• Desde la época de los dinosaurios, en México habita una mariposa considerada un “fósil viviente”, lo que significa que, desde su origen, ha sobrevivido durante millones de años sin cambios significativos en sus características principales.
Esta especie ya poblaba la Tierra hace 70 millones de años, mucho antes de que el meteorito de Chicxulub provocara una de las mayores extinciones masivas.
¿Cómo logró sobrevivir a ese cataclismo?
Su nombre es Baronia brevicornis, que en latín significa “Baronia de cuernos cortos”. En su etapa de oruga presenta unos pequeños “cuernitos” que desprenden un olor desagradable, los cuales utiliza como mecanismo de defensa contra sus depredadores, explicó en entrevista para UNAM Global Alejandra Alvarado Zink, especialista en comunicación y educación ambiental de la DGDC, UNAM.
Es sorprendente porque coexistió con los dinosaurios y sobrevivió al gran cataclismo del meteorito que los extinguió, añadió la bióloga experta en divulgación de la ciencia.

Sus características
Las hembras de esta mariposa depositan sus huevos en una planta llamada Acacia cochliacantha, un arbusto muy espinoso (conocido comúnmente como “cubata”). Al nacer, las orugas se alimentan exclusivamente de sus hojas. “Es lo único que comen en esta etapa”.
En su etapa adulta, se alimentan del néctar de plantas de la familia Asteraceae, donde se encuentran las margaritas y otras especies. Esto les permite aprovechar una gran diversidad de flores como fuente de alimento.
Su ciclo de vida comienza cuando la hembra deposita los huevos, que eclosionan entre 10 y 15 días después. Las larvas consumen primero la cáscara del huevo; luego pasan por el proceso de metamorfosis y finalmente alcanzan la etapa adulta, en la que pueden reproducirse.
Su importancia en la biología
Baronia brevicornis es un tesoro científico por ser un “linaje relicto”: es la única sobreviviente de su subfamilia. Si se extingue, se pierde una rama única del árbol evolutivo que no tiene parientes cercanos en el mundo.
Su valor biológico actual se resume en tres puntos clave:
• Coevolución: es un modelo de adaptación extrema al alimentarse de Acacia cochliacantha, un arbusto tóxico para otros insectos, lo que demuestra una relación evolutiva de millones de años.
• Bioindicador: funciona como un sensor natural del clima; su reproducción depende de que las lluvias lleguen en el momento adecuado, alertando sobre desequilibrios en el ecosistema.
• Identidad mexicana: al ser endémica, ayuda a reconstruir la historia geológica de nuestro territorio y cómo se conectaban las selvas hace millones de años.
Estudiarla es una oportunidad única para entender cómo la vida sobrevive a cataclismos y qué tan resiliente puede ser frente a los retos ambientales actuales. Es, en esencia, un libro abierto sobre la evolución que debemos proteger.
Su entorno y distribución
Baronia brevicornis es endémica de México; no existe en ninguna otra parte del mundo. Sus poblaciones se encuentran en la selva baja caducifolia (bosque tropical seco) de estados como Morelos, Oaxaca, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Colima, Puebla y Chiapas.

Monitorearla en estas regiones funciona como un termómetro biológico: permite a los expertos diagnosticar la salud de la selva y actuar ante el cambio climático. Dado que su ciclo de vida depende de que las lluvias lleguen en el momento adecuado, cualquier alteración en la duración o intensidad de las temporadas de lluvia pone en riesgo su supervivencia y el equilibrio del ecosistema que habita.
¿Qué futuro le espera a esta especie?
Aunque Baronia brevicornis ha superado cataclismos globales durante millones de años, hoy enfrenta un desafío inédito: la actividad humana. El crecimiento agrícola en los estados donde habita ha reducido drásticamente su entorno natural, fragmentando las selvas que le dan vida.
Para garantizar su permanencia, es vital que tanto científicos como ciudadanos tomemos conciencia sobre la pérdida de hábitats. Proteger a esta mariposa no es solo salvar a un “fósil viviente”, sino asegurar el equilibrio de los ecosistemas mexicanos frente al cambio climático. Su supervivencia hoy depende de nuestra capacidad para conservar los espacios donde la historia de la Tierra aún sigue volando.
