El estudiante Alberto Alejandro Pérez Gutiérrez, de la Facultad de Química de la UNAM, obtuvo la medalla de oro en la XXIX Olimpiada Iberoamericana de Química, celebrada del 26 al 31 de octubre de 2025.
Este logro destaca la excelencia científica universitaria mexicana y el poder transformador del estudio. La historia de Alejandro muestra cómo la pasión y la disciplina pueden convertir una debilidad escolar en una trayectoria de éxito internacional.
Seguramente, cuando fuimos estudiantes, más de uno sufrió con la química. Estudiar la composición, estructura y propiedades de la materia, así como las transformaciones que esta experimenta, no es tarea sencilla; incluso, su aprendizaje puede resultar complicado.
Una situación así fue la que vivió Alberto Alejandro Pérez Gutiérrez, estudiante de primer semestre de la Facultad de Química de la UNAM, quien en la secundaria la padeció bastante.
No obstante, lejos de alejarse de aquello que le causaba incomodidad, Pérez Gutiérrez comenzó a buscar personas que le facilitaran el aprendizaje de la química. Con cada nuevo concepto que comprendía, el joven se sentía más motivado por la materia. Así nació una pasión que lo llevó a enfrentar una serie de retos, incluso a participar en concursos nacionales e internacionales de química, donde demostró que la determinación, el deseo de trascender y la preparación autónoma pueden conducirnos a alcanzar metas inimaginables.
El camino hacia la medalla de oro en la Olimpiada Iberoamericana
Recientemente, el joven jalisciense logró consagrar todo el esfuerzo de un año al obtener la medalla de oro en la XXIX Olimpiada Iberoamericana de Química, donde también fue reconocido como Mejor Examen Experimental.
En este certamen, el representativo mexicano obtuvo además una medalla de plata y dos de bronce.
Para alcanzar esta distinción, Alejandro tuvo que superar las fases local, estatal y nacional. Aunque el límite para competir en esta Olimpiada es el nivel bachillerato, él pudo participar gracias a que fue el mejor en su plantel y, posteriormente, en el estado de Jalisco; pero, sobre todo, porque las Olimpiadas Iberoamericanas permiten competir a jóvenes que no hayan concluido su primer semestre de licenciatura. Finalmente, en la etapa nacional obtuvo uno de los primeros lugares, lo que le permitió ser considerado por el comité nacional y pasar al proceso selectivo para integrar la delegación mexicana.
A partir de ahí, el proceso se vuelve más exigente: los seleccionados reciben entrenamiento intensivo, presentan exámenes y se enfrentan a evaluaciones en todas las áreas de la química —orgánica, inorgánica, analítica y fisicoquímica—.
“Mi éxito no habría sido posible sin el apoyo constante de mi familia, los maestros y las instituciones involucradas. Agradezco especialmente a mis padres por haberme acompañado en cada etapa, por impulsar esta pasión por la química y facilitar los medios para participar; y a los maestros, por su capacitación y las horas invertidas para prepararnos”,
Alberto Alejandro Pérez Gutiérrez, estudiante de la Facultad de Química, UNAM.

Otra medalla para coronar
Antes de participar en la Olimpiada Iberoamericana, Alejandro también obtuvo un lugar en la Olimpiada Internacional de Química, celebrada del 5 al 14 de julio de 2025 en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, donde consiguió una medalla de bronce.
El nivel de exigencia es altísimo, ya que los exámenes abarcan temas que van más allá del nivel de bachillerato, llegando incluso a contenidos de licenciatura y posgrado. En países como Rusia o diversas naciones asiáticas los programas de entrenamiento son muy avanzados, por lo que el logro de este joven estudiante mexicano tiene un enorme mérito.
“Estoy sumamente orgulloso de él por sus logros. Más allá de la capacitación que recibió, tuvo un compromiso de autodisciplina y capacidad de estudio independiente. Los jóvenes que participan en estos eventos deben seguir estudiando por cuenta propia, guiados por su curiosidad y compromiso personal. Ese espíritu autodidacta es lo que marca la diferencia”,
Héctor García Ortega, profesor del Departamento de Química Orgánica, Facultad de Química, UNAM.
Además, García Ortega expresó que quienes deseen participar en el futuro deben tener motivación y confianza, algo que Alejandro demostró desde un inicio.
“No es necesario ser el mejor desde el inicio, sino estar dispuesto a intentarlo, aprender, comprometerse y descubrir el propio camino en la ciencia. Él sirve como ejemplo para otros jóvenes que quieran involucrarse en estas competencias”, agregó.

Un orgullo formar jóvenes talentos
Más allá de la destacada participación de Alejandro y de la delegación mexicana en la Olimpiada Iberoamericana, Carlos Mauricio Castro Acuña, profesor de tiempo completo en la Facultad de Química de la UNAM y presidente del comité organizador de la Olimpiada, destacó que este tipo de competencias tiene como objetivo formar futuros científicos y despertar en los jóvenes el interés por la ciencia y la química.
“El motivo principal de realizar este tipo de eventos es consolidar las habilidades científicas de los participantes, pero también transformarlas. Muchos de ellos no ganan ningún reconocimiento, pero luego nos resulta muy grato escucharlos decir que participar en esta Olimpiada les cambió la vida”,
Carlos Mauricio Castro Acuña, presidente del comité organizador de la Olimpiada de Química, UNAM.
Desde 1995, año en que se celebró la primera Olimpiada Iberoamericana, México ha tenido un papel activo en esta competencia, ya sea organizando o participando en ella.
“Las Olimpiadas tienen una gran relevancia social y educativa. Estas competencias ofrecen a los estudiantes su primer contacto real con un laboratorio de química, especialmente en regiones donde los recursos educativos son limitados. Cada edición deja materiales, conocimiento y experiencia que benefician a futuras generaciones”, afirmó Castro Acuña.

Enamorado de la UNAM y la química
A pesar de ser originario de Jalisco, para Alejandro ser parte de la UNAM, en especial de la Facultad de Química, ha sido un sueño cumplido. Durante su preparación, cuando aún estaba en bachillerato, tuvo la oportunidad de asistir a la FQ, donde participó en prácticas experimentales que lo impresionaron profundamente. Esa experiencia lo motivó a buscar un lugar en la Universidad, consciente de que podría continuar su desarrollo científico en el mejor entorno posible.
“Quedé maravillado con la Facultad y decidí estudiar Química porque representa una herramienta esencial para resolver problemas globales y nacionales, especialmente los relacionados con el medio ambiente y la optimización de procesos industriales. Entonces, yo dije: ‘la UNAM es de las más importantes en cuanto a esta materia, quiero estar ahí’, y afortunadamente se dio”, compartió.
Dedicación y trabajo duro
Alejandro Pérez Gutiérrez es un testimonio del poder transformador de la educación científica.
Su recorrido, desde las dificultades en la secundaria hasta convertirse en medallista internacional, demuestra que el talento florece cuando se combina la curiosidad con el esfuerzo, la disciplina y el acompañamiento adecuado.
