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México genera hasta 1.5 millones de toneladas de basura electrónica al año

Actualmente, México genera aproximadamente entre 1.1 y 1.5 millones de toneladas de residuos eléctricos y electrónicos al año, es decir, 1,160 a 1,500 millones de kg, como resultado del consumo y desecho de aparatos electrónicos de uso diario.

Esta cifra ubica a México entre los países con mayor generación de basura electrónica en el mundo; es el tercero en América, detrás de Estados Unidos y Brasil, dijo Constantino Gutiérrez Palacios, académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

Aunque en México no hay cifras públicas oficiales para cada año en la última década, las estimaciones disponibles (2024 vs. 2010-2016) muestran un claro crecimiento en volumen total por habitante:

  • 2010: alrededor de 1 millón de toneladas al año.
  • 2022–2025 (estimado): entre 1.1 y 1.5 millones de toneladas al año.
  • En 2022, la tasa de generación promedio fue de 11.8 kg por persona al año.

¿Por qué hay tanta basura electrónica?

Todos los aparatos necesitan corriente eléctrica para funcionar y, al término de su vida útil, el propietario los desecha. Sin embargo, podrían valorizarse o someterse a tratamiento para su reciclaje y disposición final.

El experto considera que en México se ha acelerado el consumo de aparatos electrónicos debido a ciclos de vida más cortos. Además, hay una baja tasa de reciclaje formal y, en consecuencia, la mayoría de estos residuos se envían a vertederos o se manejan de manera informal.

Los residuos electrónicos provienen principalmente de tres grandes grupos, pero los que más contribuyen en volumen y peso no son los celulares:

• Grandes electrodomésticos: 40-50 por ciento
• Electrónicos de consumo (TV, audio): 20-25 por ciento
• Informática y telecomunicaciones: 15-20 por ciento
• Otros: 5-10 por ciento

¿Quién recicla?

El reciclaje se regula y se gestiona mediante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), programas de acopio oficiales y sistemas de gestión empresarial.

En cuanto al reciclaje informal, que no siempre es cuantificado, se estima que incluye del 20 al 30 por ciento adicional, y se recuperan principalmente metales como aluminio y hierro. Sin embargo, no siempre se maneja adecuadamente, por lo que implica un riesgo ambiental.

No existe una cifra exacta de cuánto se envía a rellenos sanitarios, porque los residuos electrónicos se almacenan en hogares, parte entra al flujo de residuos sólidos urbanos y el sector informal recupera materiales antes de la disposición final.

Se estima que entre el 40 y 60 por ciento termina en rellenos sanitarios, tiraderos a cielo abierto o en una disposición inadecuada, lo que equivale aproximadamente a entre 500 mil y 700 mil toneladas.

¿Cuáles sustancias tóxicas contienen los aparatos electrónicos?

Los aparatos eléctricos y electrónicos contienen diversos componentes peligrosos que pueden representar riesgos ambientales y a la salud si no se gestionan adecuadamente al ser desechados.

De acuerdo con información técnica de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) y acuerdos internacionales como el Convenio de Basilea, existen diversas sustancias tóxicas presentes en residuos electrónicos que representan riesgos importantes para la salud y el ambiente.

Entre las más relevantes se encuentran los metales pesados, como el plomo (Pb), presente en soldaduras, baterías y pantallas CRT, el cual puede afectar el sistema nervioso, los riñones y el desarrollo infantil.

También destaca el mercurio (Hg), utilizado en lámparas fluorescentes, pantallas LCD antiguas y algunos interruptores, altamente tóxico y con efectos en el sistema nervioso central. Por su parte, el cadmio (Cd), presente en baterías recargables y algunos circuitos, puede dañar riñones y huesos, además de ser potencialmente cancerígeno.

A estos se suma el cromo hexavalente (Cr⁶⁺), empleado en recubrimientos anticorrosivos, que es cancerígeno y tóxico por inhalación o contacto, así como el arsénico, utilizado en ciertos semiconductores y componentes electrónicos, también clasificado como cancerígeno.

En cuanto a las sustancias presentes en baterías, se encuentran elementos como litio, níquel, cobalto y ácido sulfúrico, especialmente en baterías de plomo-ácido. Estos compuestos pueden generar incendios, lixiviados tóxicos y contaminación del suelo si no se manejan adecuadamente.

