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Arqueología marítima en la UNAM: ciencia de frontera bajo el mar

Durante más de siglo y medio, los restos del USS Somers han permanecido en el fondo del mar frente a las costas de Veracruz. El barco de guerra estadounidense se hundió en cuestión de minutos durante la Guerra de Intervención entre México y Estados Unidos, llevándose consigo parte de su tripulación y dejando abiertas preguntas que la historia escrita no logró responder del todo. Hoy, esas preguntas se investigan con herramientas científicas de alta precisión en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Con apenas unos años de trabajo formal en arqueología marítima, la UNAM ha desarrollado el sistema de geofísica marina más completo de América Latina y uno de los más avanzados de Iberoamérica. Su capacidad de exploración del fondo marino y de aguas interiores es comparable con la de universidades que llevan décadas dedicadas a este tipo de estudios, explicó Jorge Manuel Herrera Tovar, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

El trabajo comenzó en 2017 con el Proyecto Arqueología Marítima de la Guerra de Intervención de 1846 a 1848. Aunque el conflicto suele recordarse por el asedio y bombardeo del puerto de Veracruz, muchas de las batallas ganadas por México ocurrieron en el ámbito naval. El proyecto se centra en esos escenarios: naufragios, ríos, costas, puertos y paisajes donde el combate se libró tanto en el agua como en tierra firme.

El USS Somers ocupa un lugar central en esta investigación. Según los registros históricos, el barco era rápido y maniobrable. Sin embargo, al intentar virar contra el viento, perdió su centro de equilibrio, se inclinó, comenzó a entrarle agua y se hundió en apenas dos minutos. Hasta ahora se sabía cómo ocurrió el naufragio y cuándo, pero no por qué.

Responder a esa pregunta ha requerido combinar arqueología subacuática, historia naval e ingeniería. Debido a que el sitio se encuentra en aguas profundas, con una visibilidad promedio de apenas 40 centímetros, el equipo recurre a estudios de geofísica marina y percepción remota. Con sonares, magnetómetros y ecosondas se generan imágenes del lecho marino que permiten analizar el estado del barco sin necesidad de verlo directamente.

A partir de más de 20 mil fotografías, los investigadores elaboraron modelos fotogramétricos digitales de alta resolución, financiados por la UNAM, el entonces Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías y la Academia Británica de Ciencias. Estos modelos permiten reconstruir con detalle los restos del casco y estudiar cómo se comportaba el navío en términos de estabilidad, carga y distribución de peso.

Pero la investigación no se limita al mundo digital. Con base en información arqueológica e histórica, el equipo fabricó un modelo físico del USS Somers, a escala y en madera, que fue sometido a pruebas en un canal hidrodinámico, similar a los túneles de viento utilizados para aviones o autos de carreras. Este enfoque de ingeniería naval inversa permitió identificar defectos de diseño que explican el hundimiento.

Además, se han recuperado y analizado fragmentos del revestimiento metálico del barco: pernos, clavos, partes del sistema de ensamblaje, la bomba de achique y elementos del área de cocina. Mediante técnicas de arqueometalurgia se estudian los metales y aleaciones empleados, así como las temperaturas de fundición, lo que ofrece información clave sobre el desarrollo tecnológico de la construcción naval en el siglo XIX, una época de transición entre los barcos de vela y los primeros navíos reforzados con estructuras metálicas.

De manera paralela, se realiza una investigación histórica exhaustiva en archivos mexicanos y estadounidenses, museos y colecciones privadas. Los documentos recuperados hablan no sólo de estrategias militares, sino también de la vida cotidiana a bordo: la salud, la enfermedad, la atención a los heridos, el uso del armamento y las condiciones en que se combatía en el mar. Parte de este análisis se lleva a cabo en colaboración con especialistas en antropología médica del Hospital General de México “Eduardo Liceaga”.

El proyecto también amplía la mirada hacia el entorno natural. Junto con investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, se estudian los ecosistemas asociados a los naufragios, incluidos arrecifes formados alrededor de los restos del barco. A través del análisis de sedimentos y ADN ambiental se investiga qué especies han habitado el sitio a lo largo del tiempo.

Más que rescatar un barco hundido, la arqueología marítima que se desarrolla en la UNAM busca reconstruir paisajes, tecnologías y decisiones humanas del pasado con herramientas científicas del presente. En el fondo del mar, entre metal corroído y sedimentos, la historia naval del siglo XIX sigue revelando cómo se libraron las batallas, cómo se diseñaban los barcos y por qué algunos nunca lograron volver a la superficie.