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María Luis Bombal en Material de Lectura

Esta escritora chilena no fue muy prolífica, algunos cuentos y dos novelas cortas, y no mucho más. El número 13 de Material de Lectura nos ofrece un fragmento de su novela La amortajada y dos cuentos: El árbol y La última niebla.

En La amortajada, publicada en 1938, Ana María, la protagonista, fallecida, observa desde el ataúd a Alicia, su hermana, y le dice que todavía está aquí en la tierra “disgregándome” sin saber si algún día verá el rostro de su Dios, y le recuerda su niñez en el convento, mientras Alicia terminaba de rezar el rosario la amortajada prefería asomarse y observar a una pareja de recién casados, y no olvida recordarle la brutalidad de su esposo.

Mientras está ahí reflexiona sobre sus hijos y su marido y sobre el hombre que la amó y que ella despreciaba, Fernando, quien junto al ataúd le habla sobre la relación entre ellos.

En El árbol, 1939, desde el inicio descubrimos que la distancia entre Brígida y Luis, su marido, es insalvable, y que cuando el deseo la invadía en lugar de despertarlo se levantaba y se iba a al vestidor en el que abría la ventana para que se llenara de discretos ruidos y presencias y pisadas misteriosas de la noche, y del gemido de un grillo escondido entre la corteza del árbol debajo de las estrellas de una noche estival. El deseo disminuía conforme sus pies desnudos se iban enfriando al pisar el suelo.

Así fue su vida con Luis hasta que los vecinos mandaron derribar el árbol frente a su ventana, el árbol que le daba sombra y la protegía del sol. Ahora, sin su protección “una luz cruda entraba por todos lados, se le metía por los poros, la quemaba de frío, y todo lo veía a la luz de esa fría luz, la cara arrugada de Luis, sus manos que surcan gruesas venas desteñidas”.

Al derribar el árbol le quitaron su intimidad, su secreto, y ahora estaba desnuda junto a un viejo que le da la espalda para dormir. Sin el árbol no tiene ninguna razón para quedarse.

En La última niebla, de 1934, con traducciones a varios idiomas, para una mujer casada, cuyo marido la considera un objeto conocido, todos los días son iguales. “Y pasado mañana será lo mismo, y dentro de un año, y dentro de diez; y será lo mismo hasta que la vejez me arrebate todo derecho a amar y a desear, y hasta que mi cuerpo se marchite y mi cara se aje y tenga vergüenza de mostrarme sin artificios a la luz del sol”.

Hasta que una noche, con el permiso de su marido, sale a caminar cruzando avenidas y calles al azar y encuentra a alguien, un rostro moreno, con quien vive una noche cuyo recuerdo le permitirá envejecer al lado de su marido, hasta que lo vuelve a ver, o creyó que volvió a verlo.

En la literatura de María Luisa Bombal, sus personajes femeninos son los más importantes por la potente naturaleza con la que se les identifica. Son mujeres que se mantienen aisladas, separadas de lo cotidiano. De acuerdo con su compatriota, el crítico Jorge Edwards, en la escritura de Bombal hay una forma de apropiación del lenguaje de Residencia en la Tierra, del poeta Pablo Neruda, pero en prosa.

María Luisa Bombal nació en 1910 en Viña del Mar y falleció en Santiago de Chile en 1980.