Asimismo, destacan los retardantes de flama bromados (BFR), presentes en plásticos de carcasas y tarjetas electrónicas, que incluyen compuestos como PBDE y PBB. Estas sustancias pueden generar dioxinas y furanos al ser quemadas, además de ser persistentes en el ambiente y bioacumulables.

Otro grupo importante son los bifenilos policlorados (PCB), utilizados en equipos eléctricos antiguos como transformadores y capacitores, los cuales son altamente persistentes y cancerígenos.

Finalmente, los gases refrigerantes como los clorofluorocarbonos (CFC), hidroclorofluorocarbonos (HCFC) e hidrofluorocarbonos (HFC), presentes en refrigeradores y sistemas de aire acondicionado, contribuyen al cambio climático y, en el caso de los dos primeros, al agotamiento de la capa de ozono.

¿Qué pasa cuando un celular termina en un tiradero común?

Los teléfonos celulares que llegan a los tiraderos a cielo abierto generan impactos ambientales significativos debido a su contenido de metales pesados, baterías de litio, retardantes de flama y compuestos electrónicos complejos.

Cuando el celular se degrada por exposición al sol y la lluvia, provoca toxicidad en los microorganismos del suelo; además, puede afectar la fertilidad del suelo y su microbiota. En el medio ambiente, las plantas absorben y almacenan metales a lo largo del tiempo.

Además de contaminar aguas superficiales y subterráneas, la lluvia genera lixiviados que arrastran metales pesados hacia ríos, arroyos y acuíferos.

Metales como el cadmio y el plomo pueden persistir por décadas, bioacumularse en peces y, en consecuencia, entrar a la cadena alimentaria humana.

En tiraderos es común la quema para recuperar cobre. Al incendiarse, se contamina el aire, se generan problemas respiratorios en las comunidades cercanas y existe un riesgo potencial cancerígeno a largo plazo.

También hay riesgo de incendios y explosiones. Las baterías de litio son altamente reactivas, pueden incendiarse al perforarse o calentarse y generar incendios persistentes y tóxicos. Esto incrementa las emisiones de gases de efecto invernadero y los riesgos para recolectores informales.

No se queda atrás el impacto en la fauna, que va desde la ingestión accidental de piezas pequeñas, la bioacumulación de metales en aves y animales, hasta alteraciones reproductivas por disruptores endocrinos (retardantes bromados).

Además, se presenta una contribución indirecta al cambio climático debido a la liberación de carbono negro por quema, la pérdida de materiales valiosos (oro, cobre, tierras raras), lo que obliga a mayor extracción minera y un mayor impacto ambiental.

En México

En México hay comunidades afectadas por el manejo informal de residuos electrónicos. El problema suele estar asociado a desensamblaje manual sin protección, quema de cables para recuperar cobre, manejo inadecuado de baterías y tarjetas electrónicas, así como disposición en tiraderos a cielo abierto.

Algunas zonas donde se ha documentado esta problemática son dentro de la zona metropolitana del Valle de México, donde en barrios con actividad de reciclaje informal en CDMX y Estado de México se da recuperación manual de metales, quema de cables en espacios abiertos y exposición a plomo y emisiones tóxicas.

En Guadalajara, Jalisco, hay presencia de recicladores informales y centros de acopio no regulados, manejo inadecuado de tarjetas electrónicas y riesgo por liberación de retardantes bromados y metales pesados.

En Monterrey, Nuevo León, se dan actividades informales de valorización y problemas asociados a incendios y emisiones por quema de residuos.

En ciudades fronterizas como Tijuana y Ciudad Juárez, se ha asociado históricamente a la importación ilegal de electrónicos usados, desensamble informal y exportación parcial de materiales, así como manejo inadecuado de fracciones no valiosas.

Principales afectaciones documentadas

La calidad del aire resulta afectada por la quema de plásticos con retardantes bromados que emiten dioxinas y furanos, además de vapores de plomo y otros metales.

En cuanto a la contaminación del suelo, se da por el depósito de cenizas con metales pesados y la acumulación de componentes no reciclables.

Existe un riesgo para el agua subterránea debido a la lixiviación en tiraderos sin impermeabilización.

