permitiendo firmeza y amortiguación; y el cemento radicular, una fina capa mineralizada que recubre todas las raíces dentarias. En conjunto, estos cuatro tejidos protegen al diente, le proporcionan estabilidad y contribuyen a su sensibilidad”.
Cuando no hay una correcta higiene bucal, este aparato de inserción puede enfermarse, dando lugar a las llamadas enfermedades periodontales, que se dividen en dos grandes grupos: la gingivitis y la periodontitis. La primera afecta únicamente al tejido gingival y se manifiesta con inflamación en la encía, aumento de volumen y sangrado, casi siempre provocado por la acumulación de biofilm dental o placa bacteriana alrededor de los dientes. Lo positivo es que la gingivitis es una condición reversible cuando el paciente mantiene una correcta higiene oral.
“Por otro lado, la periodontitis es una enfermedad más severa que compromete todos los componentes del periodonto. Se caracteriza por la pérdida ósea, la pérdida de la inserción periodontal y la presencia de sangrado, pudiendo clasificarse en periodontitis leve, moderada o avanzada según su grado de destrucción. Este término surge precisamente de la combinación entre inflamación y destrucción de los tejidos periodontales”, detalló Soto Franco.

Bacterias orales y su ruta hacia el cerebro
La relación entre la periodontitis y las enfermedades neurológicas se ha convertido en una de las líneas de investigación más relevantes en los últimos años. Diversos estudios publicados entre 2018 y 2024 han demostrado un vínculo significativo entre la inflamación periodontal y trastornos neurológicos, especialmente la enfermedad de Alzheimer.
Nuestra cavidad oral constituye un ecosistema altamente complejo, en el que habitan más de 600 especies bacterianas, algunas beneficiosas y otras potencialmente dañinas. En condiciones de salud, este ecosistema se mantiene en equilibrio. Sin embargo, distintos factores pueden generar disbiosis (desequilibrio microbiano), lo que facilita la proliferación de bacterias periodontopatógenas. Entre ellas destaca Porphyromonas gingivalis, una de las más estudiadas por su fuerte asociación con la periodontitis. Su impacto excede el ámbito bucal, ya que puede alterar el funcionamiento de otros órganos y contribuir a procesos inflamatorios sistémicos.
Una de las evidencias más relevantes, explicó el profesor, es el hallazgo de ADN de bacterias periodontales o de sus productos tóxicos en el cerebro, lo que sugiere que microorganismos y moléculas provenientes de la cavidad oral pueden ingresar al torrente sanguíneo y llegar al sistema nervioso central. Estos componentes bacterianos son capaces incluso de alterar la barrera hematoencefálica, desencadenando la activación de la microglía —células inmunitarias del cerebro— y promoviendo procesos de neuroinflamación.

A pesar de esta correlación, el Dr. Marcos aclaró que la periodontitis no causa directamente el Alzheimer. Sin embargo, sí puede actuar como un factor contribuyente al facilitar la presencia de moléculas inflamatorias y productos bacterianos en regiones cerebrales vulnerables. De hecho, la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) y la Sociedad Española de Neurología han señalado que las personas que sufren periodontitis pueden tener casi el doble de riesgo de padecer alzhéimer o demencia y el triple de sufrir un ictus isquémico. Esto subraya la importancia de considerar la salud oral como un componente esencial de la salud integral.
La prevención, la mejor herramienta
Toda periodontitis inicia con gingivitis, por lo que ante el menor signo de inflamación patológica en las encías es necesario acudir al dentista. Detectar los problemas a tiempo permite evitar daños periodontales avanzados y reduce el riesgo de que la infección o la inflamación se propaguen a otros órganos.
Se recomienda acudir al dentista al menos cada seis meses para detectar caries, gingivitis o periodontitis en etapas tempranas. Con frecuencia, las personas buscan atención solo cuando sienten dolor o cuando los problemas han avanzado considerablemente, lo que dificulta tanto el tratamiento como la prevención de complicaciones sistémicas. Por ello, es fundamental fortalecer la educación del paciente y explicar, con base en evidencia científica, que los problemas bucales pueden afectar la salud general.

De igual manera, mantener hábitos de higiene adecuados es indispensable. El cepillado dental debe realizarse al menos tres veces al día o después de cada comida, complementado con limpieza interdental, que es donde suelen iniciar muchos problemas. Además, el uso de coadyuvantes como enjuagues bucales a base de clorhexidina, cloruro de cetilpiridinio o aceites esenciales puede ayudar a controlar la inflamación y prevenir la acumulación de biofilm.
Servicios de la UNAM para el cuidado periodontal
Para concluir, Soto Franco invitó a la población a acudir a una de las distintas clínicas periféricas de la UNAM ubicadas en la Ciudad de México. En estos espacios se ofrecen evaluaciones periodontales completas que permiten detectar y tratar problemas antes de que progresen. Además, contribuyen a reducir riesgos sistémicos, incluido el posible impacto de la periodontitis en el cerebro y en el desarrollo de enfermedades neurológicas.
