Los ácidos grasos omega-3 enfrentan una crisis ambiental y alimentaria que compromete su disponibilidad a nivel global. En el mundo, la dieta moderna y los ecosistemas contaminados agravan una deficiencia que podría tener consecuencias graves para la salud pública.
Los ácidos grasos omega-3 se han ganado un lugar destacado en el mundo de la nutrición por sus múltiples beneficios para la salud humana. Desde la protección cardiovascular hasta el desarrollo cerebral y la reducción de la inflamación, estos lípidos son clave en todas las etapas de la vida. Sin embargo, a pesar de su importancia, el acceso seguro y sostenible a fuentes de omega-3 está cada vez más comprometido.
La sobreexplotación de los océanos, la contaminación marina, los cambios en los hábitos alimentarios y el desequilibrio en el consumo de grasas en la dieta moderna están amenazando la disponibilidad de este nutriente. Lo que alguna vez se consideró un recurso abundante hoy enfrenta desafíos ambientales y sociales que requieren atención urgente.
¿Qué es el omega-3 y cuál es su papel en la dieta actual?
La maestra Mariana Valdés Moreno, jefa de la carrera de Nutriología en la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FES) de la UNAM, indicó que el omega-3 tiene una relación estrecha con el omega-6, por lo que para contextualizar el tema es necesario abordar ambos ácidos grasos.
Explicó que son un tipo de grasas poliinsaturadas, es decir, “grasas saludables”. A diferencia de las grasas saturadas o trans, tienen efectos benéficos sobre el organismo, siempre y cuando se consuman en proporciones adecuadas.
Tanto omega-3 como omega-6 se encuentran en alimentos de origen vegetal y animal. “Por ejemplo, el omega-3 está presente en pescados de aguas frías como el salmón, la trucha o la macarela, además de semillas como la chía y la linaza. Por su parte, el omega-6 se encuentra principalmente en aceites vegetales, como el de soya, comúnmente utilizados en la industria alimentaria”, mencionó la especialista universitaria.
El desequilibrio entre omega-6 y omega-3 en la dieta moderna
Aunque ambos tipos de grasas son necesarias para funciones vitales del cuerpo, como la regulación de procesos inflamatorios y el funcionamiento celular, su proporción en la dieta es crítica, sobre todo en el contexto actual de alimentación industrializada y altamente procesada.

“La proporción ideal entre omega-6 y omega-3 debería ser de 1:1. Sin embargo, debido al predominante consumo de alimentos ultraprocesados —ricos en aceites vegetales con alto contenido de omega-6— y la baja ingesta de fuentes naturales de omega-3, esta proporción actualmente está en 15:1 a favor del omega-6”, explicó Valdés Moreno.
“Los omega-3 y omega-6 comparten rutas metabólicas y enzimas, por lo que el exceso de uno puede inhibir la conversión y funcionamiento del otro”,
Mariana Valdés Moreno, jefa de la carrera de Nutriología, FES Zaragoza – UNAM
Lo comentado por la experta de la FES Zaragoza tiene respaldo en diversos trabajos de investigación, siendo el más reciente el publicado por el Dr. Timothy H. Ciesielski. En el artículo “El acceso global a ácidos grasos poliinsaturados omega-3 no contaminados requiere atención”, el investigador de la Case Western Reserve University, en Estados Unidos, reveló que el 85% de los países del mundo tiene una ingesta insuficiente de omega-3, siendo México una de las naciones donde este problema es más crítico.
Para Valdés Moreno este desbalance o bajo consumo de omega-3 no es un simple dato estadístico; tiene consecuencias profundas para la salud. “El exceso de omega-6 puede promover procesos proinflamatorios, mientras que el omega-3 actúa como modulador antiinflamatorio”, comentó.
“La inflamación celular es un componente común en muchas enfermedades crónicas no transmisibles —como enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer y trastornos mentales como la depresión— e incluso en partos prematuros”,
Mariana Valdés Moreno, jefa de la carrera de Nutriología, FES Zaragoza – UNAM
Contaminación marina afecta la calidad del omega-3
Los peces de mar son una de las principales fuentes de EPA y DHA, los tipos de omega-3 más beneficiosos y fácilmente absorbibles por el cuerpo humano. Sin embargo, los océanos —de donde provienen estos peces— están cada vez más contaminados con sustancias peligrosas como mercurio, plomo, microplásticos, pesticidas y otros compuestos tóxicos. Esta contaminación no solo afecta la calidad del pescado, sino también la pureza y seguridad del omega-3 que se obtiene de ellos.
Cambio climático y producción natural de omega-3
Además, el cambio climático está alterando la temperatura de los océanos, lo que impacta directamente en la producción de omega-3 en la base de la cadena alimentaria marina. En aguas más cálidas, el fitoplancton —organismo clave en este ecosistema— reduce su producción de omega-3 como mecanismo de adaptación, un fenómeno conocido como “adaptación homeoviscosa”. Esta disminución repercute en los peces que se alimentan de fitoplancton, como el salmón, la sardina o la caballa, principales fuentes de omega-3 para los humanos.

¿Son los suplementos de omega-3 una alternativa eficaz?
Aunque se puede pensar que los suplementos de omega-3 son una solución rápida a esta situación, Valdés Moreno enfatizó que no sustituyen los beneficios de consumir alimentos naturales ricos en este ácido graso, cuya biodisponibilidad suele ser superior.
Señaló que los suplementos pueden oxidarse debido al tiempo, la luz y la temperatura, lo que disminuye su potencia e incluso los vuelve perjudiciales si no cuentan con controles de calidad adecuados. No obstante, en grupos de riesgo específicos —como personas con hipertrigliceridemia o mujeres embarazadas que no alcanzan la ingesta suficiente— distintos organismos de salud reconocen su utilidad, siempre bajo supervisión médica.
Finalmente, insistió en que antes de decantarse por esta opción como un complemento es necesario consultar a un especialista.
¿Qué podemos hacer para aumentar el consumo de omega-3?
Para mejorar la proporción entre omega-3 y omega-6 en la dieta, es fundamental implementar estrategias accesibles y sostenibles. Por ejemplo, en México una alternativa eficaz y económica es fomentar el consumo de las semillas de chía, una rica fuente de omega-3 que es ampliamente disponible en el país. También se pueden promover pescados locales que ofrecen beneficios significativos y son menos costosos que el salmón.
“Paralelamente, es necesario reducir de forma crítica el consumo de alimentos ultraprocesados, no tanto por los aceites en sí, sino por la frecuencia y volumen con que estos productos desplazan a los alimentos frescos y mínimamente procesados en la dieta cotidiana”, dijo la jefa de la carrera de Nutriología en la FES Zaragoza.
Por otro lado, también es necesario observar los factores ambientales. La contaminación de los océanos ha dañado el sistema alimentario global. Por ello, es esencial adoptar una perspectiva integral que reconozca cómo la salud del ser humano y la salud del planeta están íntimamente entrelazadas.