¿Qué porcentaje de materiales puede recuperarse realmente?

El porcentaje de materiales que puede recuperarse de los residuos electrónicos depende del tipo de aparato y del nivel tecnológico del proceso de reciclaje. Sin embargo, con tecnologías formales modernas se pueden recuperar entre 70% y 90% del peso total de muchos equipos.

En los grandes electrodomésticos, como refrigeradores y lavadoras, la recuperación puede alcanzar entre 85% y 95%. En el caso de computadoras y laptops, el porcentaje se sitúa entre 75% y 85%, mientras que en televisores LCD o LED oscila entre 70% y 85%.

Los teléfonos celulares presentan una recuperación aproximada de entre 70% y 80% en términos de peso. Finalmente, las lámparas fluorescentes tienen un potencial de recuperación menor, de entre 60% y 80%, debido a la complejidad de sus componentes y a la presencia de sustancias peligrosas.

¿Qué materiales se recuperan?

En el reciclaje se pueden recuperar diversos materiales. Los más abundantes son los metales ferrosos, como hierro y acero, que constituyen la fracción mayoritaria y tienen una tasa de recuperación superior al 95%.

También se recuperan metales no ferrosos, como cobre, aluminio y zinc, cuya recuperación puede ser alta cuando existe una adecuada separación de los componentes. Además, aunque en menor proporción, se encuentran metales preciosos como oro, plata y paladio, presentes principalmente en celulares y tarjetas electrónicas.

Los plásticos también pueden recuperarse de forma parcial; sin embargo, su aprovechamiento se ve limitado por la presencia de mezclas con retardantes de flama bromados.

En términos generales, el potencial técnico máximo de recuperación se estima entre 85% y 90%. No obstante, en países con sistemas desarrollados la recuperación real oscila entre 60% y 75%, mientras que en México es menor debido a la baja cobertura de sistemas formales y al predominio del sector informal.

Caso específico: celulares

En el caso de los teléfonos móviles, un dispositivo típico contiene aproximadamente 40% de metales, 30% de plásticos, 15% de vidrio y cerámicos, y 15% de otros materiales. Aunque puede incluir más de 60 elementos químicos distintos, la masa recuperable económicamente suele situarse entre 70% y 80%. Sin embargo, la recuperación de tierras raras sigue siendo limitada a nivel mundial.

¿Qué tan viable es reparar en lugar de reemplazar?

Reparar los aparatos eléctricos y electrónicos en lugar de reemplazarlos suele ser técnica, económica y ambientalmente viable en muchos casos, aunque depende del tipo de equipo, la disponibilidad de refacciones, el costo de la reparación y la obsolescencia tecnológica.

Desde el punto de vista técnico, muchas fallas se deben a componentes específicos que pueden sustituirse con relativa facilidad. En electrodomésticos como lavadoras, refrigeradores o licuadoras, es posible cambiar motores, tarjetas electrónicas, termostatos o cables.

En equipos electrónicos como televisores y computadoras, se pueden reemplazar fuentes de poder, pantallas, baterías o discos duros. En teléfonos móviles, las reparaciones más comunes incluyen batería, pantalla o puerto de carga.

Estas intervenciones pueden extender la vida útil de los equipos entre tres y diez años. No obstante, existen limitaciones importantes, como diseños con componentes sellados o pegados, falta de manuales técnicos y escasez de refacciones.

En términos económicos, la reparación resulta viable cuando su costo es menor al de adquirir un equipo nuevo. Como regla general, se considera conveniente cuando el gasto representa menos del 50% del valor del dispositivo.

Desde la perspectiva ambiental, reparar reduce la generación de residuos electrónicos, disminuye la extracción de minerales críticos como cobre, litio o cobalto, y evita emisiones asociadas a la fabricación de nuevos equipos.

Sin embargo, existen barreras que dificultan esta práctica, como la obsolescencia programada, la falta de refacciones originales, el diseño no reparable y una cultura de consumo orientada al reemplazo.

En México, la reparación tiene un papel importante gracias a un amplio sector informal de talleres de electrónicos y electrodomésticos, lo que contribuye a retrasar la generación de residuos, que supera 1.2 millones de toneladas anuales. No obstante, persisten desafíos relacionados con la disponibilidad de refacciones y el acceso a información técnica especializada.